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Divertida y brutal

Viernes 14 de marzo de 2014
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PARA LA NACION
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Anís / Nuestra opinión: muy buena / Libro: Adrián Canale, Marina Fantini, Cecilia Meijide, Irene Goldszer / Intérpretes: Marina Fantini, Cecilia Meijide, Irene Goldszer / Escenografía y vestuario: Laura Poletti / Asistencia de dirección: Jimena Ducci / Dirección: Adrián Canale / Sala: El Extranjero, Valentín Gómez 3378 / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 55 minutos.

Anís es una creación colectiva en más de un significado de la palabra "colectivo". En primer lugar, lo es desde lo procesual: fue pensada, escrita y creada por sus tres protagonistas y su director, Adrián Canale. En segunda instancia, lo es desde lo intrínseco de la dramaturgia. Sus actrices interpretan y enriquecen colectivamente a sus personajes, dado que a ninguna de ellas les corresponde un único rol: todas se encargan, como en una carrera de relevos, de prestarles el cuerpo de manera intercalada a los distintos personajes que conforman el relato, anárquico y caprichoso como la memoria. Es una obra construida sobre destellos de recuerdos infantiles (nunca sobre recuerdos "completos" o "cerrados": el pasado, se sabe, también es un relato vivo que se va modificando en el presente) pertenecientes a tres mujeres jóvenes que, hasta el desenlace, no explican demasiado sobre su parentesco: no se entiende muy bien si son hermanas, primas, amigas o colegas que, de tanto evocar las historias del ayer, terminan forjando un ayer común.

Sin anestesia pero sin rencores (y sobre todo, con un humor punzante que logran contagiar incluso en escenas que rozan lo trágico), las mujeres rememoran los tramos de su infancia que calaron profundo en su educación sentimental: el día en que se murió el abuelo; el minuto en que un acto escolar devino en una pesadilla vergonzante; las reacciones cotidianas de una madre un poco borracha y bastante particular.

Anís es una de esas obras de teatro que cuesta imaginar interpretadas por otro elenco, como un vestido que calza tan perfecto en una mujer que no es fácil concebir que alguna vez pueda ser usado por otra. No sólo porque se hace evidente en cada escena que sus protagonistas fueron las que, a través de horas de improvisación, de anécdotas y de juego, dieron vida a ese mundo de evocaciones, cándido y oscuro a la vez.

Tampoco porque la Alta, la Rubia y la Bajita (nombres de los personajes encargados de interpretar, a su vez, a los demás personajes de la obra) estén moldeadas a imagen y semejanza de Marina Fantini, Irene Goldszer y Cecilia Meijide. Anís es, sobre todo, una obra teatral que uno difícilmente querría ver en manos de otro grupo porque Canale extrajo de sus actrices lo mejor de lo que cada de ellas puede dar en términos escénicos. Femenina pero no por ello delicada o ingenua, Anís es teatro de cámara que indaga en las relaciones de familia; especialmente recomendable para madres e hijas dispuestas a someterse, juntas y a la par, a una experiencia catártica, divertida y brutal.

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