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130.000 personas sacudieron Lollapalooza

En su segunda jornada, se lucieron Soundgarden y Pixies

Viernes 04 de abril de 2014
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LA NACION
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El feriado de anteayer aportó 75.000 personas -20.000 más que en la jornada inicial- y arrojó un total de 130.000 presencias para el exitoso debut en la Argentina del festival itinerante Lollapalooza.

Como sede, el imponente Hipódromo de San Isidro cumplió con creces con los requerimientos de la productora norteamericana C3, cuya cara visible es el creador del festival y líder de Jane's Addiction, Perry Farrell.

Los conciertos comenzaron puntualmente en ambas jornadas, el sonido fue poderoso y acorde con este tipo de acontecimientos en cada uno de sus cuatro escenarios y la inmensa mayoría de las bandas tocó 45 minutos o más. Porque para Lolla no hay músicos de segundo nivel ni horarios centrales. Así las cosas, antes de las 3 de la tarde puede salir a escena Jovanotti y antes de las 4 el ex guitarrista de The Smiths, el mítico Johnny Marr. Pez e Illya Kuryaki podrán coincidir en horario con el citado Marr y con Soundgarden, respectivamente, pero eso no hará mella en su propuesta. El público se reparte entre los cuatro tinglados (el quinto es el Kidzapalooza de los pequeños) y opta por un puñado de temas en cada uno de ellos como para cubrir la mayor oferta musical posible.

Espacios de comida y bebida, puestos de merchandising y carpas para las celebrities y la prensa completaron la oferta del festival. Su costado más lúdico, en cambio, no tuvo tanta representatividad como en su ahora primo hermano, el festival chileno. Pero la sonrisa que dejó en la mayoría es el mejor pasaporte para seguir por esta senda y mejorar de cara a 2015.

El Hipódromo de San Isidro no tiembla, late. Soundgarden está debutando en la Argentina con Chris Cornell al frente y un set demoledor. ¿Qué más pedir? La generación alternativa sonríe de oreja a oreja, los de treinta y pico –y más– abren bien los ojos y despabilan sus sentidos restantes a medida que se suceden "Spoonman", "Black Hole Sun" y "Jesus Christ Pose".

Quizá para introducir a los más jóvenes en el universo de la banda que lideró la armada grunge con Nirvana, Pearl Jam y Alice in Chains, entre cada puñado de canciones Cornell (flaco, impecable en voz y apariencia) compartió algunos pareceres. Como "Like Suicide", a la que presenta como una canción sobre la vida y la muerte. "Una persona de 20 años es joven –agregó–, pero una canción de 20 años es vieja." Las palabras del frontman signaron los escasos pasajes de sosiego, como cuando se sinceró de que deberían haber venido mucho tiempo antes (él ya lo había hecho como solista). Antes y después arreció la tormenta, una lluvia de guitarras filosas empapándonos, en compañía de una base demoledora. Porque en la segunda jornada del primer Lolla local fuimos testigos de la vigencia de una banda que parece estar cambiando de piel para seguir activa un buen tiempo.

Las bases están

Si hubo una sección que se distinguió en la tarde-noche de anteayer fue la dupla bajo-batería. Entre Pixies, Soundgarden y Red Hot Chili Peppers, las más de 70.000 personas que coparon el predio experimentaron una "voladura de peluca" en cada uno de los casos. Claro que hubo notorias diferencias. Mientras en Soundgarden y en Pixies estuvieron al servicio del todo (Matt Chamberlain-Kim Thayil y Lovering-Lenchantin, respectivamente), en los californianos fue el 50 por ciento que salvó la ropa. Punzantes, histriónicos y vitales, esos dos personajes que son el carismático Flea y el hombre de la gorra, Chad Smith, marcaron el pulso vital de clásicos de RHCP como "Dani California", "Look Around", "Californication", "By The Way"... Anthony Kiedis se lució más como performer que como vocalista (por momentos dio la sensación de que al eterno hombre sin remera le faltaba aire), y el guitarrista Josh Klinghoffer (reemplazante de John Frusciante) lució un tanto desconcertado. Encima, el bajo volumen de su guitarra no alcanzaba, siquiera, para empatizar con sus compañeros.

Para Pixies, el de Lollapalooza era su segundo concierto en la Argentina, y para su bajista, la marplatense Paz Lenchantin, la primera vez en casa como compañera de Black Francis, Joey Santiago y David Lovering. Suplir a la emblemática Kim Deal no es cosa sencilla, pero Paz lo hace siguiendo su libreto a rajatabla, con bajo perfil y con muy buenas intervenciones cada vez que se la requiere como segunda voz. El resto es el guitar-hero Santiago y el parco Francis, intercalando novedades como "Magdalena 318" con clásicos ("Hey", "Vamos") de una banda que marcó a fuego a Kurt Cobain y que sigue influyendo a quienes optan por bucear en las miserias propias y la incertidumbre para emerger de allí con música. Al final, todos nos preguntamos junto al frontman: "Where Is My Mind?".

Entre la contundencia de los locales Pez, el sonido The Smiths del guitarrista Johnny Marr, la efervescencia pop de Vampire Weekend y el R&B que cruza a Kesha con Shakira de la inglesa Ellie Goulding, la tarde del segundo día transcurrió con prisa. En realidad, fueron dos jornadas en las que quedó en evidencia aquello de que el tiempo es veloz. Y con buena música, mucho más.

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