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Libros falsos: un tema que merece ser debatido

La existencia de miles de ejemplares falsificados ha venido a plantear un vacío legal, ya que, aunque no son auténticos, podrían ser donados a alguna institución

Domingo 06 de abril de 2014
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No es una novedad que en el mundo crece incesantemente la falsificación de libros; en particular, se está consolidando en la Argentina y empieza a amenazar la industria editorial, ya que, por ejemplo, según la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), se calcula que se pueden llegar a imprimir hasta un millón de ejemplares falsos por año, lo que supone enormes pérdidas en millones de dólares para el sector.

Como se recordará, el año pasado y gracias a una circunstancia fortuita -una autora estaba firmando ejemplares en la Feria del Libro y descubrió que había firmado varios falsos-, se incautaron 100.000 ejemplares tras 14 allanamientos, con seis detenidos, gracias a una acción del Área de Investigaciones Criminales de la Policía Metropolitana, que, por orden del juez Daniel Rafecas, estuvo al frente del operativo. Se allanaron ferias de libros, imprentas, encuadernadoras, laminadoras, depósitos y hasta una librería, la mayoría de ellos en la provincia de Buenos Aires, pero también en algunos lugares de la Capital.

Tanto editoriales grandes como chicas se vieron afectadas. Un dato muy importante que arrojó el operativo fue que los "piratas de los libros" aprovechaban los vacíos editoriales, es decir, el tiempo entre una edición que se agotó y la siguiente para ubicar en el mercado sus libros falsos. Según la CAP, la mayoría de los libros en listas de los diez más vendidos se comercializan sin dificultades en circuitos marginales con buenos márgenes de ganancia, ya que en estos puntos de venta ilegal se evaden impuestos.

A casi un año de los hechos mencionados, los libros incautados siguen su propia y complicada historia. Alojados en un depósito en Avellaneda, no se ha tomado todavía una decisión sobre qué hacer con ellos. Esta situación abre un debate que merecería ser tenido en cuenta, porque si bien la ley contempla que los bienes culturales secuestrados en causas policiales deberán entregarse a entidades de "reconocidos antecedentes en la materia", estos libros, por ser falsos, escapan a lo estipulado, argumentan los asesores legales de las editoriales.

¿Qué debería hacerse con ellos, teniendo en cuenta que su existencia misma atenta contra los derechos de autor y contra la cadena de valor del libro? Por ser falsos, los ejemplares deberían ser destruidos, pero la idea no satisface completamente por lo que implica desde el punto de vista cultural y por la posibilidad de ser donados a instituciones como bibliotecas populares u otras semejantes.

Hechos como éste muestran no sólo un vacío legal, sino también la urgencia de que el tema sea debatido en busca de una solución definitiva. Quizás un lugar adecuado para hacerlo sea en el ámbito de la inminente Feria del Libro.

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