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Educación y ciudadanía

Viernes 25 de abril de 2014 • 00:26
PARA LA NACION
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El debate sobre la calidad educativa de nuestro país llegó para quedarse. Los exámenes PISA son una referencia casi ineludible para hablar del tema, a tal punto que la baja performance de los alumnos argentinos en su última edición dio lugar a importantes controversias. Por un lado, están quienes resaltan que el bajo rendimiento en los exámenes augura un futuro de baja competitividad económica. Otro grupo minimiza los resultados argumentando que PISA es limitado en sus mediciones, ya que no tiene en cuenta el esfuerzo, el contexto socioeconómico de los chicos, los valores y otros elementos importantes que también forman parte del aprendizaje. Es difícil olvidar las declaraciones de nuestro ministro de Educación, Alberto Sileoni, diciendo que "debería haber un ranking de esfuerzo también".

Desde mi punto de vista, la situación de la Argentina podría ser más seria de lo que estas posturas perciben. PISA mide una cualidad que, sugiero, engloba las preocupaciones de ambos grupos y que se podría denominar "capacidad ciudadana": la capacidad de un individuo de desarrollar su particular proyecto de vida en comunidad. ¿Cómo lo haría?

El examen tiene dos partes. La primera se centra en lengua, ciencia y matemática. Pero lo fundamental para entender es que PISA no busca evaluar la acumulación de conocimiento, aunque claramente es una base útil para destacarse en el examen. Más bien, como argumenta la periodista Amanda Ripley en su excelente libro The Smartest Kids in the Room and How they Got that Way (Los chicos más inteligentes del mundo, y cómo llegaron a serlo), "PISA no es solamente un examen sobres datos, examina la capacidad de hacer algo útil con datos".

El examen está diseñado para evaluar en los estudiantes su capacidad de análisis, de razonamiento crítico, de síntesis y de resolución de situaciones complejas. Todas estas son cualidades directamente relacionadas con la "capacidad ciudadana".

No sorprende entonces que Ripley, después de sentarse a tomar el examen como parte de la investigación de su libro, haya llegado a la conclusión de que "parecía más una prueba que evaluaba habilidades para la vida que para el colegio".

No es solamente por una falta de competitividad económica futura que tiene que preocuparnos el hecho de que hace una década que nuestros resultados están estancados mientras nos superan países como Chile, Brasil y Uruguay.

"Que nos vaya mal significa que nuestros chicos no tienen las herramientas fundamentales para, en un futuro, desarrollar sus vidas de manera exitosa "

Más aun, la segunda parte de PISA mide precisamente el esfuerzo, la dedicación, la responsabilidad y solidaridad de los alumnos que pregona el ministro Sileoni y que también son parte esencial de la capacidad ciudadana. Lo hace a través de un cuestionario "de contexto" que responden alumnos y docentes. Los docentes describen la situación de la escuela, el clima de enseñanza, la disciplina en las aulas y la calidad de los recursos humanos y materiales de los que disponen. A los chicos se les pregunta sobre sus familias y el contexto socioeconómico, sus actitudes hacia el aprendizaje, sus hábitos y vida dentro de la escuela.

Lo interesante acá es que analistas de la educación encontraron una correlación entre la calidad de estas respuestas y el puntaje obtenido en la evaluación formal. La minuciosidad, el trabajo que se tomaron los alumnos para responder las preguntas referidas, resultó predictivo de los puntajes de los países, superando otros factores como el estatus socioeconómico. Nuevamente, no deberíamos sorprendernos: si bien se trata de un cuestionario sin respuestas correctas, su contestación o no, y la forma en que estas respuestas son elaboradas, sirven para conocer cuán responsables y dedicados son los alumnos de cada país.

En las pruebas de 2006, la Argentina fue el país con mayor proporción de alumnos que llegaron tarde a los exámenes y uno de los que tuvo más respuestas en blanco. En 2012, tuvimos el mayor porcentaje de estudiantes que reportaron haber faltado a clase en las semanas previas a los exámenes: 66%. Parece casi increíble que en la edición anterior, en 2009, la Argentina había registrado sólo 9%. La encuesta a los docentes argentinos reveló que el clima de nuestras aulas es el más crítico entre los 65 países. Son las aulas donde los alumnos menos escuchan a los profesores, en las que hay más ruido y donde se debe esperar más tiempo para lograr centrarse en el aprendizaje. Esto constituye otra muestra de la falta de disciplina, pero también de la falta de solidaridad, tanto para con los docentes, incapaces de realizar su trabajo, como para los pares, que deben aprender en un contexto aún más desafiante. Estos parámetros pueden utilizarse como indicadores del esfuerzo, la dedicación, el sentido de la responsabilidad y la disciplina, todas cualidades necesarias para desarrollar de manera exitosa un proyecto de vida en comunidad.

Como decía el poeta irlandés William Butler Yeats, "la educación no es llenar un balde, sino encender una mecha". La calidad educativa, como demuestra PISA, no está dada por la acumulación de contenidos, sino por el desarrollo de la capacidad ciudadana de sus individuos. Aquí radica la importancia de PISA: que nos vaya mal significa que nuestros chicos no tienen las herramientas fundamentales para, en un futuro, desarrollar sus vidas de manera exitosa.

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