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El tanguero más rockero

Fanático de The Cure y Fricción, en su nuevo CD tiene a Richard Coleman como productor

Martes 15 de abril de 2014
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LA NACION
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Corrían los últimos años de los ochenta y en un boliche del Abasto -donde la leyenda dice que hoy funciona el Club Atlético Fernández Fierro-, el cantor Alfredo Piro escuchaba por primera vez en vivo a Fricción. "Tenía quince años y a partir de ahí comenzó mi admiración por Coleman, que después se sostuvo con el tiempo incluso cuando empecé a incursionar en los caminos del tango", devela este cantor. Ese concierto fue un hecho determinante, un impacto musical que comenzó a forjar su personalidad artística con la misma intensidad que la herencia tanguera que había recibido de sus padres Osvaldo Piro y Susana Rinaldi. "Con el Chino Laborde de la Fernández Fierro siempre decíamos que en los ochenta, una década en la que el género estaba en la debacle, los tangos los escribieron grupos como Fricción, Fito Páez y Don Cornelio", explica Piro con ese link permanente entre tango y rock.

Ese Piro adolescente no sabía que el tiempo y el destino unirían su camino con el de su héroe dark y criollo, trazando un inesperado cruce entre su origen tanguero y la cultura del rock de los ochenta en su nuevo disco, El tiempo de los necios, que tiene como productor y colaborador a Richard Coleman, el emblemático líder de Fricción y Los 7 Delfines. "Para mí, esto es como el sueño del pibe. Siempre tuve una admiración profunda por todo lo que hizo Richard Coleman", rubrica Piro con una impronta, un vestuario, una mirada y hasta un dejo en su vocabulario que recuerdan a los seguidores que fueron al primer concierto de The Cure en Ferro en 1987.

Extrañamente, fue el tango que unió los caminos de este discípulo dark con su maestro jedi del rock. "Nos terminamos conociendo por un amigo en común que tiene que ver con el tango. el guitarrista Hernán Reinaudo. Coleman vino a vernos cuando estaba presentando mi disco de tangos Oír de noche, donde tenía una versión de «Close to Me», de The Cure, en castellano. Después, cuando me invitaron a cantar con la Sinfónica de Canal 7, elegí una versión de «Sin plegaria» de Fricción, donde lo invité para hacer un dúo. Salió hermoso. Después Richard me invitó a cantar con su banda en la presentación de Siberia y ahí ya se armó el tuco. Era inexorable que toda esa comunión en conjunto no terminara en un disco", relata Alfredo Piro, sobre la relación de amistad que terminó en este nuevo proyecto.

Lo curioso es que para Richard Coleman el tango no significa demasiado en su vida. Es más, se atreve a decir con la libertad que le dan sus años: "A mí el tango y el folklore no me gustan como géneros. Lo tengo asumido hace tiempo (risas). A mí me gustan las canciones y sé que hay algunas que las disfruto. Pero siempre que hay una música que está así arrinconada en un género a mí me descompone del estómago. Por eso tanta vuelta con el tema del dark, que es un título que a mí nunca me convenció. Hago rock porque para mí eso siempre fue un sinónimo de experimentación y libertad", dice con honestidad brutal.

En cambio, su nuevo protegido artístico encuentra puntos de contacto entre la brumosa estética tanguera y la densidad atmósferica de artistas como Nick Cave, Tom Waits o Bauhaus, que formaron parte de su escuela musical. "Hay una afinidad estética que termina uniendo mundos que parecen antagónicos. Estoy seguro de que si Nick Cave conociera a Zitarrosa, alucinaría. Para nosotros no hay rivalidad entre tango y rock, quizá porque venimos de una generación que asomó al tango en la segunda mitad de los noventa y que se crió escuchando mucho rock y los tangos lunfardos y prostibularios de Edmundo Rivero. Entonces no tenemos esa antinomia."

Lo que entusiasmó a Coleman en definitiva no fue tanto la estética y pose tanguera de Piro (ver recuadro), sino ese corpus de canciones nuevas sin etiquetas, esa voz con destellos de potente urbanidad y esa banda acústica con viejos colegas de época como Federico Ghazarossian (Don Cornelio) que buscaban otro rumbo. "Justamente lo que me interesó de esta producción fue que Afredo era de un palo diferente al mío. Ese desafío me resultó interesante. Fundamentalmente, la idea con Alfredo era salir del nicho de joven tanguero, cosa que me interesó remarcar bastante desde el concepto sonoro. Era como cambiarlo de batea sin alterar nada de lo que está haciendo. Aplicamos conceptos sonoros de productores que admiro como T-Bone Burnett, como pasar las guitarras acústicas por amplis y pedales de eléctricas, o distorsionar el contrabajo. Todas cosas que no son usuales para el concepto ortodoxo del tango", reseña el músico, que conoció el rock de estadios a partir de su participación en Soda Stereo.

En su rol de productor, Coleman unió esos caminos que parecían separados por un género y terminaron confluyendo en El tiempo de los necios, donde Alfredo Piro se corre de los covers tangueros para inaugurar una etapa de canciones nuevas guiado por el espíritu de su mentor de la adolescencia. "No quise hacer un disco de rock sino hacer un disco de canciones nuevas, como cuando hice mis primeras armas de muy pibe donde cantaba nada más que mis temas –sostiene Piro–. Nunca tuve una banda de covers. Hacía temas propios con una estética a The Cure y Bauhaus. Después, cuando me profesionalicé como intérprete de tango, hubo un prurito tan enorme que sentía inhibida mi capacidad para sentarme a componer un tango, porque inmediatamente saltaba a la palestra la comparación con los grandes poetas muertos. Hay una cosa muy densa en el tango, esa muerte omnipresente que te gana por comparación. Por suerte, somos una generación que está empezando a romper con esa idea porque si te comparás con las cosas que escribieron Manzi, Expósito, o Cadícamo, no llegás ni a la esquina. Queremos nuestros propios clásicos."

El tiempo de los darks

En su tercer disco, Alfredo Piro rubrica su constancia en la búsqueda de una voz propia y personal dentro de la escena urbana. La diferencia es que en este trabajo se abre del género que cultivan sus padres y construye su propio universo, formado por el rock de los ochenta que lo inspiró en su adolescencia. Tanto es así que título del disco El tiempo de los necios (lo presentará el 17 de mayo en el Matienzo) evoca una de sus primeras canciones, compuesta a los 16 años. El cantante se desmarca del tango como género para exorcizar definitivamente el peso de la historia y darle cuerpo a su propia expresión.

La participación de Richard Coleman, omnipresente desde el arte de tapa hasta el sonido integral del disco, calza perfecto con las nuevas doce canciones de Piro. En el sorpresivo ska "Domesticación social", el dúo entre Piro y Coleman, no hace más que saldar una deuda generacional para crear uno de los grandes temas del disco. Otro de los tracks con destino de himno es "Heroinhumanos", donde asoma cierta oscuridad ricotera.

El sonido acústico de la banda (inspirado en el proyecto de Robert Plant con The Sensational Space Shifters) es otra de las claves del álbum, Así el under del rock de los ochenta y el under del tango actual dialogan en un mismo territorio conceptual y le hablan a una nueva generación.

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