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La educación no es una prioridad para los argentinos

Urgida por temas como la inseguridad y la inflación, la ciudadanía no ejerce sobre las autoridades la presión necesaria para mejorar el sistema de enseñanza

PARA LA NACION
Miércoles 23 de abril de 2014
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En los últimos 30 años, la agenda de los argentinos ha girado en torno de tres ejes: inflación, desempleo e inseguridad. La educación no constituye un tema prioritario en la lista de los principales problemas de la sociedad. Este dato de la realidad muestra la necesidad de reposicionar la demanda de una educación de calidad .

En la actualidad, la agenda de los argentinos está dominada por los problemas de la inseguridad, la inflación y la corrupción, que en conjunto son prioritarios para seis de cada diez personas. Les siguen los problemas de las drogas y del desempleo. Para la mayoría de los ciudadanos, sus principales preocupaciones tienen que ver con asuntos que requieren respuestas y gestos políticos inmediatos.

Por esta razón, no sorprende que la educación aparezca en séptimo lugar, asomando como prioridad sólo para uno de cada veinte argentinos. Hoy es difícil para los ciudadanos pensar en el largo plazo y darles prioridad a proyectos que requieren una planificación que debe ir más allá de uno o dos períodos de gobierno –como sería el caso de un proyecto educativo– y cuyos efectos no siempre se ven en el corto plazo. El agravamiento de los problemas urgentes ha desplazado la trascendencia de la educación.

Foto: LA NACION

Quienes conducen en democracia suelen preocuparse por lo urgente y por lo que da réditos electorales inmediatos. Por eso se requiere una opinión pública consciente de la importancia de la educación para que el gobierno que la representa le otorgue prioridad al tema.

Estas preocupaciones guiaron a la consultora Voices a realizar una encuesta a nivel nacional con 1000 entrevistas personales y domiciliarias sobre la percepción que los argentinos tienen de la educación y un estudio cualitativo entre estudiantes secundarios.

Existen opiniones divididas sobre la calidad del sistema educativo: cuatro de cada diez entrevistados opinaron de manera positiva (el 38%); una proporción similar dijo que era regular (el 42%), y el 19% lo calificó negativamente. Es decir que alrededor de 6 de cada 10 entrevistados poseen algún tipo de opinión crítica sobre la calidad de la educación.

La educación universitaria es la mejor evaluada, con un 58% de respuestas positivas (20% la considera regular y 8%, negativa). El nivel secundario es el que recibe las opiniones más adversas (40% positivas, 32% de calificaciones regulares, un 21% de negativas). Y un 45% del total de la población evalúa positivamente a la escuela primaria (30% regular y 20% negativa).

Sin embargo, a la hora de evaluar la educación que reciben sus hijos las opiniones son mayoritariamente positivas: 7 de cada 10 manifiestan que sus hijos reciben una buena educación primaria y secundaria, y 8 de cada 10, que es buena o muy buena la educación universitaria.

Estos resultados muestran que la calidad de la enseñanza es percibida de manera dual: se tiene una opinión algo crítica del sistema en general, pero al mismo tiempo existe una idea positiva de la educación de los hijos. Esta discrepancia se denomina third-person effect, un término que viene de las ciencias de la comunicación y describe el prejuicio de creer que un problema afecta a los demás, pero no a mí.

Parecería que la sociedad argentina no tiene aún verdadera conciencia del problema educativo. La evaluación PISA 2012, que mide los logros educativos de alumnos de 15 años, muestra que la Argentina ocupa el puesto 59 entre los 65 países participantes, y el sexto lugar entre los ocho latinoamericanos. Y no alcanza el nivel 2 en lectura, lo cual implica que la mitad de los estudiantes no entienden lo que leen. Y en la última encuesta global WVS, que indagó acerca de la preocupación por no poder dar una buena educación a los hijos, la Argentina figuró en la posición 40 entre las 48 naciones, con sólo un 22% manifestándose muy preocupado.

El mundo del conocimiento científico empieza a demandar mucho más que los tradicionales saberes del pasado: se busca que las personas puedan leer y comprender textos diversos, analizar fuentes de información diferentes y evaluar procesos, entre otras competencias. El desajuste entre lo que la escuela enseña y lo que la sociedad y el mercado de trabajo les piden a los jóvenes es muy grande y la escuela secundaria no está consiguiendo cerrar esa brecha.

Al preguntar qué objetivo es el más importante para un colegio secundario, casi 4 de cada 10 entrevistados destacaron que la escuela debe proveer habilidades y preparación para una salida laboral (36%), luego se mencionó que enseñe cómo razonar y prensar (18%) y que prepare a los estudiantes para la universidad (18%).

El estudio realizado entre estudiantes del secundario muestra que para los jóvenes la principal función de la escuela media debería ser brindarles una buena enseñanza que les permita acceder a la educación superior y que los prepare para el mundo del trabajo y la vida social. El secundario debería darles las herramientas necesarias para poder resolver los problemas que aparezcan a futuro en estos ámbitos. En ese sentido, se valoran la exigencia y la transmisión de valores en relación con una formación integral.

Al preguntar a la población cuál es el mayor problema que enfrenta el sector educativo, la calidad de la educación no aparece como uno de sus principales problemas. Más bien aparecen aquellos que tienen que ver con aspectos gremiales y administrativos (días de paro, sueldos docentes, presupuesto educativo) antes que con la calidad (programa educativo, idoneidad de los docentes, resultados de las evaluaciones de los alumnos).

Se ha invertido, el gobierno actual ha incrementado el presupuesto, se han incorporado docentes, entregado computadoras, becas y subsidios, pero esto no se ha traducido en un incremento en los niveles de la educación.

Mejorar la educación argentina no es sólo tarea de autoridades: también requiere la participación activa de la sociedad civil para que presione a los líderes a fin de que se implementen los cambios necesarios.

Una opinión pública consciente y activa es indispensable para generar las acciones y los cambios de comportamiento necesarios en los distintos actores: gobiernos, directores, docentes, estudiantes, padres y sociedad civil en general, para alcanzar juntos una mejor calidad de educación para todos.

Es indispensable que la ciudadanía conozca y entienda los desafíos que nos plantea la mejora de la educación argentina. Si no estamos a la altura de este compromiso, si no logramos que nuestros jóvenes reciban la formación requerida en estos tiempos de cambio permanente, donde lo fundamental no es repetir conceptos establecidos sino tener bases sólidas y formación intelectual para la adaptación y el cambio, no estaremos simplemente atrasados, sino que perderemos el tren de la historia.

© LA NACION

La autora, socióloga, es presidenta de la consultora Voices y miembro de la Academia Nacional de Educación.

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