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Belleza por mano propia

Beto de Volder e Inés Raiteri presentan en Mock versiones de sus ya consolidadas obras y tensan el espacio circundante con bucles escultóricos y puntadas hábiles
Daniel Gigena
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25 de abril de 2014  

Expuestas con cuidado y cierta mesura, las obras de dos artistas confluyen en el barrio de Retiro. De gran calidad la mayoría, aunque resultan algo escasas, condensan trabajos concentrados y desarrollados a lo largo del tiempo. Sobre Beto De Volder (Pompeya, 1962) mucho fue dicho en la edición a cargo de Isabel Plante, Santiago García Navarro y Alberto Pasolini en el libro editado por Adriana Hidalgo. Artista esquivo para las definiciones -se podría decir que todas le cuadran y a la vez le quedan chicas-, logró que sus obras pacientes y esforzadas, de significados múltiples y belleza sucinta, se comunicaran con lo más preciado del arte abstracto contemporáneo nacional y extranjero: Juan del Prete, Sol LeWitt, Sergio Avello, Lidy Prati, Lygia Clark? Sus cuatro obras en Variaciones -muestra al cuidado de Máximo Jacoby- sintetizan un procedimiento e inauguran nuevas búsquedas. Distribuidas en pares entre la planta baja y el subsuelo de la galería, dos esculturas en MDF esmaltado (una clásica, en negro, llamada Caligrafía; la otra, Relieve, pequeña como una coma que sobresale de la pared y con colores poco habituales en la paleta de De Volder) ejemplifican el dominio del espacio y la hábil tensión creada para que la mirada recaiga en los garabatos ondulantes, en los símbolos mudos, en las formas retráctiles que alteran el entorno. En una vitrina, cuatro esculturas idénticas hechas con impresión 3D, dispuestas de manera diversa como joyas exóticas, replican la escultura en MDF del subsuelo, especie de nave nodriza fabricada con esmero milímetro a milímetro.

Inés Raiteri (Mar del Plata, 1963) ha dejado de lado sus acrílicos monumentales y sus series geométricas para intentar una traducción de esas indagaciones ópticas (y también espaciales) a otro formato y otra técnica. Varios bordados de diferentes tamaños y en distintos soportes parecen continuar, de un modo artesanal, sus vistas arquitectónicas de escalas mixtas. Treinta días, treinta noches, el amplio bordado multicolor sobre lienzo, muestra un engranaje de figuras geométricas hilvanadas que construyen un laberinto, una ciudad, un organismo multicelular (si es que la célula resulta la unidad mínima que la artista eligió para la vibración orgánica de sus trabajos). Dos series de bordados de formato reducido - Vestiditos, siete modelos de prendas orientales y occidentales en los que el blanco de la batista da forma a un cuerpo ausente, y MSG, cuatro pañuelos previamente ya bordados con motivos clásicos a los que Raiteri añadió circuitos de hilos de seda- se incluyen no sin tensiones en una práctica adscripta al universo femenino para zurcir nuevos significados de la relación entre las artes decorativas y el arte conceptual.

Ficha . Variaciones, obras de Beto De Volder e Inés Raiteri en Mock (Suipacha 1217), hasta el 2 de mayo. Lunes a viernes de 13 a 20

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