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Una cabra confiable para reemplazar a XP

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LA NACION
Sábado 26 de abril de 2014
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Introducción

Desde que XP apareció en los obituarios tecno, el 8 de abril, la relevancia de Linux subió varios puntos entre aquellos que, hasta ahora, no se hubieran acercado al sistema operativo de software libre ni enfundados en un traje antiflama. Es que la desaparición del soporte para XP ( www.lanacion.com.ar/1664239 ) implica desembolsar unos 2000 pesos en un Windows 8. O comprar una computadora nueva.

Así, de pronto, el que Linux tenga costo cero y se distribuya libremente por la Web aparece bajo una luz totalmente nueva. Una luz más tentadora, digamos.

En este contexto, Canonical lanzó, como estaba programado, la versión 14.04 de su distribución de Linux, llamada Ubuntu ( www.ubuntu.com ). Es el Linux que recomiendo para quienes vienen de Windows. Otro muy fácil de instalar y de usar, con una fachada funcionalmente idéntica a XP, es Mint ( www.linuxmint.com ).

En pocas palabras, la nueva versión de Ubuntu no contiene cambios de esos que te hacen salir al balcón a gritarle al mundo que sos feliz, pero, por la cantidad de pequeñas mejoras que acumula desde la anterior edición con soporte de largo plazo (la 12.04), es una magnífica forma de iniciarse en este sistema operativo.

Supongo que gran parte de los dos párrafos anteriores podrían haberte sonado a proto-indoeuropeo. Para quienes por primera vez se acercan al mundo del software libre y a Linux en particular, aquí van algunas aclaraciones dialectales que les allanarán mucho el camino. Si ya estás en tema, podés saltar al siguiente subtítulo.

Un glosario lleno de secretos

Linux es un sistema operativo para computadoras personales (y, eventualmente, otros dispositivos) que se distribuye como software libre. Los puristas prefieren llamarlo, con toda justicia, GNU/Linux, porque Linux es sólo el nombre del núcleo del sistema, mientras que la mayoría de los otros componentes provienen del Proyecto GNU ( www.gnu.org ). Pero Linux, a secas, es una marca muy pegadiza y, por eso, es la que se usa con más frecuencia.

El tema de las licencias en general y del software libre en particular da para varios volúmenes, así que no entraré en eso aquí. Lo que cuenta, al menos en el nivel del usuario doméstico o de oficinas hogareñas, es que Linux es gratis y no existen restricciones de ninguna clase para usarlo. Sí, también lo podés emplear para fines comerciales sin pagar nada y sin dar explicaciones ni pedir permiso. No se trata de dinero, se trata de libertad.

Como es además de código fuente abierto, incluso podés adaptarlo para tus necesidades particulares. Cierto, no es lo que la mayoría de nosotros hará con un Linux, pero constituye el lema del software libre: usar, compartir, estudiar, modificar.

OK, ¿y qué es un sistema operativo? Es el conjunto de programas, bibliotecas, controladores (y otras cosas) que hacen que un montón de cobre, silicio y plástico se comporte como una computadora. En rigor, todo dispositivo digital, desde la PC hasta el iPhone, desde un SmartTV hasta la cámara de fotos funciona gracias a un sistema operativo.

Al revés que Windows o Mac OS X, Linux no ofrece una única versión monolítica, diseñada y controlada por una misma compañía. Por el contrario, Linux llega al usuario bajo la forma de distribuciones o distros, en la jerga. Existen más de 600 distribuciones, de las que unas 300 se mantienen activas.

Hay compañías privadas, como Canonical o Red Hat, que producen sus propias distribuciones de Linux; Ubuntu y Red Hat Linux, respectivamente. Existen también comunidades, fundaciones e incluso individuos que mantienen sus propias distros. The Debian Project, por ejemplo, produce la muy respetada distribución Debian, que incluye sólo software libre (al revés que Ubuntu, por ejemplo) y que es una de las más prolíficas en derivaciones: al menos 144 distribuciones se basan en Debian. Ubuntu, sin ir más lejos. Es más, el fundador de Canonical, Mark Shuttleworth, fue programador de The Debian Project.

Las distribuciones varían entre sí en aspectos que van desde menores hasta sustanciales y las hay para todos los gustos. Para aplicaciones científicas, para hacer música, para supercomputadoras, para tu router Wi-Fi (que casi seguro usa un Linux) y para equipos antiguos y con poca memoria, entre otras cosas.

En general, Linux no se compra en caja (aunque en ciertos casos podés adquirir el CD o el DVD online). Lo más sencillo es elegir una distribución, bajar el archivo de instalación y seguir una serie de pasos para instalar el nuevo sistema en tu máquina. Ese archivo que se baja se llama imagen de disco o, para abreviar, archivo ISO.

Una imagen ISO no es una foto. Es la imagen de los contenidos de un disco (un CD, un DVD) dentro de un paquete cerrado. Esa imagen se transfiere a un medio físico (un CD, un DVD) por medio de un programa de grabación de discos, como CDBurner XP ( https://cdburnerxp.se ). También se la puede transferir a un pendrive, lo que acelera bastante la instalación. Al final de esta nota hay un instructivo sobre cómo instalar Ubuntu en una PC que tiene XP.

Otra cosa: al revés de lo que ocurre con los otros dos principales sistemas operativos para computadoras personales –Windows y Mac–, las distribuciones de Linux hoy suelen traer integradas todas las aplicaciones que necesitás para trabajar. Típicamente, la suite de oficina, el navegador, el software de gráficos y así. Ubuntu (y sus derivados, incluido Mint) ofrecen también un centro de software, en la misma tónica que el Google Play o el AppStore. Así que obtener nuevas aplicaciones es hoy realmente muy sencillo y seguro.

Más jerga: las versiones de Ubuntu se numeran usando el año y el mes en que se lanzan; de ahí esas cifras medio raras, como 13.10 o 14.04.

También llevan el nombre de un animal precedido por un adjetivo. Desde la tercera edición, que salió en octubre de 2005, el adjetivo y el sustantivo empiezan con la misma letra y se ordenan alfabéticamente. Las combinaciones son bastante esperpénticas, pero divertidas, algo que a Linux no le viene nada mal.

Ahora vamos por la letra T, y la versión 14.04 se llama Trusty Tahr (tar confiable, en español). El tar es un tipo de cabra que habita en Asia. La costumbre es usar sólo el adjetivo para mencionar cada versión. En este caso, Trusty.

Ultima cuestión: desde la 12.04, Canonical saca cada dos años una versión con soporte de largo plazo (o LTS, por sus siglas en inglés). Las ediciones LTS no introducen grandes innovaciones, pero hacen hincapié en la estabilidad y la robustez y tienen soporte por 5 años. Trusty es una LTS y hace honor a su esta condición, excepto por un detalle que menciono más adelante y no es grave. (Como me señaló correctamente Gonzalo Vivanco por Twitter, las versiones LTS salen desde 2006, más precisamente en el primer trimestre de los años pares. Más info, acá: www.lanacion.com.ar/1264390 ).

Lo que sigue es una reseña de los aspectos más relevantes para el público en general. He dejado algunas cosas muy técnicas afuera, pero podés ver las características nuevas de esta versión, aquí: https://wiki.ubuntu.com/TrustyTahr/ReleaseNotes

Reseña de Ubuntu 14.04

Cambios en la interfaz

Los que venimos de la versión previa (la 13.10) no vamos a notar, pues, grandes cambios. Pero la interfaz está mucho más pulida y, aunque esto lo dirá el tiempo, la 14.04 debería ser muy confiable. En mi caso, así se comportó durante la semana en dos máquinas reales y una virtual.

Aparte de las últimas versiones de algunas de las principales aplicaciones integradas (OpenOffice, Firefox, Thunderbird, Shotwell) y un kernel con mejoras que le permiten aprovechar mejor algunas características del hardware, esta edición de Ubuntu ofrece el mejor Escritorio del mundo Linux.

Un momento. Guarden las antorchas. Ya sé que cada uno tiene su opinión sobre esto, y que además solemos tomarnos el asunto visceralmente. De hecho, si vienen siguiendo mis reseñas, sabrán de mis reservas sobre la interfaz de este sistema. Pero, en mi opinión, Ubuntu ofrece un Escritorio fácil de comprender de un vistazo y gráficamente muy cuidado. Puede competir con Windows, si no acaso con Mac, lo que no es poco. Y ya sé que KDE es muy lindo también ;o)

Tres mejoras muy esperadas

La interfaz de usuario de Ubuntu se llama Unity y se estrenó en la versión 11.04, para beneplácito de algunos y horror de otros (en rigor, la vimos primero en la versión 10.10 para netbooks). En esta edición Canonical introduce tres cambios que alivian algunos de los principales escollos de Unity.

Hasta ahora, la barra de menús de los programas no se ubicaba, como estamos habituados desde más o menos la Edad de Piedra, debajo del título de la ventana, sino en el panel superior del Escritorio. Esto confunde, hace que algunos comandos no funcionen de manera consistente y, lo que es peor, en pantallas grandes, hay que ir a buscar los menús allá arriba.

Pues bien, ahora hay una opción para mover la barra de menús a la ventana del programa. Para eso hay que hacer clic con el botón derecho del mouse en el Escritorio, elegir Cambiar el fondo del escritorio y, en el cuadro que se abre, ir a la pestaña Comportamiento. Una vez ahí hay que cambiar la opción predeterminada en Mostrar los menús de las ventanas y optar por En la barra de título de las ventanas.

El segundo cambio es que ahora se puede reducir el tamaño de los íconos del lanzador (esa barra que recorre el lado izquierdo del Escritorio) a sólo 16 pixeles. Antes el límite inferior era de 32. Con todo, sigo llevándome no mal, sino pésimo con ese lanzador que casi no puede configurarse.

En tercer lugar, ahora es posible minimizar y maximizar una aplicación haciendo clic sobre su ícono en el lanzador. Hasta ahora, y era para volverse loco, podías arrancar una aplicación, traerla al frente o restaurarla haciendo clic en su ícono. Pero no podías minimizarla. Esa clase de detalles inconsistentes son de los peores enemigos de las interfaces de usuario.

Para cambiar ese comportamiento tenés que instalar y arrancar un programa llamado CompizConfig, desde el Centro de Software. Es una suerte de panel de control de la interfaz gráfica (en rigor, del gestor de composición de ventanas). En el apartado Escritorio vas a ver un ícono llamado Ubuntu Unity Plugin. Dale clic y andá a la pestaña Launcher. Entre otras opciones verás una denominada Minimize Single Windows Applications (Unsupported). Ponele un tilde a la casilla de verificación y listo. Ahora Unity será menos esquizoide.

Otra cosa que cambió y que puede servirle al que tiende a abrir 96 ventanas a la vez es el comando Super+W (Super, en la jerga de Linux, es la tecla con el logo de Windows). Además de desplegar las ventanas abiertas en un mosaico, ahora es posible escribir las primeras letras del nombre de la aplicación (por ejemplo, Fire, por Firefox) y te llevará a esa ventana directo. La caja de búsqueda se activa sola, cuando empezás a escribir, un poco como en Windows 7 y 8.

Trusty trae también una serie de mejoras puramente cosméticas, de esas que, en general, tendemos a menospreciar, pero que son muy valiosas para convertir la experiencia del usuario en algo placentero. Por ejemplo, las ventanas no tienen bordes y las esquinas son redondeadas y suaves (esto se llama antialiasing); en pantallas de alta resolución y alta densidad de pixeles, el efecto es excelente.

Por su parte, la pantalla de bloqueo ha experimentado algunos cambios y es ahora más agradable y está mejor integrada al Escritorio.

En total, y a pesar de que todavía sufre algunas fallas, esta es la mejor versión de Unity hasta ahora.

Las deudas

Las dos principales novedades que viene prometiendo Canonical no aparecieron en Trusty, y era previsible que fuera así. Me refiero a Unity 8 y Mir, el reemplazo del servidor gráfico predeterminado de Linux. Son demasiado nuevas, están en etapa preliminar y, por lo tanto, como les adelanté en mi reseña de la anterior versión de Ubuntu, la 13.10, era poco probable que fueran incluidas en una edición LTS. Veremos que ocurre en octubre.

No obstante, podés instalar –a tu propio riesgo– el preview de Unity 8-Mir mediante esta línea de comando en una terminal: sudo apt-get install unity8-desktop-session-mir

En mi caso, instaló bien pero no logré hacerlo andar; cierto que no le pude dedicar mucho tiempo. Quizás actualice este dato en los próximos días.

Como era de prever, en Trusty desapareció el acceso a Ubuntu One, el servicio de almacenamiento en la nube que Canonical dio de baja en los días pasados.

El único problema de estabilidad que le encontré por ahora a la 14.04 es que Canonical decidió usar su propio browser para las apps Web (por ejemplo, los accesos a Gmail y YouTube en el lanzador). Bueno, este browser no es precisamente robusto y hubo veces en que las apps Web me miraban, me guiñaban un ojo y me desobedecían por completo. Habrá correcciones a montones, me imagino.

Si usás tu computadora para trabajar, una edición LTS resulta la opción más prudente y no es obligatorio que en octubre actualices a la 14.10, que se llamará Utopic Unicorn y no será LTS. De hecho, en Configuración del Sistema> Sistema> Software y Actualizaciones podés establecer que Ubuntu sólo te avise de las actualizaciones LTS, en la pestaña Actualizaciones .

Cómo instalar Ubuntu

Ya sé. Todo muy lindo, ¿pero qué pasos concretos hay que dar para instalar un Linux en una computadora que tiene XP? Aquí van las instrucciones para Ubuntu, que son muy parecidas a las de las otras distribuciones más populares.

Te anticipo, ya que estamos, lo que te va a pasar con este instructivo. La primera vez que lo leas vas a decir: Nah, imposible. No entendí nada.

Pero cuando vuelvas a ver las opciones para reemplazar XP, le vas a echar una segunda mirada. Ahí vas a decir: Bueno, son tres pasos nada más.

Pero igual vas a pensar en que tiene muchas vueltas. Entonces te van a ofrecer un Windows pirateado. Y ya sabés que eso es igual a dejar el XP, si no acaso peor. Así que vas a volver a recorrer el instructivo, sólo que más despacio, y ya no lo vas a encontrar tan hermético. Vas a decir: A ver, probemos.

La primera vez no vas a atreverte a meter el Ubuntu en la máquina, pero te va a quedar el instalador listo, que cada tanto te va a tentar con la loca idea de pasarte a Linux.

Hasta que el día menos pensado vas a dar el gran paso y vas a terminar diciendo: Che, ¡pero era una pavada, al final!

Para que te des una idea, sólo esta semana hice 5 instalaciones de Linux. Cuatro Ubuntus y un Debian. Creeme, al final se te hace una segunda naturaleza.

Allá vamos

Qué necesitás

Conexión con Internet y un pendrive de 1 GB. En su defecto, 1 DVD-R virgen y la correspondiente grabadora. Además, un disco externo para hacer backup de tus documentos personales.

Hacé backup

Antes de quitar XP, tenés que grabar en un disco externo (o un CD o un DVD) tus textos, fotos, videos, hojas de cálculo y todos aquellos documentos que no podrías encontrar en ningún otro lugar. Esto se llama backup y, si hiciste los deberes, ya deberías tener una copia de todo eso fuera de tu máquina. En ese caso, actualizá ese backup. Acordate de que vamos a darle formato al disco rígido de la computadora. Además, la instalación de Linux puede fallar, como cualquier cosa hecha de software, y no querés perder tus datos.

Obtener Ubuntu

Pero a XP todavía le quedan dos tareas clave. La primera es descargar la imagen Ubuntu, aquí: http://www.ubuntu.com/download/desktop

Como verás hay 2 opciones para PC: 32 y 64 bits. Si estás actualizando una máquina con varios años, seguramente necesitás la versión de 32 bits. Si tenés más de 2 GB de memoria RAM, elegí la de 64 bits. Ante la duda, bajate la de 32 bits.

El archivo que vas a descargar tiene aproximadamente 1 gigabyte. Tené paciencia. Mientras tanto, andá a este sitio y bajate el Universal USB Installer (http://www.pendrivelinux.com/universal-usb-installer-easy-as-1-2-3 /). Y andá buscando el pendrive o el DVD-R.

Crear el pendrive o el disco de instalación

Ahora hay que transferir el archivo ISO que bajaste al pendrive o al DVD.

Si vas a usar un pendrive (más práctico y más rápido), los pasos son los siguientes:

1. Enchufá un pendrive vacío en la computadora.

2. Arrancá el Universal USB Installer. Se abre un cuadro de diálogo. Vas a tener que llenar tres campos. En el de arriba (Select a Linux distribution...) elegí Ubuntu.

3. Ahora se activa el siguiente campo. Apretá Browse y escogé el archivo ISO que bajaste antes.

4. Esto activa la tercera casilla, donde encontrarás la letra correspondiente al pendrive, típicamente la E:.

5. Por último, apretá el botón Create.

Si vas a usar un DVD-R, los pasos son:

1. Poné el DVD-R virgen en la grabadora.

2. Abrí el CDBurner XP y elegí Grabar imagen ISO.

3. En el cuadro que se abre escogé el archivo ISO que bajaste.

4. Poné a grabar y listo.

Instalación

Acá empieza lo divertido, aunque hoy no hay ni sorpresas ni sustos, al revés de lo que ocurría 10 o más años atrás. Los pasos son estos:

1. Configurar la máquina para que arranque desde el pendrive o desde el DVD. Esto es seguramente lo que más trabajo te va a dar, si nunca abriste la configuración de la PC. Primero probá si la computadora arranca desde el CD o desde el pendrive. Quizá ya está configurada de ese modo. Si no es así, reiniciala y apretá la tecla que figura en pantalla para acceder al Setup (también llamado BIOS). Suelen ser F2 o F10. Una vez ahí, movete hasta el menú Boot y cambiá las prioridades de arranque para que primero lea el pendrive (eso es el USB) o el CD/DVD (el disco óptico). La otra opción es, en algunas máquinas, apretar la tecla para elegir el disco de arranque cuando el equipo se inicia. Suele ser, también, F10.

2. Hecho esto, tenés que reiniciar la computadora con el pendrive enchufado o el DVD en la lectora. Si todo salió bien hasta aquí, aparecerá, después de un rato, la pantalla de bienvenida de Ubuntu con dos opciones: Try Ubuntu e Install Ubuntu. A la izquierda hay una lista de idiomas. Elegí Español. Ahora dirá Probar Ubuntu e Instalar Ubuntu.

3. Podés probarlo para familiarizarte y ver que tu computadora se lleve bien con este sistema, pero nuestro plan hoy es tirarnos a la pileta, así que le vamos a dar clic a Instalar Ubuntu.

4. Si no hay mensajes de error en la siguiente pantalla (estás conectado a Internet y tenés al menos 6,3 GB de espacio de disco), poné un tilde en Instalar este software de terceros y luego hace clic en Continuar.

5. Ahora te va a preguntar qué hacer con el disco rígido. Dependiendo de qué haya (supuestamente, un XP), te va a ofrecer varias opciones. Como es tu primera vez, elegí Borrar disco e instalar Ubuntu. En lo personal, prefiero particionar manualmente, pero si no sabés qué significa esto, adelante, dejá que el instalador de Ubuntu se ocupe. Y apretá Instalar ahora.

6. En el siguiente cuadro elegí el uso horario de tu ciudad en el mapa y apretá Continuar.

7. Sigue otro cuadro para elegir el teclado. En la Argentina usamos el teclado Español latinoamericano con distribución Español (latinoamericano).

8. Ahora ponés tu nombre (o un alias, es igual), una denominación para la computadora, un nombre de cuenta y elegís la contraseña. Nada del otro mundo. También, por seguridad, podés decirle que cifre tu carpeta personal. Y listo. Dale Continuar y se iniciará la instalación.

Dependiendo de un número de cosas (RAM, velocidad del disco, velocidad del microprocesador, si usaste un DVD en lugar de un pendrive), va a tardar entre 20 y 40 minutos. No te preocupes por los mensajes que aparecen abajo, pueden ser algo escalofriantes. Cuando termine va a mostrar un botón que dice Reiniciar ahora. Extraé el pendrive o el DVD y apretalo. Si todo salió bien (y ni una vez me ocurrió que saliera mal, con éste y otros Linux), la computadora arrancará con el nuevo sistema.

Ubuntu es muy fácil de usar, por lo que la misión está mayormente cumplida. Habrá futuras columnas sobre el tema, pero ya diste el paso principal.

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