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Es necesario brindar a la juventud una atención prioritaria

Martes 29 de abril de 2014
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PARA LA NACION
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Los defensores de la mano dura se toparían con algunas dificultades a la hora de analizar la golpiza que unas compañeras de colegio le propinaron a Naira Ayelén Cofreces. Dado que la agresión que días después la dejó sin vida fue en las inmediaciones de una escuela de Junín, para prevenir tragedias similares ¿habría que llenar de policías los alrededores de los colegios? Es evidente que esto no resolvería el problema.

Poco sabemos sobre lo que motivó la golpiza, aunque María Laura Durante, titular del Juzgado de Garantías de Junín que investiga la muerte, señaló que sus compañeras habrían dicho que "se hacía la linda o iba mejor vestida".

Gran cantidad de adolescentes sienten que adquieren identidad y atractivo físico mediante su vestimenta, y los conflictos vinculados con la desigualdad se tornan más violentos en los sectores populares. Esto ocurre porque a menudo crecen en ámbitos en los que prima la violencia intrafamiliar y porque la envidia se manifiesta con más fuerza entre los semejantes. Fue lo que llevó a Hesíodo a escribir: "El alfarero envidia al alfarero, el artesano al artesano, el mendigo al mendigo y el músico al músico".

Aunque ignoremos con certeza las razones de la agresión, es claro que quienes lo hicieron concurrían a una escuela que no les brindó herramientas para gestionar el conflicto y que pertenecen a una sociedad en la que -como tantas otras- los niveles de violencia se relacionan significativamente con los de desigualdad.

Esto no significa que no haya otros factores que influyan ni que toda persona en situación de inequidad se vuelva violenta: se trata de un fenómeno probabilístico. Los países europeos con menos violencia social e interpersonal tienen coeficientes más bajos de desigualdad.

En la historia de la evolución de las especies, la ira cumplió una función esencial de ataque y defensa por cuestiones básicas de supervivencia. Hoy, ese contexto desapareció, pero sobreactuamos como si en cada desacuerdo nuestra vida estuviera en peligro. Afortunadamente, también nacemos con la disposición a empatizar y colaborar, tal como nos informa la neurociencia, pero lo hacemos mucho más motivados cuando el objeto de este altruismo son nuestros familiares y amigos.

Es necesario brindar una atención prioritaria a la juventud, que es uno de los grupos más vulnerables y, al mismo tiempo, más violentos de toda sociedad, entrenándola mediante estrategias de comunicación asertiva para la gestión no violenta de conflictos, facilitando su acceso al mundo del trabajo y propiciando la expansión de su círculo de empatía hacia aquellos con los que no tienen un contacto directo. Estas prácticas pueden ingresar en los colegios a través de la aprobación del proyecto de ley que introduciría la asignatura Educación Emocional, y estar presentes en los medios a través de programas educativos y de ficción.

Un problema que enfrentamos los seres humanos es que nos cuesta empatizar con abstracciones como "la juventud", "la pobreza" o "el medio ambiente". Nos conmueven las historias particulares, de modo que una forma de tomar conciencia del millón de jóvenes argentinos que están en situación de vulnerabilidad es visibilizar historias singulares como la de Naira.

La democracia se inventó hablando, enseñando a retener los impulsos, a escuchar al prójimo y a ponernos en su lugar. Educar para desestimar la violencia en favor de los argumentos es nuestra mejor herramienta para la paz.

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