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Entrevista con

Leonardo Padura: "La realidad cubana es demasiado peculiar para explicarla con prejuicios a favor o en contra"

Enfoques

En vísperas de su llegada al país, el escritor y periodista cubano matiza las miradas elogiosas y críticas sobre su país, y afirma que la apertura está cambiando la vida social en la isla

Por   | Para LA NACION

Dice que la escritura fue su tabla de salvación, que lo rescató de la locura y la desesperación en los años noventa cuando la crisis de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) arrasó las promesas y los sueños de la utopía socialista y sumergió a Cuba, su patria, el país en el que vive y al que vuelve después de sus múltiples viajes al exterior, en una crisis inimaginable.

Leonardo Padura, el periodista y escritor que cautiva a miles de lectores en todo el mundo y que ha desatado una verdadera "Paduramanía", que escribe en Cuba sobre Cuba y que no ahorra críticas demoledoras a esa utopía trunca en sus múltiples novelas y trabajos periodísticos escritos para una agencia de noticias internacional, lo dice pausada y cálidamente, desde la isla, en una conversación telefónica pautada en vísperas de su llegada a la Argentina.

El sábado próximo presentará, en la Feria del Libro de Buenos Aires, El viaje más largo (Capital Intelectual- Futuro Anterior), un libro que compila crónicas periodísticas escritas en los años ochenta y noventa, que conforman una travesía por la identidad cubana a través de algunos momentos, hitos y personajes.

Esos trabajos, escritos en un momento singular para el periodismo cubano -que dio lugar a la experimentación y al vuelo literario-, hoy sorprenden por su vigencia y la calidad de la escritura.

"Los escribí pensando en textos que no murieran con su publicación y que tuvieran una existencia un poco más dilatada. Me agrada mucho que esos trabajos escritos hace tantos años se publiquen, se editen y se estudien en las escuelas de periodismo como una forma de utilización de las técnicas narrativas, del lenguaje, del oficio literario", relata.

Después de ese paréntesis creativo en la historia del periodismo cubano, en los años 80, Padura explica que hubo un retorno a una prensa "politizada y utilitaria" que presenta "una imagen edulcorada del país". Autor de El hombre que amaba a los perros - una novela sobre Trotsky y su asesino, Ramón Mercader- y una saga de novelas policiales que tienen por protagonista al ya célebre detective Mario Conde, Padura reconoce en Conde una suerte de alter ego, atravesado por la nostalgia, el desencanto y la desilusión de esa revolución que no fue y de ese futuro prometido que no llegó como lo esperaban.

-De todas las herramientas de trabajo usted ha elegido la palabra. ¿Por qué?

-Seguramente porque fui incapaz de ser un buen jugador de béisbol, y porque habría sido un desastre si hubiera intentado hacer alguna labor manual, la que sea, o porque no tengo vocación para el espectáculo y por lo tanto no podría ser actor ni político. En fin, porque es lo mejor que sé hacer, creo que lo único que sé hacer, y la palabra es la reina de la comunicación: existió antes que la literatura y va a existir después de la era digital. Y la palabra me dio esa posibilidad de satisfacer lo que se convirtió en una necesidad: comunicar algo.

-¿Comunicar qué?

-Las más disímiles actitudes, realidades, sentimientos. Cuando uno escribe literatura o periodismo tiene que preguntar para qué lo escribe. Y muchas veces la respuesta a esa pregunta está en un pequeño detalle de la vida cotidiana o en un gran acontecimiento. Depende de muchas razones que no siempre son las mismas. A veces veo a una persona y eso me da pie para crear un personaje literario o escribir una crónica periodística, pero siempre tratando de que eso tenga una dimensión dentro de la sociedad que yo vivo y me permita comunicar una historia de esa sociedad y le permita al lector, identificarla.

-De todas maneras, su caso es atípico: vive en Cuba, escribe sobre Cuba y sus textos periodísticos y literarios no se publican en Cuba, sino en otros países.

-Es cierto. Es una situación extraña: hacer periodismo sobre una realidad y que dentro de esa realidad no tenga un efecto o una relación directa con las personas que la conforman. Pero hay una relación indirecta; de una forma u otra, muchos de esos textos circulan y se leen bastante en Cuba. Tanto que con muchísima frecuencia me encuentro con personas que me hablan de un texto mío que escribí hace dos años como si lo hubiera escrito la semana anterior, porque fue entonces que lo leyeron. Y tanto circulan en ese medio alternativo que últimamente me ha ocurrido algo que no es extraño pero tampoco es agradable, y es que determinadas personas han puesto a circular textos como si los hubiera escrito yo, pero que no son míos.

-¿Cómo se combaten las propias limitaciones, los propios obstáculos a la hora de escribir?

-El mío es trabajar mucho. Escribo varias versiones de mis novelas. La escribo, la reviso, la doy a leer, la vuelvo a escribir, la vuelvo a revisar, la vuelvo a dar a leer, la vuelvo a reescribir y así hasta llegar a un punto en que esté conforme con lo que he escrito. El resultado de mi trabajo es un empecinamiento, una lucha por tratar de decir del mejor modo posible lo que quiero decir. Y esa es también mi actitud con respecto al periodismo. Ahora mismo estoy escribiendo un reportaje que explique qué cosa es la vida en Cuba. Lo he comenzado cuatro veces y todavía no estoy conforme.

-Pero escribe en Cuba sobre Cuba. ¿Eso no facilita la escritura?

-El problema no es tener la experiencia. Muchas personas tienen la experiencia, pero no tienen la capacidad de comunicar esa experiencia y de hacerlo de la mejor forma posible. Y eso se logra únicamente con mucho trabajo.

-¿Cuánto hay del desencanto, del escepticismo, de la desilusión de su personaje el detective Mario Conde en Leonardo Padura?

-Hay mucho. Hay una relación muy estrecha entre el personaje y yo. Mario Conde en la novela es mi forma de expresar la realidad cubana. Son los ojos míos para ver la realidad. Mario Conde es un hombre típico de mi generación que arrastra la nostalgia, el desencanto, las esperanzas perdidas, las ilusiones todavía existentes de mi generación y a través de él yo he conseguido poder expresar mis propias relaciones con la realidad que se ha vivido y se vive en Cuba.

-A cincuenta años de la revolución cubana, se advierte hoy esa promesa que no fue, ese anhelo trunco.

-Sí, tiene que ver con las promesas no realizadas. Yo recuerdo que se hablaba mucho del futuro, de un futuro que llegaría en algún momento y cuando ese futuro llegó, no trajo esas promesas que nos habían hecho. Más bien por el contrario, fue esa década del noventa en que mi generación está su momento de primera madurez y apogeo y nos sorprende una crisis que paraliza al país y que fundamentalmente paraliza a las personas. No hubo muchas posibilidades de desarrollo. Yo tuve la suerte de que mis posibilidades de expresión estaban en la literatura y que en esos años la literatura me salvó de la desesperación y de la locura. Escribí y publiqué muchísimo, y esa fue mi tabla de salvación en una situación material muy complicada para la vida de las personas y para el país en general.

-Usted participó de esa "primavera" del periodismo. ¿Se podría hablar de un interregno?

-Fue un paréntesis muy especial en el desarrollo del periodismo cubano, en el que hubo una serie de condiciones, como se dice habitualmente, objetivas y subjetivas que permitieron hacer un periodismo diferente. Y como en casi todo, lo importante es estar en el lugar correcto, en el momento adecuado. Y a mí me sorprendió en el lugar correcto, en el momento adecuado y pude hacer ese tipo de periodismo.

-Después de ese paréntesis se volvió a una prensa "politizada y utilitaria", como usted mismo la definió. ¿Qué lugar ocupa ese tipo de prensa? ¿Se lee?

-Tiene un lugar preponderante en la sociedad cubana en la medida en la que es la única prensa que circula de manera oficial. Lo que ocurre es que la credibilidad de esa prensa es mucho menor de la que debería tener. Hay un chiste un poco macabro en Cuba que dice "cuando quieras conseguir comida, o leche o lo que sea, búscalo en el periódico o en el noticiero de televisión". Ese periodismo es una imagen edulcorada del país y la gente la asume con esa distancia.

-¿Por qué cree que después de la década del 80 el periodismo cubano no volvió a experimentar innovaciones como aquellas de las que usted fue parte?

-Porque en la década del 90 prácticamente desaparecieron los periódicos y revistas cuando dejó de llegar el papel que enviaba la URSS. Sin ese soporte, era imposible hacer periodismo, y sólo quedó espacio para la propaganda oficial, salvo alguna que otra excepción en las publicaciones culturales que con mucho esfuerzo sobrevivieron. Después, a finales de la década del 90, comenzó a haber una recuperación de espacios físicos, pero se mantuvo la evidente regresión en los espacios de creación, información y análisis, por lo que fue imposible soñar siquiera con aquel periodismo literario de los años 80. Se utilizó la prensa como mecanismo de propaganda estatal y no hubo ese espacio de libertad. Hoy, con espacios alternativos -revistas, blogs- existe un periodismo diferente, pero muy poco divulgado, y por lo tanto, con efectividad limitada. Lo mejor de la prensa cubana de hoy está en los análisis, en los artículos periodísticos, los fuera de la prensa más oficial.

-¿Se puede hacer "periodismo militante"? ¿En qué medida el militante se traga al periodista?

-Se lo traga completo. El militante obedece al Partido. El Partido decide y manda. El periodista entonces desaparece.

-¿Qué errores o distorsiones se cometen cuando se mira a Cuba desde afuera? Me refiero a los que tienen una mirada idealizada de Cuba o a los que ven en ella a una dictadura feroz.

-Conocer una realidad como la cubana es un desafío. Resulta demasiado peculiar, singular, sin paralelos como para poder entenderla por comparación u oposición, o para intentar explicarla a partir de un par de prejuicios, a favor o en contra. La realidad cubana muchas veces toca el absurdo, diría que es una realidad que en ocasiones se convierte en irreal. Por eso la premisa más importante para intentar una interpretación de la realidad y la vida cubana es vivirla, pues sólo así se puede empezar a entender algo, aunque nunca se entenderá todo. Yo vivo en Cuba y escribo sobre lo que veo, conozco, sé, experimento. Nunca intento hacer suposiciones y por eso me molesta tanto que me pregunten mis predicciones sobre el futuro de Cuba. Hablo de la realidad concreta, tal y como yo la veo, pero sin deformar esa realidad. Por eso creo que puedo escribir sobre Cuba viviendo en Cuba y dar una imagen que si no es la realidad, sí se parece bastante a ella.

-¿Cómo definiría su posición dentro de Cuba? ¿Un crítico tolerado? ¿Cómo ha construido y defendido ese espacio de autonomía e independencia que tiene usted allí?

-Soy un escritor independiente y un periodista que no vive de ese oficio, pero que no deja de practicarlo, aun cuando mi trabajo de los últimos casi 20 años se haya publicado más fuera de Cuba que en Cuba. No sé si soy tolerado, si alguien lo pensó y me dio esa categoría, lo que sí sé es que he podido hacer mi trabajo reciente sin que nadie me moleste. Aunque, claro, pago el precio de que mi periodismo no se divulgue en Cuba, que la gente tenga que leerlo de manera aleatoria, cuando alguien reenvía por correo electrónico alguna de mis crónicas. Pero es un precio que pago con agrado, a cambio de libertad.

-¿Cuán profunda es la "apertura" económica, política y social que se está difundiendo fuera de Cuba últimamente?

-No sé si es profunda, creo que no, pero es una apertura con algunos elementos interesantes que están moviendo aspectos de la vida económica y social cubana, aunque sea de manera muy tímida. Hoy son más las personas que viven en el país sin depender del Estado, son más las que viajan al extranjero y se quedan o regresan, más los que obtienen mejores dividendos por su trabajo, y eso es importante, da movilidad a la estructura social y, a la larga, dará movilidad a la estructura política. En la vida intelectual, por ejemplo, la relación de los independientes con el Estado es ahora sobre todo fiscal, pero no hay que pedir permiso para viajar a un sitio, publicar, exponer o actuar, hacer una obra personal comprometida con el arte y no con las instituciones. Aunque falta mucho por ganar, sobre todo en el mundo de los medios.

-Me gustaría una definición suya sobre el régimen cubano.

-Sucede en este caso lo mismo que en otros, en los que se trata de explicar a Cuba a partir de modelos establecidos (o pre-establecidos) que no consiguen expresar la peculiaridad del caso cubano. Cuba es un país donde existe una trinidad de poder: el Estado-Gobierno-Partido (único) ejerce el poder a través de la misma persona y confunde sus atribuciones, las mezcla, las une. Incluso, se identifica esa trinidad con otro binomio, el de patria-nación, y el resultado es un quinteto de elementos reales y abstractos reunidos en un solo poder. Cuba es verdaderamente socialista, al estilo siglo XX, y su estructura política es típica del sistema, con elecciones y legislaciones que responden a esa estructura. Cuba es simplemente un país donde gobierna un partido único con un líder máximo que es a la vez presidente del consejo de Estado y del consejo de ministros, o sea el gobierno.

-Usted habló de un futuro que no llegó como lo esperaban. ¿Cómo le gustaría que fuera Cuba en un futuro? ¿Qué país anhela?

-¡Esta es la pregunta que nunca me deberían hacer! Todavía no tengo la bola mágica. Y como anhelo. pues anhelo la normalidad. Un país que sea normal, no excepcional..

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