La noche en que Faddis se "robó" la ofrenda a Astor
Unico concierto "Schifrin meets Piazzolla-Jazz meets tango", con la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por el pianista y compositor Lalo Schifrin, junto a Jon Faddis (trompeta), Rufus Reid (contrabajo) y Grady Tate (batería), y con los invitados Néstor Marconi (bandoneón) y Roberto "Fat`s" Fernández (trompeta). Jazz, música brasileña, de Schifrin y Piazzolla. Organiza:Fundación Astor Piazzolla. Auspicia:Cultura de la Nación. En el teatro Gran Rex.
No quería emular el strip-tease de Demi Moore, cuando compartía roles junto a la otra trompeta: la del altísimo morocho norteamericano Jon Faddis. Las tribulaciones del gordo Fernández se debieron al pantalón salido de su sitio y en tren de precipitarse junto con la camisa, hecho que no pasó inadvertido para Jon, cuyo histrionismo estaba haciendo las delicias de los fanáticos (¿de Lalo Schifrin?, ¿de la Sinfónica Nacional?, ¿de Piazzolla?) que poblaron el Gran Rex y lo inundaron de ovaciones.
Jon observó de hito en hito a "Fat`s". Trató de socorrerlo, controló minuciosamente sus propios pantalones, verificó que no compartía el rito nudista, miró a su alrededor como pidiendo auxilio, hasta que por fin su compañero de la trompeta pudo esconder, tras oportunos manotazos, sus despistadas prendas bajo el saco.
Esto ocurría mientras ambos sopladores acometían una vieja y bellísima melodía del jazz tradicional, hacia el final de este concierto.
Jon Faddis, cabe anotarlo, estaba conquistando con sus mejores armas:la musicalidad y su arte mímico (Les Luthiers podrían contratarlo) a un público de la generación intermedia al que también regaló más de la cuenta sus celebrados sobreagudos, esos que suelen olvidarse de las melodías.
¿Homenaje?
¿Cómo se homenajea a un músico? En la Argentina, dándole dinero. Y, si nos ponemos serios, con música. Pero ¿qué música? A Piazzolla se le rindieron varios homenajes este año. Algunos de ellos fueron con jazz. Esto sin contar que muchas orquestas -sinfónicas o de cámara- suelen ofrecerle tributos en todo tiempo y lugar tocando sus obras sin alharaca.
Armar un concierto con el pretexto de honrar al extinto con la música que amaba parece válido. Y viene ocurriendo olímpicamente en la música popular.
Pero, ¿quién imaginaría un homenaje a -por ejemplo- Picasso con una exposición de arte africano, fuente de inspiración para el gran pintor? Todo el mundo lo calificaría de disparate.
El concierto que Schifrin publicitó como "Lalo Schifrin meets Piazzolla", incluyó una docena de temas: música propia, de Ellington, Gershwin, Zawinul, Gillespie, Brown, Porter, Bonfá-Jobim, Armstrong y sólo dos de Astor:"Adiós Nonino" (un imaginativo arreglo de José Carli) y la breve suite de "Tres tangos sinfónicos" para bandoneón y orquesta, con NéstorMarconi. Todo coronado por... "Misión imposible" .
La música
Ya a partir del fastuoso sinfonismo (y algunas exquisiteces) de "Adiós Nonino", las pautas del concierto fueron, de algún modo, la alternancia entre la orquestación pantagruélica (si esto fue un ágape músical) y el cuarteto que armó Lalo con Faddis-Reid-Tate-Faddis (piano-trompeta-contrabajo-batería), por donde sí asomó el verdadero jazz que amaba Piazzolla. El modelo del tradicional "Battle hymn of the Republic", orquestado por Schifrin, con sus clarinadas y sus hinchazones, es el que se aplica por igual a Ellington, Armstrong, Gillespie, Bonfá-Jobim...
No es música funcional, porque hay muchas ideas bien puestas en medio de las fanfarrias. Pero otra vez se sucumbe a la tentación de del gigantismo sonoro y la demagogia con una orquesta sinfónica. Y esto, seguramente, no lo agradecería ningún músico serio.
Por lo demás, la Sinfónica Nacional lució como nunca sus maderas y sus bronces. Un buen ejercicio de distensión en el que brillaron con luz propia el clarinete y saxo tenor de Daniel Kovacich y el trombón de Carlos Ovejero. Aunque las cuerdas debieran correr por el incierto camino de la amplificación. .
René Vargas Vera