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Quiénes son y qué piensan los padres que no vacunan a sus hijos

Sociedad

Una radiografía de las familias naturistas que, en general, eligen partos domiciliarios y no medicar a sus hijos; explican por qué cuestionan la vacunación; médicos alertan sobre los riesgos para la chicos y para toda la sociedad; ¿progresistas o retrógrados?

Por   | LA NACION

 
Angie Ferrazzini, junto a su hijo Moreno, que por ahora no tiene ninguna vacuna. Foto: LA NACION/ Guadalupe Aizaga
 

La declaración de emergencia sanitaria mundial ante el riesgo de que se propague la poliomelitis, que se contagió de un modo anormal en los últimos meses, recupera el valor preventivo de las vacunas. La enfermedad, que es altamente contagiosa y afecta principalmente a los menores de cinco años, puede reaparecer si disminuye el uso recomendado de las dos vacunas disponibles, Sabin (oral) y Salk (inyectable).

En la Argentina no se registran casos de polio desde 1984 porque el porcentaje de vacunación supera el 95%, cifra suficiente para interrumpir la circulación de virus y bacterias. De ahí que los especialistas coincidan en la importancia de cumplir con la ley que establece vacunas gratuitas y obligatorias como parte de una política de salud pública.

"Las vacunas y el agua potable son las dos estrategias que más vidas salvaron", lo dice la OMS y lo subraya Carla Vizzotti, la funcionaria a cargo del Programa Nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles (ProNaCeI) del Ministerio de Salud de la Nación.

Pero, ¿quién es ese cinco por ciento que aún decide no vacunar a sus hijos? ¿Cuáles son sus miedos, sus prejuicios? ¿Qué experiencias los llevaron a esta decisión? LA NACION se acercó a conocer historias de padres naturistas que creen que la vacunación perjudica la salud de sus hijos.

Fabiana Ghiglioni cuenta que le cambió la vida la llegada de su hijo Ami. Cuando a los 7 u 8 meses quisieron darle de probar carne, el pequeño se negó. "No quería comer y nos tuvimos que poner a averiguar qué hacer", dice esta mamá, ocho años después. Así se acercó a la antroposofía, una medicina no tradicional que define como "preventiva" y que aborda la salud y la enfermedad como eventos biográficos relacionados con el cuerpo, el alma y el espíritu de la persona.

"Nosotros estamos seguros y tranquilos con esta decisión. Las vacunas no son lo que se piensa, te están metiendo un químico que no es bueno"

"Ahí me desperté", dice Fabiana. Se refiere a algo más que cambios en la alimentación de toda la familia, que incorporó una dieta fuerte en cereales, nueces y frutas. Esta mamá, que empezó a dedicarse a la fabricación de ropa para chicos utilizando "algodones nobles", dice que hasta los nueve meses de Ami fue una madre tradicional; ahí traza un antes y un después. "Luego empecé a abrir la conciencia. Entonces no lo vacuné más", cuenta. Aclara que para ir a la escuela que eligieron, una Waldorf, no se les exige tener todas las vacunas.

"Nosotros estamos seguros y tranquilos con esta decisión. Las vacunas no son lo que se piensa", dice. "Te están metiendo un químico que no es bueno". Según su mirada, "hay enfermedades que está buenísimo tener. La rubéola o el sarampión, todas las eruptivas, está bien que las tengan porque cuando el niño pasa por ellas quema un montón de cosas que ya no necesita". Agrega: "A eso lo podes leer en el libro de Steiner". Se refiere al filósofo austríaco Rudolf Steiner, fundador de la antroposofía y la educación Waldorf.

Y lo grafica así: "En el momento en que el chico tiene una de estas eruptivas empieza a decorar su casa. Antes era prestada, heredada. Desde entonces, empieza a apoderarse de él mismo".

Fabiana cuenta que Ami es súper enérgico y sano. "Una vez por año tiene fiebre. No me da miedo y se la banca sin darle nada. Si veo que está muy arriba, cerca de 40 grados, hay una medicina, la Apis belladona", comenta. Pero dice que prefiere bajarle la fiebre con agua y limón, con paños fríos o con baños. "Está bueno que atraviese las fiebres, porque así está haciéndose más fuerte, aumentando sus defensas", dice.

Para esta mamá de Vicente López, que se rige por estos principios, no es fácil hablar de su elección de vida. "Yo si el otro está abierto a escuchar, está interesado en saber de la filosofía que seguimos estoy dispuesta a contarle, sabiendo que no soy ninguna improvisada. Tengo fundamentos de vida", dice a LA NACION. Reconoce que muchos incluso en su familia la condenan: "Recibo un montón de reproches; es difícil que te entiendan".

Ella insiste en que lo importante para su esposo y su hijo es estar en equilibrio con la naturaleza en cuanto a la alimentación, la medicina, la educación, la crianza. "Pero no somos fundamentalistas, no somos vegetarianos totalmente y una vez cada tanto comemos carne", dice. Ellos van cada sábado al mercado de Sabe la Tierra en Vicente López y allí se aprovisionan de alimentos saludables.

La respuesta oficial

A pesar de las buenas intenciones de Fabiana, Carla Vizzotti, la funcionaria responsable de ProNaCeI del Ministerio de Salud, recuerda que hay una ley (N° 22909) que establece que las vacunas son gratuitas y obligatorias y son consideradas un bien social: es decir, no solamente benefician en forma individual a la persona que la recibe, sino a la comunidad ya que bloquea la circulación de virus y bacterias y previene la enfermedad en personas que no se vacunaron por alguna contraindicación (por ejemplo, embarazadas o mayores de 65 años) o porque todavía no tienen la edad (bebes menores de un año cuyo sistema inmune está todavía inmaduro para recibir todas las dosis).

Y habla de un trabajo de concientización que realiza, en algunos casos personalmente, en comunidades naturistas. "Los padres naturistas que no vacunan a sus hijos tienen el discurso de que ellos llevan una dieta sana, una vida saludable, entonces el hijo tiene menos posibilidades de enfermarse. Y eso es cierto. Pero no es cero", señala. Ella celebra la alimentación y la vida saludable e incluso las medicinas alternativas, como la ayurveda o la homeopatía, que benefician a la salud individual, pero combinadas con vacunas que protegen a toda la comunidad. "En 2011 tuvimos 76 chicos fallecidos por tos convulsa y no eran del estrato socioeconómico más bajo", informa. Además, intenta explicarles que, por ejemplo, cuando a un nene lo afecta la meningitis, si no está vacunado no hay tiempo para hacer nada.

Si exponés a un chico al sarampión y se le complica con neumonía o cefalitis puede incluso morir

- ¿Se fortalece un nene que pasa por una enfermedad como el sarampión?

- Ese es un concepto absolutamente equivocado. Obviamente que si el chico pasa sin complicaciones se le crean anticuerpos. Pero si lo exponés al sarampión y se le complica con neumonía o cefalitis puede incluso morir. El concepto es que la vacuna es el virus atenuado, con lo cual: ¿por qué lo vas a exponer al virus patógeno y salvaje y no aplicar una vacuna con un virus atenuado que no lo enferma y le da los anticuerpos? Es un error de concepto absoluto. La vacuna es una decisión importante y lo conversamos con los papás. Estuve en la comarca andina en el sur, donde hay una comunidad naturista muy importante; ellos quieren lo mejor para sus hijos; nosotros también. En El Bolsón fue el último caso de sarampión importado. En Córdoba, cerca del Cerro Uritorco, también hay una comunidad grande que se opone a la vacunación. Y son de riesgo para todos si brota ahí una enfermedad.

Podríamos llegar a la vacunación compulsiva, porque se trata de una ley, pero es preferible invertir tiempo en derribar mitos

- ¿Hay un aumento de familias que no vacunan a sus hijos, una especie de moda?

- No sé si aumenta, pero como en la Argentina se avanzó mucho, se incorporaron muchas vacunas al calendario, cuando vemos por qué no mejora la cobertura aparecen este tipo de cosas. Por eso estamos teniendo más contacto con ellos.: nos sentamos a charlar, a contarles que subestiman enfermedades. Podríamos llegar a la vacunación compulsiva, porque se trata de una ley, pero es preferible invertir tiempo en derribar mitos.

 
Moreno, un pequeño de un año y siete meses, en su casa de San Isidro. Foto: LA NACION/ Guadalupe Aizaga
 

Angie Ferrazzini nació y se crió en el campo, en Necochea. Su locura por los mercados y las ferias la acompaña desde que empezó a viajar por el mundo, a los veinte años. "Me fui de mochilera a Europa. Siempre lo primero que visitaba, antes que un museo, eran los mercados", recuerda en su casa del bajo de San Isidro, donde vive con su esposo y sus tres hijos.

Hay un montón que en otros países se han dejado de dar vacunas y acá se siguen dando

El pequeño Moreno, de un año y siete meses, se acerca a su mamá con un palo de jockey más alto que él. Se queda en brazos un poco, con intenciones de teta. "Le sigo dando, a todos les dí como hasta los dos años", dice Angie, que sigue con su relato. "En medio de la hecatombe de 2001 empecé a investigar para armar mi propio mercado. Me llevó ocho años hasta que creé Sabe la Tierra". Dieciséis productores exhibían en tablones frutas, verduras, pollos, huevos y panificados en el jardín del frente de su casa. Así estuvieron un año hasta que se armó una red de consumidores de 700 vecinos. Ahora coordina tres mercados: uno en San Fernando, otro en Tigre y el tercero en Vicente López.

Este proyecto atravesó su vida y, luego, la de su esposo y sus hijos. Cuando nació la primera, Lua, Angie todavía era una mamá "tradicional". Cuenta que la tuvo por cesárea en un sanatorio y que el parto natural no le parecía para ella; cuando llegó Caetano, que ahora tiene 7 años, el parto sí fue hogareño. Luego decidieron mudarse de la Capital a San Isidro. "Quisimos estar en contacto con el río, este es un lugar mucho más afín a mí: salgo a la mañana en la bicicleta con Moreno, no puedo ni andar dos cuadras que saludo a todo el mundo, un poco lo que me pasa en Necochea". Moreno, el más pequeño, también nació en casa.

Ella cuenta que los chicos mamaron de pequeños la dinámica de las ferias: allí se compran desde sus golosinas saludables hasta la ropa usada. "Los educamos en la carrera del ser y no del tener", dice. También trabajan en la huerta y en el reciclado de residuos, además de hacer mucha vida al aire libre. "La escuela a la que van, la Piaget, tiene una mirada sobre el ser, inculca valores solidarios", comenta. Aclara que es una escuela privada más abierta que la Waldorf, donde intentó mandarlos sin suerte con las vacantes.

- ¿Los chicos están vacunados?

- Lua, pobre, tiene todas las vacunas. Porque, como te decía, seguía todo el librito de lo que había que hacer. Caetano tiene algunas: conversé con su pediatra y me dio pocas. Moreno, el más chiquito, no tiene ninguna.

Ella cuenta que se atiende toda la familia con un médico antroposófico, que también va evaluando a los chicos. Además consulta a una pediatra. "Prácticamente no los he medicado", dice. Coincide con Fabiana en que hay que transitar las enfermedades. Habla tranquila, convencida de su decisión como mamá. "Si tienen fiebre la transitan. Yo te hablo así porque nunca tuve a los chicos con convulsiones ni nada, nada extremo. Las fiebres que han tenido fueron leves", aclara.

Cuenta que los chicos ya no quieren tomar medicamentos. "Saben que hay unos globulitos que les doy, es medicina homeopática".

- ¿Cómo decidiste lo de las vacunas?

- Es una decisión mía. A Moreno lo veo así tan saludable... En algún momento le daré alguna. No sé. Yo investigué un poco el tema de las vacunas: hay un montón que en otros países se han dejado de dar y acá se siguen dando. El tema de las vacunas es muy político, también.

- ¿No te da miedo de que se enferme?

- Los otros están vacunados, el riesgo es menor. Tengo una mirada de que las enfermedades son aprendizajes de la vida. Si ellos tienen que enfermarse de algo.pero la realidad es que las vacunas que nosotros nos damos son de enfermedades que están erradicadas; la polio, por ejemplo. No creo que se enfermen de eso aunque no se vacunen.

Un médico contra el "pensamiento único"

Hay médicos como Eduardo Yahbes, la cara visible del sitio Libre vacunación, que en diálogo con LA NACION defiende la decisión de no vacunar. "Hay un pensamiento único de que las vacunas constituyen el mayor avance de la medicina. Esto no es cierto, hay profesionales prácticamente en todos los países del mundo que tienen una postura contraria", dice.

Agrega que él se opone por dos razones: "No son efectivas y no son inocuas". Dispara estas sentencias y se explaya: "Se habla de la necesidad de vacunar a un determinado porcentaje de población para evitar las epidemias; sin embargo quienes más padecen las epidemias son los vacunados".

Yahbes sostiene que "las vacunas contienen una serie de elementos tóxicos y contaminantes algunos de los cuales no figuran en los prospectos, tampoco le entregan los prospectos a los vacunados, ni creo que los profesionales los lean porque en líneas generales figuran los efectos adversos que pueden producir". Y agrega que las vacunas aumentan la incidencia de enfermedades crónicas de variada naturaleza hasta en un 500 por ciento.

Este referente de "Libre vacunación" reconoce que hay enfermedades que disminuyeron luego de la aplicación de vacunas, pero agrega que la reducción venía dándose de todas formas.

 
Perla, junto a su hija Chiara, de paseo por Granada, España. Foto: Facebook
 

Perla Herro es una mamá convencida de estos conceptos. Tanto con su hijo Tiziano, de 26 años, como con Chiara, de doce, mantuvo la convicción de no vacunarlos. "Siempre tuve esa postura por un conocimiento de estar en desacuerdo con las vacunas", dice a LA NACION. "Uno tiene sus propias defensas, las desarrolla". Cree que los padres deben ser dueños de esa opción y no el Estado.

"El padre que no vacuna a sus hijos es más responsable ante una posible enfermedad porque no le da un remedio y se desentiende. Esta opción es más amorosa", dice. "Mi médico me dice que cuando traen a un chico enfermo es porque la mamá no lo pudo sostener. Con esta mirada más desde el amor y la contención se lo empodera al chico".

Perla aclara que no quiere convencer a nadie de su postura, ni "anda afiliando gente". Hace 25 años cuando se decidió por esta opción de la homeopatía, la antroposofía, el parto en casa, la comida macrobiótica se sabía muy poco de todo esto. "Yo me preocupé de criarlos en libertad y con la conciencia de elegir la salud integral de ellos", agrega.

 
Chiara, de doce años, es una nena que nunca fue vacunada por decisión de Perla, su mamá. Foto: Facebook
 

¿Progresistas o retrógrados?

La pediatra Matilde Glineur Berne, con 29 años de servicio en Río Cuarto, Córdoba, cerca de la comunidad hippie de Capilla del Monte, dice que conoce a grupos de padres que no quieren vacunar a sus hijos, que tienen partos domiciliarios, que son vegetarianos y le plantean a ella el tema como algo nuevo. "Parece que hubieran inventado la pólvora; se creen progresistas y es lo más retrógrado que se vio", dice.

Cita estadísticas oficiales que prueban la baja de la mortalidad materna por los partos hospitalizados y de la caída de la mortalidad infantil por el impacto de las vacunas . "Esto es evolucionar, evitar que el niño llegue la médico", agrega. Se refiere a los casos de pacientes que por no vacunarse desarrollaron un virus "salvaje", muy agresivo; y de comunidades naturistas en las que por no vacunarse tienen brotes de enfermedades que ya se habían eliminado en el país.

Allí reside la salud pública y solidaria..

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