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Museo del genocidio armenio

Jueves 15 de mayo de 2014
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El gobierno porteño, en una decisión que cabe aplaudir, ha decidido conceder un predio en el barrio de Palermo para que nuestra comunidad armenia pueda construir allí un museo especial dedicado a conmemorar el brutal genocidio de los armenios, perpetrado en tiempos del Imperio Otomano, hace casi cien años. Esto, de alguna manera, se suma a una iniciativa de corte similar que ya se ha materializado en Uruguay y a otra que avanza en el mismo sentido, en la capital de Francia.

Hablamos ciertamente de la que fuera una inmensa tragedia que, lamentablemente, aún no ha sido reconocida concreta, total y formalmente por Turquía. Se inició en abril de 1915 con la matanza de decenas de miles de armenios, sumada a la deportación forzada de la población armenia, obligada a marchar hacia el Sur, en medio de atrocidades y privaciones inhumanas que la diezmaran en su penosa marcha. Perdieron la vida un millón y medio de armenios, en tanto que otros cientos de miles fueron forzados a abandonar Turquía.

Por ello, ya en mayo de ese mismo año, los gobiernos de Gran Bretaña, Francia y Rusia denunciaron tempranamente que lo sucedido conformaba una lamentable ola de crímenes de lesa humanidad cometidos contra el pueblo armenio, que ha merecido la calificación de genocidio.

No obstante, Turquía lleva prácticamente un siglo aferrada al negacionismo, lo cual es condenable e inaceptable. Porque, en palabras de Jean Jaurès, "la humanidad no puede dormir con el cadáver de un pueblo asesinado en su cuarto". Y porque, como señalara hace pocos días el presidente de Francia, François Hollande: "El trabajo de la memoria exige el rechazo de la falsificación y de la manipulación, porque el negacionismo no es una opinión, tampoco es una teoría, ni una concepción. Es una ofensa a la verdad, un insulto a las víctimas y a sus descendientes".

Días pasados, también el papa Francisco, en un encuentro en Roma con su santidad Karekin II, patriarca de los católicos en Armenia, recordó a los mártires del genocidio armenio destacando que su número fue superior al de los mártires de los primeros siglos de la Iglesia Católica y afirmando que se trató del primer genocidio del siglo XX.

La existencia del museo en nuestra ciudad ayudará a no bajar los brazos en la larga e incansable lucha por el reconocimiento de la verdad y por mantener viva la memoria del referido genocidio.

El museo servirá, asimismo, para que Turquía advierta el profundo interés de nuestra propia sociedad en que se haga un reconocimiento expreso del genocidio, que debe ser completo, sincero y auténtico. Asumiendo, de cara a la verdad histórica, todo lo sucedido y las responsabilidades del caso.

Cuando falta poco para que se cumplan cien años de este trágico derramamiento de sangre, es necesario ir más allá de las meras declaraciones de intención, sin hacer cálculos que puedan tan sólo tener que ver con contingencias electorales o con razones políticas circunstanciales. Por esto, entre otras cosas, cabe apoyar la labor del Consejo Internacional para el Estudio del Genocidio Armenio, uno de los esfuerzos en dirección a desterrar la continuidad del condenable negacionismo. Todo lo que contribuya honestamente a revelar la verdad y reconocerla merece, naturalmente, el apoyo de todos.

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