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Exuberancia musical

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LA NACION
Miércoles 11 de junio de 2014
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Adriana Lecouvreur, ópera de Francesco Cilea con libreto de Arturo Colautti / Dirección musical: Carlos Vieu / Puesta: Crystal Manich / Escenografía: Noelia Svoboda / Vestuario: Lucía Marmorek / Iluminación: Rubén Conde / Dirección coral: Juan Casasbellas / Elenco: Virginia Wagner (Adriana Lecouvreur), Eric Herrero (Maurizio), Adriana Mastrángelo (Princesa de Bouillon), Omar Carrión (Michonnet), Christian Peregrino (Príncipe de Bouillon), Sergio Spina (Abate de Chazeuil) Buenos Aires Lírica / Sala: Teatro Avenida / Próximas funciones: jueves y sábado próximos.

Nuestra opinión: muy buena.

Merece elogios el trabajo de Buenos Aires Lírica y su nueva producción de Adriana Lecouvreur, de Francesco Cilea. En primer lugar, por la selección del título y, luego, por el notable elenco que protagonizó el drama y puso de relieve con excelentes voces toda la exuberancia e inagotable caudal de su música.

Un pasaje de la ópera
Un pasaje de la ópera.

Sobre la base de una escenografía realizada por Noelia Svoboda, austera pero efectiva a la hora de aprovechar las posibilidades de los decorados con soluciones artísticas (una plataforma móvil con aspecto de caja que hace las veces de "teatro en el teatro" permitiendo posicionar a actores y espectadores desde diferentes perspectivas, o ser usada luego como salón de escondite, etc.), la pieza transcurrió con naturalidad y buen manejo de un espacio que sin dudas fue llenado por la música. El principal mérito en el tratamiento escénico que aportó la directora estadounidense Crystal Manich residió precisamente en marcar los vínculos y movimientos necesarios para el desarrollo de la acción sin entorpecer el torrente musical de esta obra maestra del gran repertorio lírico. Las contribuciones del interesante manejo de la luz realizado por Rubén Conde, así como el vestuario de Lucía Marmorek, fueron considerables e imprescindibles en el acabado visual de la obra.

El elenco trascendió especialmente ya desde la protagonista, Adriana, en la voz de una estupenda Virginia Wagner, que lució sus cualidades de soprano dramática con seguridad y extraordinaria línea, clara dicción y colores ricos en las notas largas. A partir de la famosa aria "Io son l'umile ancella", Wagner creció con cada una de sus escenas. Su contrafigura, la mezzo Adriana Mastrángelo en el rol de la Princesa de Bouillon, conquistó el espacio de villana con la solvencia característica de sus presentaciones, transmitiendo con aplomo, desde el canto y su physique du rôle, el perfil del personaje. Deslumbró en su entrada con el "Acerba voluta", aria en la que espera la llegada de Maurizio con una mezcla de emoción y agitación dramática sintetizada en su magnífica voz.

Eric Herrero -tenor brasileño que debutó en la temporada anterior en Jenufa- cumplió las necesidades de su papel de Maurizio, Conde de Sajonia, con sonoridad amplia aunque algo exigida a la hora de crear un buen legato con diversidad de color. Un vibrato y exceso de uso del portamento -recurso propio del verismo que consiste en el pasaje de una nota a otra arrastrando las notas intermedias para acentuar el dramatismo de una frase-, no deslucieron su meritoria actuación, en ascenso y con pasajes espléndidos a partir del segundo acto. Excelente fue la composición del barítono Omar Carrión en su papel de Michonnet, con una construcción personal de carácter -la más convincente actoralmente-, plena de sutilezas y logros escénicos. Buen papel desempeñaron el bajo Christian Peregrino (Príncipe) y Sergio Spina (Abate), éste último con particular estilo histriónico.Notable fue la entrega del director Carlos Vieu a cargo de la orquesta, que no decayó en el sostén de la narración musical, en su variedad de climas y contrastes entre lo poético sutil y lo suntuoso romántico, alcanzando momentos de expansiva plenitud en ese caudal de música inagotable concebido por las inspiradas musas de Cilea.

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