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Cómo medir el progreso social

Lo peor sería volver a insistir en políticas cortoplacistas que han demostrado ser inconducentes

Miércoles 11 de junio de 2014 • 00:10
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PARA LA NACION
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En el Índice de Progreso Social 2014, nuestro país ocupa el puesto 42 dentro de 132 países. Es una posición intermedia, que no está mal, pero que no es consistente con los recursos y las capacidades que tenemos. Esto ocurre a pesar de que todos los dirigentes políticos de las diferentes líneas ideológicas que operan en nuestro país se declaran a favor del progreso, e incluso "progresistas", pero esto no es suficiente para obtener progreso social para la comunidad.

Trataremos de comprobar los resultados de nuestro progreso, pero considerando varias dimensiones de la evolución de las variables que hacen al bienestar ciudadano. Para ello vamos a utilizar el Índice de Progreso Social, según el trabajo de la ONG Social Progress Imperative, que llevaron adelante Michael Porter, Scott Stern y Michael Green, en la publicación Social Progress Index 2014.

"Los dirigentes políticos de las diferentes líneas ideológicas que operan en nuestro país se declaran a favor del progreso, e incluso progresistas, pero esto no es suficiente para obtener progreso social "

Según este estudio, "el progreso social es la capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos, estableciendo las vías que permitan a ellos y sus comunidades mejorar y sostener la calidad de sus vidas y además crear las condiciones para que todos los individuos puedan alcanzar su potencial pleno".

Este índice combina tres dimensiones de dicho progreso, analizadas por medio de varios indicadores: 1) Necesidades Humanas Básicas que incluye a) Nutrición y cuidados médicos básicos, b) agua y sanidad, c) vivienda y d) seguridad personal; 2)Fundamentos del wellbeing (bienestar en sentido amplio) que suma e) acceso al conocimiento básico, f) Acceso a la Información y Comunicaciones g) salud y bienestar, h)Sustentabilidad del ecosistema, y 3) Oportunidades, que incluye i) derechos personales, j) libertad personal y de elección, k) tolerancia e inclusión, l) acceso a educación avanzada. A cada uno de estos componentes lo miden por la evolución o por el nivel de tres a seis indicadores representativos.

La Argentina, como dijimos, ocupa el puesto 42 entre 132 países, así que está relativamente bien, aunque el índice no es consistente con las potencialidades del país. Algo fundamental para tomar en cuenta en nuestras decisiones es que todas las dimensiones del progreso social (Necesidades humanas básicas, Fundamentos del bienestar y Oportunidades) mejoran con el aumento del PBI per cápita, aunque en distinta proporción, como puede verse en el gráfico, que incluye a 132 países:

La satisfacción de las Necesidades Humanas Básicas depende en gran medida de las condiciones económicas, medidas por el incremento del PBI per cápita. En tanto que los Fundamentos del Bienestar en sentido amplio, también dependen de las condiciones económicas pero en menor medida, lo mismo que la dimensión de Oportunidades. Por lo tanto, el conjunto de ideas que puede mejorar más el progreso social de la Argentina es aquel que logre mejorar más el ingreso per cápita de sus ciudadanos en el largo plazo, de manera sostenible, proceso que debe ir inseparablemente acompañado de una política social balanceada.

La cifra que utilizaron los investigadores para el caso de la Argentina es de 11.658 dólares de PBI per cápita según PPP (Paridad del Poder Adquisitivo) que corresponde al año 2005. Los países que hace 80 años tenían el mismo nivel de PBI per cápita que nosotros, ahora están muy distanciados de nuestros niveles, como es el caso de Canadá con 35.936 u$s/cápita en 2005 o Australia con 35.669 u$s/cápita en ese año, es decir 3 veces más progreso que con nuestra forma de encarar el progreso social basado en medidas de corto plazo como priorizar el consumo sobre la inversión. Nuestro modelo fracasó y debemos reconocer nuestro error como país. Lo peor sería querer ignorar esa realidad y volver a insistir en políticas cortoplacistas que han demostrado ser inconducentes al progreso social.

En las elecciones de 2015 tenemos una oportunidad de cambio después de 80 años de ese tipo de políticas clientelistas de corto plazo, es decir, basadas en obtener votos y no en lograr el progreso social. Los candidatos a dirigir el país deberían ser claros sobre los cambios que proponen sobre el futuro de las variables clave para recuperar el progreso social y acerca de cuál será su política de largo plazo. De esta manera los ciudadanos podrían elegir mejor

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