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¿Vienen a ver el partido?

Según las encuestas, casi el 80 por ciento de los argentinos se reunirá en una casa para ver el Mundial; qué se tiene en cuenta al elegir al anfitrión ideal

Sábado 14 de junio de 2014
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LA NACION

El Verde, el Polaco, el Peteco, el Marto y el Chino. Mañana, todos se juntarán en la casa de Tomás Quartino, publicista y músico. Por unanimidad, él fue elegido por su grupo de amigos como el anfitrión del Mundial. "¿Por qué en mi casa? -repregunta Quartino-. Cada uno tiene su rol. Está el que hace los asados o el que instaló la Play para que vayamos todos a jugar. Cuando se trata de fútbol, siempre vienen acá. Para mí el Mundial se mira por TV, y me lo tomo con seriedad". Señal digital, alta definición de imagen, sillón mullido de varios cuerpos, mesita baja para tener bebida, comida al alcance de la mano y un menú bien autóctono: locro al disco servido en cazuelitas individuales. A Quartino le gusta agasajar a sus amigos, y él se encarga de todo. "Yo pido que los invitados, si quieren, traigan algo especial, un detalle que haga la diferencia. Uno prometió helado celeste y blanco, veremos... Otro viene con cotillón. Y hasta se hicieron entradas para el evento, con reventa y todo".

Es que un buen anfitrión, dice Quartino, no es sólo aquel que tiene todo perfectamente organizado. "Sino el que sabe resolver un imprevisto", asegura. ¿Cómo actuar entonces ante un vecino con señal de televisión analógica que celebre el gol entre dos o tres segundos antes? ¿Cómo se tolera ese fatídico delay? "Ahí se ve la capacidad de resolución. ¿Qué hago? Lo invito a casa, le mando una carta documento o amenazo a la mascota. Hay que estar atento en el primer corner, y si uno escucha en forma anticipada un «uhhh». Bueno, recalculás enseguida."

Como Quartino, casi el 80 por ciento de los argentinos se reunirá en una casa para ver el partido. Así se desprende de una encuesta realizada por la Facultad de Turismo y Hospitalidad de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), que quiso testear los hábitos de los argentinos ante la llegada del Mundial. Y la respuesta tiene su lógica, porque de los siete partidos que jugaría la Argentina si llega a la final, seis caen los fines de semana. Es cierto que algunos se fueron a Brasil, pero la mayoría, más que en viajar, piensa en cómo armar en su departamento el propio estadio.

"El segundo partido cae sábado al mediodía. Sale picada y asado en casa. Hay un voluntario que se postuló y no vamos a negarnos. Siempre está el que tiene que sacrificarse por el grupo -cuenta Kevin Kogan, que vive en Palermo-. La parrilla está en la terraza, pero desde ahí también se ve la tele. Está todo pensado. Yo creo que los más botones son los que van escuchando la radio mientras manejan y se adelantan al grito con una catarata de bocinazos."

¿Qué es lo más importante que no puede faltar en la casa del anfitrión? Según el relevamiento de la UAI –que encuestó en forma telefónica a 810 personas en la Capital y el Gran Buenos Aires–, hombres y mujeres consideran fundamental la buena onda. Pero con eso no basta. También hay otras cuestiones que debatir. ¿Picada o asado? ¿Alta definición de imagen y soportar el delay de la señal digital o el clásico TV de transmisión analógica? Y un clásico que sucede en cada Copa del Mundo: ¿hombres solos frente a la TV o la familia unida? El juego está abierto.

Más allá de estas decisiones, y si de ambientación se trata, el 46,9% de las mujeres y el 46,3% de los hombres señalaron la importancia de contar con sillones cómodos y mullidos. Y en cuanto a los niños dando vueltas, el 41,1% de los varones fue determinante (cuando no excluyente): "El partido se ve sin niños".

Eso sucede, un ejemplo calcado, en lo de Nicolás Puricelli, soltero, 34 años y visitador médico. Su rol de anfitrión, dice, es un legado familiar, una herencia que él asume con orgullo y satisfacción. "Históricamente, desde que vivía con mis viejos, mi casa siempre fue el lugar de reunión con mis amigos. Y cuando me fui a vivir solo se mantuvo. Me gusta recibir gente, organizar, que todos se sientan cómodos", confiesa Nicolás. Así como no hubo debate sobre el punto de encuentro, porque lo de Nicolás era una fija inamovible para todos, el grupo de amigos (que fortaleció su unión en un taller sobre desarrollo personal y liderazgo) tampoco discutió sobre otras cuestiones. A saber: solamente hombres. "No se permiten las mujeres ni los niños", arremete Nicolás. Nadie revocó la sentencia, pero sí tuvo lugar el intercambio de ideas acerca de las opciones del menú mundialista. "Asado no. El que va a la parrilla pierde, o comemos todo quemado. Una buena picada con cerveza es una chance, y si no pizzas", resume el anfitrión.

Muchos preguntan, indecisos, si ante la ansiedad y el nerviosismo conviene comerse las uñas o una docena y media de empanadas. ¿Durante el partido se come o no? Para el 65% de los encuestados por la UAI, la respuesta fue sí. Una sustanciosa picada es lo que optó el 48,8% de los que mañana verán el partido en sus casas. Los más ansiosos, con ganas de devorar y no dejar nada en el plato, son los jóvenes de entre 18 y 29 años.

Con ADN gregario

Como asesor estratégico a empresas y organizaciones; como especialista en temas de sociedad, consumo, marcas y comunicación, y también como autor del libro Argenchip. ¿Cómo somos y cómo pensamos los argentinos? (Atlántida), Guillermo Oliveto se anima a reflexionar sobre cómo pensamos y actuamos los argentinos frente a un acontecimiento deportivo tan particular y de semejante magnitud. "El Mundial conjuga algunos valores muy fuertes de nuestra identidad. Somos latinos, tenemos espíritu gregario y nos gusta juntarnos y compartir una mesa. Lo hacemos de una manera espontánea, casi impulsiva. Algo que no sucede en la cultura sajona, por ejemplo. Es parte de un rito, un legado que tiene que ver con nuestra historia de inmigrantes. Juntarse, y más para ver un partido de fútbol, es un hábito muy argento."

Oliveto también menciona la participación de otros vectores. Uno de carácter más psíquico, "como el gusto por las celebraciones de todo tipo", y otro de tinte coyuntural, "donde en un contexto de pérdida de poder adquisitivo y de consumo contraído, el hábito de reunirse en las casas refuerza esa situación".

A diferencia de la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, donde los bares y los desayunos compartidos tuvieron un gran protagonismo –ya que por la diferencia horaria muchos de los partidos se transmitían por la mañana–, este campeonato es el de las casas, el de las reuniones entre amigos y, también, en familia.

La compañía del círculo más íntimo y la de parientes extendidos es elegida entre el 46,9% de las mujeres y el 36% de los hombres que respondieron el cuestionario de la UAI. Pero a medida que la edad aumenta, también lo hacen las ganas de estar con la familia. Por eso la mayoría de los jóvenes verá los partidos con sus amigos, mientras que más del 50% de los adultos casados y con hijos se sentará frente al televisor rodeado de mujeres, cuñados, suegros y niños.

Alejandro D’Andrea acepta a su suegra y a la pareja de su suegra, a los primos segundos y a todo el que quiera ir a su casa, en Avellaneda, para alentar al equipo de Messi. "El living es grande, por el espacio no hay problema. Además, el Mundial es una buena excusa para reunirnos todos en casa. Si mañana ganamos, la sede no se cambia, así que esperemos estar rodeados de gente por un mes, felices", dice D’Andrea, 45 años y padre de dos hijos, de 12 y 5.

Si los niños comienzan a deambular frente al televisor y se vuelven muy demandantes, la solución va de la mano de la tecnología. "La tablet, la Play, lo que sea para que se entretengan y podamos ver el partido en paz", argumenta. En medio del fervor mundialista, muchos admiten que el festejo por el Día del Padre quedará en un segundo lugar, y hasta agradecen, tímidamente, que el partido sea a las 19, lo que habilita a poder cumplir con el almuerzo familiar y después, huir. "Mis hijos y mi mujer siempre me agasajan. Seguramente me despertarán con un desayuno en la cama y un lindo regalo. Pero más que el Día del Padre, éste es el mes del Mundial. Y en la pantalla Led de 42 pulgadas Full HD que está en el living sólo se ven partidos de fútbol. Nada de Disney Channel ni Discovery Kids", remata el arquitecto D’Andrea.

Tomás Quartino citó a sus amigos a partir del mediodía, después del almuerzo. "Mi viejo fue el que me transmitió la pasión por el fútbol, así que él entiende esto mejor que nadie. Nos juntamos a almorzar, pero no se va a extender demasiado. Tengo que estar en casa temprano para preparar todo. Él no va a ofenderse porque mañana no le demos mucha bola."

Improvisación planeada

Son seis, tal vez siete. Amigos de los torneos de fútbol y todos, solteros. En la casa de César Petrino, 32 años, abogado y buen anfitrión, según su propia definición, la espontaneidad es la cábala. "Decidimos sobre la marcha. Todo lo compro yo, pero no sabemos ni qué vamos a comer ni a tomar. Algo informal, una picada o pizzas. Vino, cerveza, gaseosas. Nada especial", cuenta el dueño de casa. Pero en ese ámbito improvisado y distendido está el secreto de la reunión. "Me gusta que la gente se sienta cómoda, que no haya nada digitado de antemano. Cuando las cosas fluyen naturalmente todo sale mejor", predica Cel.

Pero llegar a ese fluir natural requiere de un trabajo previo. Lo saben bien los diseñadores Máximo Ferraro y Gustavo Yanquelevich, del estudio Modo Casa. "El clima de reunión es una sensación que, a veces, no es fácil de transmitir en un espacio. De base, el lugar debe contar con la cantidad de sillones y asientos bien confortables para que todo el mundo pueda sentarse y tener cerca lugares de apoyo donde dejar una copa o un plato. Pero la clave está en la iluminación, las texturas y la paleta de colores que se elijan para decorar ese ambiente", opina Ferraro. "La formalidad no va de la mano en este tipo de espacios, sobre todo cuando se trata de reunirse para ver un deporte. Lo ideal sería que ese lugar transmita esa cosa pasional y de confraternidad que, precisamente, es el alma de un equipo."

Sobre los sillones, asientos y lugares donde sentarse y ver el partido, las historias van mucho más allá de la decoración. ¿Cábalas mundialistas? Hay, y muchas. La mayoría de las mujeres consultadas (35,1%) confesó que, lo mejor, "es resignarse y rezar". En cambio, el 39,4% de los hombres tiene una cábala: "Sentarse en el mismo lugar todos los partidos".

Si el equipo de Sabella llegara a la final, en la mayoría de los hogares se esconde un mismo deseo: "Más del 50% de los encuestados aseguró que le gustaría (lo desean) que la Argentina jugara ese último partido contra Brasil. Algunos escucharán a Walter Nelson y Macaya Márquez, otros a Sebastián Vignolo y Diego Latorre. Con señal digital o analógica, el grito de gol sonará en la casa propia. El estadio es el hogar.

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