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Un viaje a Seychelles: Cómo es la vida y los negocios en un paraíso fiscal

Política

Es el país más rico de África, pero su gente vive en la pobreza; una radiografía de la isla que visitó Cristina Kirchner en 2013

En el otoño de 2012, dos extranjeros africanos aparecieron en Seychelles, un archipiélago verde esmeralda en el océano Índico a unos 1600 kilómetros al este de Somalia, en África. Estos visitantes no vinieron a disfrutar de la belleza natural ni las instalaciones de lujo. Dijeron que estaban allí para realizar negocios en el ajetreado centro financiero offshore.

Llegaron a las oficinas de "Zen Offshore", una de las docenas de firmas que se dedican a abrir sociedades fantasmas difíciles de rastrear. Explicaron que representaban a una persona que actuaba como "enlace entre el gobierno de Zimbabue y las minas de diamantes". Para cualquiera que entienda el nexo entre la corrupción y lavado de dinero esta declaración debería despertar sospechas. Pero antes de que pudieran decir nada más, un representante de "Zen Offshore" los interrumpió. "No queremos saber eso", dijo con una sonrisa. "Si tenemos conocimiento de eso, tenemos que decirlo. Por lo que hago de cuenta que no oí ni una palabra de lo que dijeron", agregó.

El agente les explicó cómo podían crear una compañía en Seychelles y ocultar la identidad del verdadero dueño con una estructura laberíntica al poner "una compañía dentro de una compañía dentro de una compañía". La sociedad seychellense sería controlada por otra en Dominica, que estaría controlada por otra en Belice, y así siguiendo. El que tratara de descubrir algo no podría seguir el rastro de papeles por todo el mundo.

Seychelles es imán para príncipes árabes, inversores chinos, piratas, fugitivos, mercenarios, mafiosos... y extranjeros que quieren ocultar su dinero

La conversación puede ser citada en sus detalles exactos porque los clientes potenciales en realidad no eran emisarios de empresarios africanos. Eran periodistas que estaban realizando una cámara oculta para un programa de televisión de la cadena Al Jazeera. El documental produjo un escándalo en uno de los santuarios offshore, un lugar que se ha ganado la reputación de imán para príncipes árabes, inversores chinos, piratas, fugitivos, mercenarios, mafiosos... y extranjeros que quieren ocultar su dinero u ocultar sus actividades de negocios.

A esta isla llegó Cristina Kirchner en enero de 2012. Las sospechas envolvieron su paso por Seychelles. Oficialmente se informó que la Presidenta pasaría por la isla porque su avión necesitaba una parada técnica en su camino hacia su gira por Asia. No conformes, algunos diputados de la oposición preguntaron por qué la Presidenta visitó Seychelles. Sospechan que sus horas en el archipiélagos pueden estar vinculadas a la red de sociedades montadas por el empresario Lázaro Báez, apuntado como testaferro de los Kirchner. El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), en alianza con LA NACION, recorrió las calles de Victoria, la capital de la isla en la que hasta su presidente tiene cuentas escondidas en paraísos fiscales.

Gracias a su sector offshore, Seychelles, un pequeño archipiélago con menos habitantes que la provincia de Tierra del Fuego, tiene una presencia en los anales de la corrupción y el lavado de dinero internacional. Donde hay olor a escándalo financiero, muy probablemente Seychelles esté involucrada. Es un eslabón crucial en estas cadenas de sociedades secretas. Dan sostén a un sistema que, según los críticos, atiende a traficantes de drogas, gente que comete fraudes, lavadores de dinero y evasores impositivos de gran fortuna. Pero es negocios de unos pocos: como contraparte, en la Seychelles sólo prospera la corrupción y la pobreza.

Un presidente en problemas

Para el gobierno de Seychelles, los beneficios del sector offshore son evidentes en la riqueza de sus 89.000 habitantes. El ingreso medio per capita supera los US$ 25.000, lo que lo convierte en el país más rico de África. Aunque esa riqueza no llega a la mayor parte de la sociedad. "Somos una nacion de oportunidades", declaró el presidente, James Alix Michel, el año pasado.

Pero registros secretos obtenidos por ICIJ indican que Michel buscó oportunidades en otras tierras. Los registros publicados en la base de datos Offshore Leaks de ICIJ, presentan a James Alix Michel como el único accionista de Soleil Overseas Holding Ltd., un ente offshore creado en las Islas Vírgenes Británicas en 2007. La dirección de los documentos de la firma Soleil es el de la residencia presidencial. Soleil Overseas Holdings era controlada por una firma de Mauricio llamada Pines Limited que, a su vez, supervisaba ocho compañías offshore más.

Una puerta giratoria

Paul Chow, actor de larga data en el negocio offshore, es bajo, canoso, piel color oliva, labios delgados y tienen antiguas raíces familiares en las Seychelles. Pasó cinco años en el parlamento, pero dejó la política para crear una firma de servicios offshore, opción popular entre ex políticos con relaciones y dinero. Chow describió el modelo de negocios: un abogado o contador de Estados Unidos, Europa o Israel lo contacta en nombre de un cliente rico; Chow crea una compañía en Seychelles con el cliente como accionista. Cobra una tarifa por cada compañía nueva y por producir el papelerío que se necesitan para abrir una cuenta bancaria. Dijo que su firma, FIFCO Offshore, le permitió ganar US$ 300.000 el año pasado, una pequeña fortuna en África.

"Las Islas Vírgenes Británica -dijo- registran 30.000 compañías al año. Nosotros estamos en unas 11.000. Estamos alcanzándolos"

Chow salió caminando del Edificio Premiere al calor de la tarde. Había una multitud de escolares en las veredas, riendo, cantando. Pero siguió hablando sin parar. "Las Islas Vírgenes Británica -dijo- registran 30.000 compañías al año. Nosotros estamos en unas 11.000. Estamos alcanzándolos". Dijo que Seychelles viene ganando terreno porque, a diferencia de Mauricio y otros centros offshore, ha resistido la presión de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras potencias internacionales. "Mauricio cometió el error de seguir las reglas", dijo. Se detuvo en el Yacht Club de las Seychelles, un lugar derruido, creado en 1964, cuando la isla aún estaba bajo control británico. Chow mencionó que podría presentarse a las elecciones presidenciales en 2016. Él no cree que la puerta giratoria entre la política de las Seychelles y el sector offshore sea un problema. Esquivó una pregunta sobre este fenómeno refiriéndose la vicepresidente estadounidense Joe Biden.

- "El lugar de donde viene el vicepresidente, ¿cómo se llama?"

- "Delaware".

Delaware, como las Seychelles, permite las sociedades-pantalla anónimas. Se ha convertido en otro santuario para gente que comete fraude y contrabandistas de armas. Chow cree que es injusto atacar a su país cuando naciones ricas y poderosas son igualmente culpables del flujo de dinero sin control: en esencia, argumenta, ¿entonces por qué no podemos hacerlo nosotros?.



Vivir en Seychelles

Victoria es una típica capital africana: baja, polvorienta y ruidosa. La acción offshore en Seychelles se centra en la plaza principal, en una serie de edificios de oficinas poco atractivos. Contadores y oficinistas trabajan departamentos de paredes blancas, en escritorios tapados de carpetas color manila.

La brecha entre ricos y pobres en Seychelles es una de las mayores del mundo, según el índice Gini. La disparidad se percibe en todas partes: la construcción de lujo inmaculada al lado de la choza. Por las mañanas pick-ups pasan rugiendo entre los ostentosos centros en construcción y el panal de abejas de casas prefabricadas que albergan una gran población de trabajadores provenientes del sur de Asia.

Jean-Paul Isaac, un blogger de la oposición que vive en la pobreza en la isla de Mahé, propone un "sector de servicios offshore fuerte y saludable que atraiga inversiones legítimas. Opuesto a una jurisdicción que está preparada para venderse.y convertirse en un paria internacional en el mundo de los servicios financieros".

Seychelles es el país más rico de África de acuerdo a su ingreso per cápita, pero esa riqueza no llega a la gente.

Isaac, que es un treintañero, vive en una choza de paredes de cemento en la ciudad dormitorio obrero de Mont Fleuri. En el patio delantero hay pollos que disputan el espacio con un par de perros sucios y un Jeep Cherokee moribundo. Isaac hace la mayor parte de su blogging desde su living, en una computadora de escritorio abollada. Es difícil imaginar un contraste más marcado con los centros cercanos, en la sombra de sus patios con palmeras. Pero como se apresura a señalar Isaac, él vive como la mayoría de los seychellenses. "La gente de las Seychelles vive con temor" dijo, entrecruzando los dedos detrás de la cabeza. "La gente vive mal aquí. No tiene dinero. No tiene nada. No pueden hacer nada".

El hijo de Isaac, aún en pañales, entró al living, seguido de la novia de Isaac. Mientras los pollos cloqueaban afuera, Isaac se reclinó hacia atrás en la silla y lanzó un extenso comentario sobre el costo que tienen para el país el sistema offshore y apuntó sobre el presidente Michel. "Estos tipos tienen ese negocio, viven de eso y así obtuvieron su dinero", suspiró. "Pero esencialmente venden la reputación de Seychelles para garantizar ganancias personales".

Por Matthew Shaer y Michael Hudson / Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación

Edición: Iván Ruiz

Traducción: Gabriel Zadunaisky



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