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La pista del tesoro nazi en la Argentina

Información general

Hipótesis: Shimon Samuels, investigador del Centro Wiesenthal, cree que el oro y las divisas llegaron al país a través de bancos y empresas europeas.

Por   | LA NACION

La comunidad judía internacional mira en estos días con atención a la Argentina, país donde, afirma, habría ido a parar gran parte del tesoro robado por los nazis a los hijos de Israel durante la Segunda Guerra Mundial, fortuna valuada por algunos en 40.000 millones de dólares.

Después de rechazar una gestión del Congreso Judío Mundial, el Banco Central de la República Argentina abrió sus archivos correspondientes a la década que va de 1949 a 1959 a Shimon Samuels, director de Relaciones Exteriores del Centro Simon Wiesenthal, de Viena.

La hipótesis de Samuels es que bajo el amparo del régimen de Juan Domingo Perón, los jerarcas de la Alemania nazi triangularon los envíos de importantes remesas de oro y divisas a la Argentina a través de bancos y empresas de España, Suiza y Portugal, entre otras naciones.

El investigador del Centro Wiesenthal se basa en abundante bibliografía de la época.

Entre ésta sobresale un libro de Silvano Santander sobre la actividad nazi en el Río de la Plata. Allí, el político radical afirma que el tesoro del III Reich habría servido, inclusive, para financiar la campaña política del fundador del Partido Justicialista. Actualmente, el interés de las organizaciones judías se extiende a Brasil, donde la Congregación Israelita Brasileña consiguió la promesa del gobierno de Henrique Fernando Cardoso de que hará "hasta lo imposible" para establecer el paradero del oro judío confiscado por los nazis.

El Banco Central ya aportó datos

Revelación: por primera vez, la entidad bancaria abrió sus registros a Shimon Samuels, número dos del Centro Wiesenthal quien investiga el destino que tuvo el oro nazi en el Río de la Plata.

Shimon Samuels, el número dos del Centro Simón Wiesenthal en el mundo y que vino a la Argentina a pedirle al Banco Central que abriera los archivos de depósitos de oro y divisas de la década de los 40, no se fue con las manos vacías, aunque todos los que participaron en la reunión intentaron mantener un hermético silencio.

Papeles sobre la mesa

Cinco tomos, en letra manuscrita, con pluma y tinta china -como se usaba en esa época- fueron puestos sobre el escritorio del Martín Lagos, vice presidente del Banco, para que Samuels chequeara la información sobre el tráfico de bienes malhabidos.

En esas hojas, amarillentas y gastadas, en muchos casos ilegibles por el paso del tiempo, está el registro y, en algunos pocos casos, la procedencia de los lingotes de oro que pasaron por esa entidad bancaria desde el año 1939 hasta entrada la década de los 50.

Samuels, quien mientras estuvo en la Argentina negó que la entidad bancaria oficial le hubiera dado informes, partió con los tomos caraturalos como "Caracoles", "Gran Tesoro", "Oro en Custodia", "Barras de Oro" y "Sobrantes de oro en Bancos".

Los datos que contienen esos archivos serán cruzados con la información que el Congreso Judío Mundial, (CJM), tiene en la ciudad de Nueva York y donde se concentra toda la información del botín que los jerarcas nazis sacaron de Alemania cuando los aliados avanzaban hacia el centro de Europa. Los especialistas del CJM calculan que los seguidores de Adolfo Hitler transformaron en lingotes el equivalente a 7000 millones de dólares que nunca fueron encontrados desde entonces.

Este material salió de los objetos rituales, las joyas expropiadas y los dientes arrancandos a los judíos en los campos de concentración, donde la mayoría encontró la más espantosas de las muertes.

Un robo en gran escala

Una maquinaria que formaba parte del Gran Exterminio, se encargó de transformar en lingotes todos estos artículos, de desengarzar las piedras preciosas, de desmontar de los bastidores las obras pictóricas, de embalar la cristalería y las esculturas con sumo cuidado y hasta llevaron para tan mentada wintercampagne (campaña del invierno) a las ciudades germanas, los tapados de piel robados a los condenados a muerte.

Esas pieles abrigaron a miles de mujeres alemanas que jamás preguntaron la procedencia. Tampoco lo hicieron los bancos donde el dinero y las divisas fueron depositados.

En un mundo convulsionado por el fin de la guerra, todos prefirieron mirar para otro lado y no interrogar a nadie sobre nada molesto.

Contradicciones

La búsqueda del oro nazi comenzó cuando el CJM empezó a rastrear en todo el mundo los movimientos bancarios hechos por los alemanes en países neutrales como Suiza, Portugal y España, entre otros.

A mediados de este año, el CJM solicitó a la Argentina que abriera sus archivos. Desde el Banco Central respondieron que no existían tales carpetas porque se habían quemado. Sin embargo y casi mágicamente, los documentos aparecieron.

No fue obra de la casualidad: sucede que todos los países están bajo sospecha y la Argentina no escapa a las generales de la ley, especialmente con el ingrediente adicional de que fue Juan Domingo Perón quien permitió a los jerarcas nazis que huían de una muerte segura, ingresar al país.

Sin chance para ocultar

A esto se suma ahora que Samuels, según indicaron a La Nación fuentes inobjetables, no le habría dejado a las autoridades del Banco Central la menor chance para esconder los documentos. Vino con una carta infalible: los nombres de algunas empresas españolas y portuguesas que habrían triangulado el oro hacia la Argentina.

La Nación intentó hablar con el senador Antonio Cafiero, ministro de Economía del gobierno de Perón, pero no obtuvo ninguna respuesta. Guillermo Patricio Kelly, ex militante de la Alianza Libertadora Nacional y luego acusado de colaborar con los servicios secretos israelíes, jura que es el empresario Jorge Antonio el que sabe intimidades de esas transacciones. Pero no habla.

La pista Evita

Algunos hombres de la comunidad consultados por este diario explicaron que "no hay que despreciar la pista Evita, es decir, los viajes de la mujer de Perón a Suiza".

José Jakuvovich, sobreviviente del campo de concentración de Dachau fue directo cuando La Nación lo entrevistó: "en el libro sobre el juicio de Nremberg hay un documento importantísimo. Es una carta de un jerarca nazi a otro, escrita antes del fin de la guerra, y en la que le dice: "Perón tiene una amiga que nos va a ser de gran utilidad. Se llama Eva`. Ella todavía no se había convertido en su esposa".

Jakuvovich dice más: "Perón le declaró heroicamente la guerra a Alemania por un acuerdo previo. Los norteamericanos pretendieron entonces atrapar al agregado alemán en Buenos Aires. Evita lo protegió, lo abrigó con el tapado militar de Perón y lo llevó hasta la frontera con el Brasil.

"¿Quiere más datos? Mi mujer es de la zona de Dolores y recuerda cuando en Madariaga bajaban alemanes con cofres", dice este sobreviviente.

La maniobra contó con la complicidad de grandes empresas

Lavado: cuando la guerra empezó a definirse a favor de los aliados, en la Argentina crecieron inusualmente las inversiones alemanas: una cuenta en Suiza a nombre del hermano de Eva Perón reavivó las sospechas.

La parte del tesoro nazi que llegó a la Argentina nunca fue, como muchos han querido imaginarla, una gigantesca montaña de lingotes de oro al estilo Alí Babá. El oro llegado a estas playas fue sólo una parte ínfima de los valores transferidos, y a lo largo de medio siglo hubo sobradas oportunidades de reciclarlo y convertirlo en bienes más negociables y menos sospechosos.

La pista seria para rastrear esta fortuna no pasa por el oro -que lo hubo- sino por las empresas de capitales alemanes radicadas en el país entre 1942 y 1944. Un informe del Departamento de Finanzas de los Estados Unidos, fechado en 1946, da cuenta del establecimiento de 98 firmas durante ese período, constituidas mediante transferencias giradas desde Berlín a Buenos Aires. Los giros llegaban al Banco Central, y desde allí se derivaban a las sucursales locales del Deutsche Bank, del Banco Alemán Transatlántico, y del Banco Germánico del Río de la Plata.

Esta ola de inversiones se produjo en el momento mismo en que el curso de la guerra empezaba a definirse en favor de los Aliados, y representó un crecimiento inusual: Entre 1900 y 1942 se habían establecido en la Argentina 202 firmas de origen alemán, y sólo en los dos años siguientes se establecieron las otras 98.

El investigador francés Philippe Aziz va un poco más allá y asegura que en 1942 Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi y hombre de confianza de Adolf Hitler, habías depositado en un banco de Buenos Aires, bajo nombre falso, la suma de 1.850.000 dólares.

En marzo de 1945, tras la tardía declaración argentina de guerra al Eje, muchas de aquellas empresas fueron nacionalizadas y puestas bajo la órbita de una llamada Junta de Vigilancia de la Propiedad enemiga. Otras nunca fueron vigiladas y un año más tarde, en 1946, hasta fueron contratadas por el Estado peronista para trabajar en órbitas públicas como el aeropuerto de Ezeiza.

Las otras pistas

Además de estas empresas -cuyo capital sumado es incalculable- hay por lo menos dos puntos de aproximación a la pista argentina del tesoro. Uno es el de las obras de arte robadas en Europa por las bandas de Hermann G”ering, y el otro el de los submarinos nazis desembarcados clandestinamente en playas patagónicas entre febrero y julio de 1945.

Dos precisiones sobre las obras de arte:

*A fines de los sesenta fue encontrada en Buenos Aires una pintura del maestro veneciano Francesco Guardi que había pertenecido a los Hatvany, una familia húngara emparentada con la nobleza. Los nazis la habían robado en un castillo de los Cárpatos.

*Otros Guardi, más Canalettos y algunas Braque confiscado en Francia a familias judías, también pasaron por la Argentina a través de la galería Wildenstein, fundada en 1941 y ya desaparecida.

El otro punto, el de los submarinos llegados clandestinamente a la Argentina, ya no es una historia tan secreta y se sabe que al menos dos entre una docena de naves trajeronvalores: una a San Clemente del Tuyú, el 7 de febrero de 1945, y la otra a Quequén, el 27 de julio del mismo año.

La gran pregunta, en todo caso, es si una parte de esos valores en acciones, obras de arte, joyas y dinero efectivo, fueron pagados a alguien en la Argentina a cambio de protección. El mítico viaje de Eva Perón a Europa, entre junio y agosto de 1947, puso al rojo esa sospecha.

El viaje de Eva

En España, Eva estuvo reunida con Hjamar Schacht -mago de las finanzas hitlerianas y posteriormente asesor en el Banco Central argentino-; en Italia amadrinó el viaje a Buenos Aires de Ante Pavelic y su horda de nazis croatas; en Portugal dedicó fotografías al mariscal fascista Rodolfo Graziani, y en Suiza hizo los movimientos más secretos que hicieron pensar que había llegado hasta allí para depositar aquellos fondos.

El velo recién comenzó a correrse a principios de los años sesenta cuando Perón -que estaba convencido de que su esposa había abierto en Suiza cuentas cifradas- envió cuatro misiones a Berna para develar el misterio. De los cuatro enviados (Jorge Antonio, Vicente Saadi, Isabel Martínez y Américo Barrios) sólo el viaje de Antonio dio resultado:en la Societé de Cret Suisse, el financista encontró una caja de seguridad vencida a nombre de Juan Duarte, quien había integrado la comitiva oficial de su hermana durante el viaje. Lo último encontrado sobre el tema es un documento de la CI) fechado el 23 de marzo de 1972 pero exhumado hace un mes, donde se dice que "Eva Perón pudo haber concretado un depósito por millones de dólares en un banco suizo durante su viaje a Europa en 1947".

El tesoro nazi ya ha dejado de ser una leyenda. La sospecha que hoy ronda sobre él no es qué parte llegó a estas playas, sino que se haya reciclado en fuertes holdings multinacionales que medio siglo después de fundados continúen operando con volúmenes, ramificaciones y socios impensados.

Para algunos será revivir el horror

Dolor: la angustia que les provoca a los sobrevivientes del holocausto nazi el recuerdo de aquellos días hace que prefieran no pensar en las pertenencias que les fueron expropiadas durante la guerra.

Fue difícil y doloroso conseguir el testimonio de sobrevivientes de los campos de exterminio nazis que viven en la Argentina. Al principio, contestaron que sí, que hablarían de su pasado. Más tarde se comunicaron con La Nación y pidieron disculpas: "No puedo hacerlo". "No quiero". "No me siento capaz". "Prefiero no recordar".

Es que la memoria no tiene cicatrices y, aunque la nota se refería a la expropiación de bienes de la que fueron objeto, todo los retrotraía al infierno de las barracas de Auschwitz, Dachau, Treblinka o cualquier dirección del infierno.

Sin embargo, ante la pregunta sobre qué harían en el caso de que les avisaran que en un lugar existen artículos que pertenecieron a los judíos de la Europa ocupada, entre los cuales podría haber cosas de ellos, todos -con la excepción de uno-, agacharon la cabeza y respondieron: "No iría a reclamar nada". No quieren recordar el dolor. Se escudan en la memoria de sus seres queridos, muertos de hambre, de frío, o en las cámaras de gas.

"Tenga cuidado con el que hable -aconsejó un dirigente de la comunidad judía- Son gente muy grande que borró de su mente lo que le pasó y suelen contar lo que les sucedió a otros, porque su propia historia personal es tan amarga que no la pueden soportar. Es un síndrome muy común entre los sobrevivientes".

Recuerdos de la muerte

Daniel Goldman, rabino de la Comunidad Bet El es hijo de sobrevivientes. Dice que no le extrañaría que al país haya ingresado dinero u oro de judíos de Europa "porque Perón era un hombre práctico, que pactaba con los sectores que trajeran dinero al país, sin importarle la procedencia.

"Acá existió un núcleo nazi, en los años 30. En una revista dirigida por croatas nazis de los 40, en un editorial les agradecían a Perón y a Evita haber permitido la entrada de algunos carniceros nazis".

A los padres de Goldman les expropiaron todo lo que tenían. "Mi mamá, por ejemplo, encontró en una feria de viejos en París un libro de química que le habían sacado. Estaba su nombre y el de los demás que lo habían utilizado, entre ellos varios nazis.

"Cuando fueron liberados, no reclamaron nada. Pero sé la historia de una hija de sobrevivientes que volvió a Polonia después de la guerra a ver su casa. No la dejaron entrar. Para ver qué hacían los nuevos dueños les dijo : "Qué lástima, porque en la tercera habitación, debajo de los tablones del piso, hay un tesoro que habíamos enterrado`. Al día siguiente volvió: estaban demoliendo la vivienda para encontrar el oro".

La historia sin fin

Jack Fuchs es sobreviviente de Auschwitz. Allí perdió a sus padres, a un hermano y a dos hermanas. De la menor no tiene ningún recuerdo.

"Nos confiscaron todo. Pero me molesta que se hable del oro judío, porque ninguno de los que yo conocí tenía oro. Mire: para salir de Roma, los judíos tenían que presentar una cierta cantidad de oro y fueron pocos los que lo consiguieron. De eso, el Vaticano sabe mucho..."

Fuchs tenía 15 años cuando los alemanes entraron en Polonia. "Entraban en las casas y sacaban todo lo que creían que tenía algún valor y había un fin y una una metodología".

Cuando Fuchs y su familia fueron llevados a Auschwitz, les dejaron llevar una valija con las pertenencias. Al llegar a ese infierno fueron despojados de todo, hasta de los dientes de oro, y los propios prisioneros eran obligados a trabajar en la separación de lo incautado.

"Eso les permitió a los nazis tener el dinero para huir durante los últimos seis meses de la guerra. Es ridículo pensar que existe oro judío. Mi teoría es que todo iba a un pozo único con las riquezas de judíos, de presos políticos, de intelectuales, de gitanos. Eso se fundió el lingotes ¿quién puede decir que tal cosa es de uno o de otro?", se pregunta.

"Exigiría una indemnización"

José Jakuvovich se salvó de milagro de que lo fusilaran en el campo de concentración de Dachau. Su testimonio es tan desgarrador como los demás, pero la entereza de esta cronista se quiebra y las lágrimas ceden finalmente cuando el hombre trata de explicar que no pudo salvar a su hermano de la muerte cuando los aliados ya los habían liberado.

Cuenta que su familia era acomodada en Polonia y que vivían en un enorme departamento. "Como sabíamos que había razzias, arrancábamos el empapelado y le pasábamos jabón en barra para que cuando los alemanes tocaran las paredes les diera asco. También hervíamos coliflor o cualquier otra verdura que tuviera feo olor para ahuyentarlos.

" Sin embargo, vinieron, hicieron bajar unos cuadros muy valiosos que teníamos y se los llevaron. Ellos sabían muy bien qué era lo que buscaban". Jakuvovich recuerda que tenía graves problemas físicos por desnutrición y que un médico le aseguró a su padre que sólo con comida se le irían los dolores. "Entonces él dejó de comer su ración para que yo sobreviviera", dice.

De todos los entrevistados es el único que admite que, si pudiera, reclamaría todo lo que le perteneció a él y a su familia y que les fue expropiado durante la ocupación alemana. "Si me llegara a enterar de que acá existe algo mío, demandaría al Gobierno una indemnización. No tengo ninguna duda", finaliza.

La relación entre Perón y el tesoro nazi

La posibilidad de que el oro robado a los judíos por los nazis durante la Segunda Guerra sirvió a los fines políticos de Juan Perón es aún hoy un misterio difícil de aclarar.

Las versiones sobre la existencia del tesoro del Tercer Reich en la Argentina, se originaron en 1946 , cuando los EE.UU. publicaron el Libro Azul, que vinculaba directamente al gobierno militar y a Perón, con la ayuda y protección a los nazis en el hemisferio. Caído Perón, en 1955, Sivano Santander, publicó una obra clave al respecto, titulada: "Técnica de una Traición. Juan D. Perón y Eva Duarte. Agentes del nazismo en la Argentina".

En ese libro, Santander afirmaba que el embajador alemán en la Argentina, von Thermann, había consignado la entrega de cheques de 33.600 pesos a Eva Duarte, y de 200.000 al mismo coronel Juan Domingo Perón. Supuestamente, este dinero, se había entregado a cambios de servicios prestados al régimen nazi. Según este autor, el dinero nazi llegó en gran parte al país desde 1938, superando los tres mil millones de pesos en esa fecha. En plena derrota del nazismo los fondos continuaron llegando, por valijas diplomáticas, aviones y submarinos.

Llegaban en forma de oro, de platino, de dinero, o títulos y acciones. Para fines del período, Santander contabilizaba que los capitales nazis en el país superaban los 35 mil millones de pesos.

En su opinión, el control de el dinero, a comienzos de la década del cincuenta, pasaba por las manos de Ricardo Leute, Ludwing Freude (muy vinculado a Perón) y Ricardo Staud. El dinero habría servido para solventar la campaña política de Perón.

Más tarde el control del tesoro habría sido motivo de enfrentamiento entre los magnates alemanes y Perón, que pretendió que la suma depositada en cajas fuertes del Banco Oficial de Suiza por Eva Perón, no podía ser retirada por la muerte de ésta. Santander relacionó estos hechos con la misteriosa muerte de Juan Duarte. .

Jorge Camarasa Ernesto G. Castrillón
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