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Sandbox, un foco de mentes jóvenes en ebullición

El festival, presentado por primera vez en la región, reunió a emprendedores, artistas y líderes menores de 30 años

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LA NACION
Sábado 21 de junio de 2014
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Que en plena fiebre mundialista, con Inglaterra y Uruguay jugando en ese momento, el auditorio Buenos Aires, en Recoleta, estuviera atestado de gente no es un dato para menor. Lo remarcó Diego Golombek, doctor en ciencias biológicas y anfitrión del Festival de Innovación Joven Sandbox Buenos Aires, una comunidad global que llegó anteayer por primera vez a la región y que reúne a emprendedores, artistas, líderes empresariales o académicos menores de 30 años para ayudarlos a que su impacto local sea una influencia global.

Para explicar el espíritu de Sandbox ("caja de arena", en inglés), Golombek se valió de Borges, de su Libro de Arena, ese que comienza diciendo que la línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas? y así. La propuesta, dijo, es atender a ese número infinito de ideas por descubrir, conectándose unos con otros para potenciarse y hacer más.

Fueron ocho oradores y cuatro bloques temáticos: innovación, ciudades inteligentes, educación para el futuro y emprendimientos. El inglés Nathan Miller abrió el primero yendo a los orígenes de todo esto: ¿cómo empieza la creatividad? Copiando. Propuso un ejercicio: apoyar la mano sobre la del vecino sentado al lado, palma con palma, y experimentar lo que se siente. La respuesta del público llegó enseguida: es algo extraño. "Sí -respondió él-, el cerebro copia la mano del otro como si fuera la nuestra". Y ahí el primer paso para poder innovar: copiar la base, luego transformarlo y combinarlo con los "valores compartidos" que tienen otros productos.

Foto: Marcelo Gómez

Educación, tecnología y creatividad fueron esos valores compartidos con los que llegó a Kano, una computadora del tamaño de un celular que se puede armar como si fueran Legos, y que fue la invención tecnológica y educativa que más recursos recaudó en un mes en la plataforma Kickstarter. "Descubran los valores escondidos, prueben nuevas cosas y miren cómo reacciona el mundo", fue la última frase que dejó Miller sobre el escenario.

Antes, los embajadores argentinos del evento, Tomás Fuentes Benítez y Franco Amorosi, habían anticipado estas ideas para explicar qué es innovar: desafiar el status quo. Y hacerlo ya, "porque no existe el momento perfecto para empezar algo".

Para Kalsoom Lakhani, la clave está en encontrar soluciones sencillas para las cosas de todos los días, como lo hizo Ladislao Biro con la birome, o el brasileño Alfredo Moser con la botella de plástico con agua y cloro que puede iluminar el interior de una casa durante el día. Ella misma lo hizo en Paquistán con la empresa que fundó, Invertir para innovar, una iniciativa que apoya y acelera proyectos de alto impacto en mercados emergentes. Un ejemplo exitoso fue el que partió del problema más común de Paquistán: uno de cada cuatro medicamentos es falso. La solución por desarrollar fue una aplicación en el celular que leyera el código del medicamento para comprobar su calidad.

El otro bloque temático, el de la Educación para el futuro, se enfocó en la creación de portales de formación y cursos online abiertos, denominados MOOC. Matt Brimer entonces presentó General Assembly, una plataforma online que ya opera en nueve campus para enseñar las habilidades necesarias para desenvolverse en el siglo XXI, y Léa Peersman Pujol, por su parte, dio a conocer La escuela de Filantropía, una asociación que promueve el desarrollo de habilidades y acciones filantrópicas en jóvenes y niños.

"Es posible transformar una idea en realidad con una computadora", fue el mensaje que inspiró el bloque de emprendimientos. Como el de Kaushal Dugar, creador de Teabox, una especie de "Starbucks online" del mejor té indio, que ya repartió más de cinco millones de tazas en todo el mundo. O Bel Pesce, fundadora de FazInova, escuela de innovación y emprendedores en Brasil que hoy tiene más de 30.000 estudiantes.

Patricio Gigli, presentador del bloque "Ciudades inteligentes", citó a Italo Calvino para plantear qué camino tomaremos como sociedad: ¿aceptar el infierno y hacerse parte, o buscar y reconocer qué no es infierno y hacer que eso crezca?

Rand Hindi, arquitecto de logaritmos de Sandbox París, aclaró que no sólo los edificios o los centros de operaciones deben ser inteligentes. También el estilo de vida de los ciudadanos. ¿Cómo? Entendiendo cómo se relacionan ellos con la ciudad: ¿A dónde van? ¿A qué hora toman el subte? ¿A qué hora el tren? Una vez reunida esa data agregarle contexto: cuándo hay un concierto en tal estadio, o qué pasa cuando llueve, o en vacaciones. "Cuando ya mediste todo, se aplica la inteligencia artificial para predecir, por ejemplo, cuántos van a tomar el subte a determinada hora. Esa información vuelve al consumidor para ayudarlo", explicó.

Tia Kansara, especialista en desarrollo sustentable y ciudades del futuro, también miró hacia adelante. Y mientras insistía en que reutilicemos los materiales, que pensemos antes de tirar algo al tacho, que separemos los desechos, dejó en el aire un desafío: carbono cero y basura cero para 2050. ¿Será posible? Lo que es seguro es que quedan aún ideas por descubrir y mucho por hacer.

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