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Vélez, supercampeón

Deportiva

La estirpe campeona de Vélez sólo tenía un casillero vacío. Hasta anoche, claro. Porque la Supercopa tampoco resistió a los encantos del equipo más ganador de la década y por eso, después de 90 minutos consagratorios y un 2-0 rotundo, el trofeo se sumó a la media docena de conquistas logradas en esta época esplendorosa, inolvidable, histórica.

Expeditivo, letal

No quiso suspenso. No permitió ni una mueca de sufrimiento. Vélez lo liquidó de entrada, como para que no queden dudas de su ambición incontrolable.

Nada de especular con el empate que, al cabo, también significaba el título. A matar desde el arranque, asfixiando a un conjunto brasileño sorprendido, estático e incapaz de soportar el asedio local.

Y desde esa postura agresiva empezó a forjarse el triunfo: iban 3 minutos y ya Camps provocaba la primera explosión, con su remate goleador, tras recibir, en increíble soledad, un centro pasado de Zandoná: 1 a 0.

Vélez llevaba al terreno de la práctica lo que dialécticamente había apuntado Piazza desde aquella noche victoriosa en el Mineirao: "Para nosotros, la especulación no existe". Además, el conjunto de Liniers sabía que su adversario estaba golpeado con ese tanto prematuro. Y decidió liquidar el asunto. Por si acaso...

Camps, el conductor

Entonces, Camps movió los hilos del contraataque y, con un toque de primera, buscó la entrada de su compadre, Posse. Escapada, centro bajo para el ingreso de Gómez y Gelson, en contra de su valla, provocó agradecimientos masivos en una cancha que deliraba de goce, cuando todavía no se habían cumplido los primeros 10 minutos.

Lo que siguió fue previsible. Vélez se atrasó un poquito (nada más) y lo invitó al tibio Cruzeiro a que buscase el descuento y se desprotegiese atrás.

Pero como los brasileños eran la fiel representación de la improductividad, a Vélez se le facilitó todo y siempre dio la sensación de que tenía resto para rematar su título supercopero con una goleada lapidaria, en especial cuando el vivísimo Camps manejaba los tiempos del contraataque (con su velocidad física y mental).

Se sucedieron los sustos frente a la valla de Dida e, inclusive, un disparo de Zandoná casi rompe un poste. Del otro lado, Cruzeiro no tenía ni para empezar...

Después de semejante demostración de superioridad, el segundo tiempo sirvió únicamente para que los hinchas locales dejaran la garganta en cada canto, al compás de un rendimiento local sin fisuras, pero excediéndose en regular el ritmo.

Lo que ocurría dentro de la cancha seguía dentro de los parámetros generales: cuando se decidía, Vélez era el exclusivo propietario de los mejores momentos, mientras Chilavert acusaba una lesión y amagaba con dejarle su lugar a Cavallero, acaso porque no podía resistir su nulo protagonismo.

Sin embargo, el arquero paraguayo tendría la ocasión de poner su firma en el tanteador. Pero el penal generado por la polenta del Turquito Asad y rematado por Chilavert se topó contra la respuesta de Dida.

Después vinieron las expulsiones que deslucieron lo que ya era una fiesta. La fiesta del supercampeón llamado Vélez, conocido en todo el mundo como El insaciable...

La gloria de otra vuelta olímpica

Mauricio Pellegrino dio unos pasos hacia la gloria. Con él avanzó todo Vélez. Tanto el grupo de jugadores que saltaban entre vallas que los resguardaban de abrazos interminables, como cada alma que dio vida al cemento de un estadio colmado. Un par de segundos después, el capitán recibió la copa de manos de Nicolás Leoz, presidente de la Confederación Sudamericana. Y empezó un rito conocido por Liniers: el de la vuelta olímpica.

Rescatado de la euforia, el técnico Osvaldo Piazza alcanzó a decir: “Todo se lo debo a estos muchachos, porque yo no había demostrado nada como técnico y ellos me ayudaron siempre. Me facilitaron todo.

"Hablé a la tarde con Bianchi y le dije que aunque él no estuviera, éste equipo es suyo. Este Vélez es el mismo modelo de auto, sólo que Piazza, le cambió un paragolpe y algunos farolitos". Su antiguo compañero estuvo bien cerca de esta conquista. A través de una comunicación con La Red, Bianchi siguió los últimos díez minutos y comentó: "Gracias Osvaldo, me diste lo único que me faltaba".

En el momento consagratorio faltó el presidente Raúl Gamez, quien sufrió una ataque de ciática antes del partido.

Héroe lesionado

Llevado en andas, como reconocimiento y ayuda frente a una lesión, José Luis Chilavert quedó muy emocionado. "La gente se merece el festejo. Yo se lo dedicó en especial a mi padre -recientemente fallecido- y a mi madre. Ahora no puedo más. Estoy todo roto. No voy a jugar frente a Bolivia, por las eliminatorias", dijo el arquero paraguayo, que sufrió un desgarro en el aductor izquierdo.

También apelando a la fuerza para contener el llanto, Omar Assad manifestó: "Hace unos meses estaba en el fondo. Parecía que nunca me recuperaría. Pero aquí estoy, festejando otro título".

La gente de Vélez se fue feliz. Ya le llegarán otros desafíos, como el partido del próximo 13 de abril ante River, en Kobe, Japón, por la Recopa JAL. pero eso es una historia que ayer les importó a pocos.

El recuerdo de Bianchi, presente

Por los cielos de Liniers sobrevoló la figura de Carlos Bianchi. El recuerdo por quien fue el padre y hacedor de este conjunto, el más exitoso de la Argentina en la última década, volvió repentinamente a la mente de cada uno de los hinchas.Y esa añoranza tiene su justificativo porque es la primera vez que el ahora director técnico de Roma vivió desde afuera la definición de un torneo internacional de Vélez. Un torneo que, en 1995 - año del debut-, le deparó a Bianchi más dolores de cabeza que alegrías al sentir la eliminación en la primera rueda ante Flamengo, y que tuvo como triste final aquel puñetazo de Flavio Zandoná sobre la cara del brasileño Edmundo.

Pero eso, para el Virrey, ya pertenece al pasado. Una vez instalado en Italia, a mediados de este año, su misión consistió en apoyar y acompañar a su amigo Osvaldo Piazza, su sucesor, comunicación telefónica mediante. Y también se hizo un espacio para volver al país y dar la vuelta olímpica junto con sus ex dirigidos en el último gran festejo de Vélez, con la conquista del torneo Clausura.

En esta oportunidad estuvo ausente, algo que suena casi extraño, teniendo en cuenta que desde el título Nacional de 1968, como jugador, hasta agosto de este año, con el logro del bicampeonato, desde el banco, había participado de todos los momentos clave en la historia de Vélez.

Un millón de dólares por el título

Los premios: por haber conquistado la Supercopa, el plantel de Vélez recibirá 400.000 dólares. Anteriormente, por haberse clasificado para la segunda rueda del torneo, los jugadores embolsaron 100.000 dólares; por haber pasado la etapa siguiente, 200.000, y por la tercera, 300.000. La suma de esos premios alcanza el millón de dólares, una cifra para nada despreciable.

Los contratos pendientes: con la finalización de la Supercopa llegó el momento de resolver los contratos de Asad, Claudio Husain, Posse, Cardozo y Gómez. Según lo que manifestó el presidente, Raúl Gámez, no existirían trabas para llegar a un acuerdo.

Las posibles ventas: en cuanto a posibles ventas de futbolistas, Gámez señaló: "Todavía no tuvimos tiempo de analizar el estado de cuentas del club. En el caso de que haya un pasivo, optaremos por vender algún jugador. Y no existen prioridades para vender a uno o a otro". .

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