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Un momento de pura felicidad

Martes 24 de junio de 2014
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PARA LA NACION
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Como les guste/ Versión y dirección: Jorge Azurmendi/ Autor: William Shakespeare/ Intérpretes: Maia Francia, Gustavo Pardi, Ana María Castel, Florencia Otero, Mariano Mazzei, Julián Pucheta, Livia Ferrán, Anahí Gadda, Ariel Pérez de María, Daniel Toppino, Mike Zubi, Francisco Donovan, Divina Gloria, Ignacio De Santis/ Diseño espacial: Pablo Calmet/ Vestuario: Camila Castro/ Coreografía: Omar Saravia/ Arreglos musicales y guitarra: Yago Escriva/ Violín: Ernestina Invenenato/ Sala: La Comedia, Rodríguez Peña 1062/ Funciones: miércoles, a las 21/ Duración: 110 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

"Necesitamos saborear más intensamente cada momento de la vida", decía recientemente el maestro Peter Brook, en una entrevista concedida al Financial Times. "Creo que el teatro puede ayudar. Mi único objetivo es que la gente, después de la experiencia de haberse reunido durante una o dos horas, se vaya, de alguna forma, con más confianza en la vida de la que tenían antes de entrar." Palabras estas que bien podrían aplicarse a esta afortunada puesta de la que acaso sea la comedia más perfecta -en su fineza y su complejidad, en sus simetrías y su chispa constante- de William Shakespeare. Tal el estado de júbilo, no exento de reflexiones, con que se sale de ver esta nueva representación de Como les guste, apta para conocedores y también para público de cualquier edad que se acerque por primera vez al magno dramaturgo.

Entre otras cosas se trata de una obra de aprendizaje sobre la identidad que puede fluctuar, las diversas formas del amor, la posibilidad de reparar los daños cometidos? Ese camino de conocimiento lo hace una mujer joven, Rosalinda, hija de un duque de Francia despojado de su territorio por su hermano menor, padre de Celia. Ambas primas conviven en la corte y se profesan gran cariño, pero el usurpador decide desterrar a Rosalinda, quien huye vestida de varón al bosque -donde ha recalado el noble desposeído con un grupo de buenos amigos- junto con la leal Celia y un bufón. Pero antes de partir, la protagonista ha sido flechada por Orlando, guerrero oprimido por su resentido hermano mayor. Todos convergen en el mágico bosque de Arden, espacio igualitario de comunión con la naturaleza, enclave de realización de deseos y de redención, que remite a la mítica Arcadia de la Edad de Oro (no por el azar, el bufón filosóficamente cínico cita a Ovidio).

En una exuberante galería de personajes sobresale como heroína absoluta, la magníficamente interpretada por Maia Francia: inteligente, contestataria, aventurera, sensible, valiente. Ella se traviste de varón para no ser acosada por los hombres y con ese disfraz pone al descubierto los códigos sociales impuestos de la masculinidad y la femineidad, al tiempo que aprovecha ese rol para conocer mejor a Orlando y darle una clase práctica -un tanto perturbadora- de educación amorosa.

Al ardid de Rosalinda de vestirse y conducirse como varón se suma la caracterización de pastora que asume Celia en esta obra donde se exalta la teatralización: desde estos personajes, desde el rol de Jacques, el melancólico que dice su famoso discurso ("El mundo es un teatro y todos, hombres y mujeres, somos sus actores"). En la puesta de Azurmendi -quien en 2012 brindó una deliciosa versión de Noche de reyes- se subraya abiertamente la escenificación: en el comienzo, con espaciados paneles verticales evocativos del bosque como telón de fondo, sobre varias sillas de madera, de línea isabelina, está parte del vestuario que los actores se ponen a medida que van ingresando. El director avanza, entonces, en su búsqueda lúdica y, a la vez, seria de los alcances del travestismo -de mujer a varón- en una época, al borde del siglo XVII, en que los personajes femeninos eran actuados por hombres. En consecuencia, los actores se desdoblaban en roles de mujeres que a su vez se hacían pasar por varones. En la actualidad, el director elige a la gran actriz Ana María Castel para que haga estupendamente tres papeles masculinos: los dos duques y un clérigo borrachín.

Con un timing de comedia que no decae un segundo, funcionales coreografías y un elenco que entra felizmente en estos juegos del deseo y el amor, la política y la contemplación, Azurmendi suma a tanto deleite la inclusión de varias canciones muy apropiadas, que van de Good Morning a Meglio Stasera, sin dejar de lado el toque francés (Ah, dis bonjour, de Trenet) y en un momento de alta poesía... ¡la Canción para bañar la luna, de nuestra María Elena Walsh! Para mejor se canta con voz natural, sin micrófonos.

Como les guste propone un recreo festivo pero no frívolo, nos habla sabiamente de las relaciones humanas, de la utopía de un mundo pacífico y justo. Pero, sobre todo, nos recuerda la comedia de la vida que jugamos los humanos, criaturas de Shakespeare, según Harold Bloom.

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