Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Terapeutas a distancia

Por una mudanza, porque resulta más cómodo conectarse desde el sillón de casa o incluso por una fobia, cada vez más gente mantiene sesiones online con su psicólogo. Ventajas, desventajas, curiosidades y... ¿desconectamos acá?

Domingo 06 de julio de 2014
SEGUIR
PARA LA NACION
0
Foto: Alma Larroca

A veces la ficción es sólo ficción y no se parece mucho a la vida real. Por suerte. Al menos, en el caso de Web Therapy, la serie escrita, protagonizada y producida por Lisa Kudrow, más conocida como Phoebe de Friends. Es que la terapeuta que ella interpretó –Fiona Wallice– y que atendía a sus pacientes únicamente a través de Internet tenía muy poca paciencia y con su método las sesiones duraban apenas… unos tres minutos.

La tecnología permite resolver las más diversas cuestiones y avanza cada vez más hacia diferentes territorios. Hay varios hombres y mujeres que hoy por distintos motivos acuden al psicólogo por Internet. Porque viven en otro país, porque les resulta más cómodo conectarse desde el sillón de su casa o incluso por una fobia o enfermedad que no les permite el traslado, las sesiones a un clic dejaron de ser algo inusual.

"Estando en Dinamarca, me resultó imposible encontrar un psicólogo que tuviera el castellano como lengua madre. El año pasado tenía una serie de problemas que no podía resolver, entonces me planteé la posibilidad de hacer terapia nuevamente. Sin pensarlo demasiado empecé a buscar en Internet psicólogos que trabajaran con esta modalidad online y encontré a mi actual terapeuta", cuenta Marcelo Ramón, uruguayo de 40 años, licenciado en Letras.

"La mayor ventaja fue la posibilidad de tener una terapia en mi idioma", dice, aunque sus veintiún años de residencia en Dinamarca le permiten hablar danés fluido, y dicta la mitad de sus clases en danés y la otra mitad en castellano, en la Universidad de Odense, a unos 140 kilómetros de Copenhague. "No tengo problema con el idioma, pero a la hora de hablar de cosas muy íntimas y profundas prefería hacerlo en castellano. Para mí es una ventaja fundamental poder comunicar determinados sentimientos en mi propia lengua. La única desventaja que veo y que no es algo que sucede frecuentemente es que a veces existe algún problema con la comunicación de Internet", explica.

La distancia es una de las causas principales que lleva a los pacientes a tener una terapia virtual. Tal es el caso de Georgina Besozzi, licenciada en Recursos Humanos de 35 años que se fue a vivir a Chile hace 18 meses y se conecta cada semana con su terapeuta por Skype, desde su teléfono. "La ventaja es que nos conocemos mucho, son diez años de terapia. Siempre decimos que yo no necesito ver su cara y ella no necesita ver la mía. Lo vivo como si fuera presencial, no me traba para nada. Conocemos nuestros tonos de voz, creo que ella puede saber perfectamente cuál es mi estado anímico desde el relato, aunque no sea presencial. Eso hace que sea viable y que funcione", cuenta desde el otro lado de la Cordillera.

Por lo general, ella se conecta desde algún bar para tratar los temas durante los cincuenta minutos de sesión; afuera de su casa, donde están sus hijos Nina (de casi 2 años) y Lorenzo (casi 5), que todavía no entenderían que no pueden interrumpir este encuentro.

"Siento que sigo avanzando igual que cuando estaba en Buenos Aires, incluso la terapia tomó un lugar muy importante para mí por todo lo que significa estar viviendo afuera. Es superimportante poder estar en contacto con un terapeuta argentino y contarle las cosas que me pasan viviendo como extranjera en otro lugar", resalta.

En otros casos, la distancia no tiene tanto peso en la decisión de encarar un tratamiento con pantallas de por medio. Ana María Biesz, licenciada en Sistemas, de 51 años, se mudó recientemente de la zona sur de la provincia de Buenos Aires a Puerto Madero, y asegura que no cambiaría por nada la comodidad de tener sus sesiones online.

Foto: Alma Larroca

Ella se separó de su pareja en diciembre, después de veinte años de relación. A la semana ya estaba haciendo terapia en consultorio, pero no le resultó en dos oportunidades, hasta que empezó con su actual psicólogo por Internet en febrero. "Hubo un avance muy importante en estos meses. Soy otra persona. He hecho un torbellino de cosas en mi vida y me siento bien. No voy a negar que tengo mis días, mi angustia. Hay muchas cosas que todavía tengo que ejercitar", comenta sobre su experiencia.

"Me aportó muchísima ayuda. Podría resumirlo en lo que es la comodidad, pero más allá de eso tiene que haber detrás del Skype un buen terapeuta." La comodidad es un factor que valora porque está en su propio sitio, con la luz que ella quiere, puede tomar un café, incluso fumar. "Me siento muy cómoda, como si él estuviera acá conmigo. Más allá de la terapia que hago por Internet, también tengo otros complementos, como por ejemplo el email o el WhatsApp, eso ayuda en los momentos difíciles que todos tenemos", comenta.

La Red, el instrumento

"Internet es un instrumento para llevar adelante una terapia. No es una forma especial de terapia. Tiene ventajas y desventajas", explica la doctora Inés Di Bártolo, profesora titular de la Universidad Católica Argentina (UCA). Aunque nunca se le hubiera ocurrido hacer una terapia de esta manera, hace unos seis años empezó con esta modalidad. Atendía a una familia de argentinos con dos hijos radicados en Uganda, y los veía en julio y diciembre. Ellos le propusieron seguir por Internet. "Yo no conocía a nadie que lo hiciera. De Uganda se mudaron a Malasia con once horas de diferencia horaria. Hice un trabajo de orientación a padres. Funcionó perfectamente. Lo mismo que hubiera hecho en consultorio, lo hice por esa vía", asegura.

Cuando se prenden los monitores, los terapeutas del otro lado de la cámara deben prestar especial atención a los recursos con los que cuentan a pesar de la distancia física. "Hay que poder capturar una cantidad de señales que a veces en el contacto personal son más evidentes –comenta el licenciado Marcelo Sitnisky, especialista en psicoterapia virtual–. Es importante estar muy alerta para detectar un pequeño indicio. Algunos pacientes no pueden trabajar en Skype, porque tienen miedo de aparecer ante la cámara, o no tienen privacidad en su casa. Entonces hacemos el trabajo por chat, escribiendo. Ahí ni siquiera tenemos el recurso de ver la expresión de la cara. El tema entonces es poder capturar distintos tipos de señal: los espacios de tiempo en los que son escritas ciertas cosas, las demoras al responder, cuando algunos temas no se responden o no se plantean, o se plantean de otra manera."

Para Sitnisky, el recurso visual es importantísimo, por eso prefiere el Skype con cámara. "El chat es el último recurso cuando no puedo usar ningún otro", y cuenta que la mitad de sus pacientes se atiende online, sin distinción entre hombres y mujeres.

Según la doctora Di Bártoli –que atiende online al 25 por ciento de sus pacientes– hacer terapia presencial le agrega valor. "Me gusta mucho ver a los pacientes, la tercera dimensión es siempre un momento de mayor intensidad, pero muy pronto vuelve a ser lo mismo que en la otra vía. Lo que importa es la comunicación", y afirma que cada vez son más los pacientes que reclaman el medio virtual.

Un argentino en Nueva York

Nicolás Lage, que se dedica a la exportación de granos, tiene 31 años y está viviendo en los Estados Unidos. Decidió continuar con su terapia a través de Skype. Ya tuvo experiencia con la terapia virtual cuando estaba en Buenos Aires, porque trabajaba en La Pampa y viajaba constantemente, pero la combinaba con la presencial. "Me gusta la terapia online, pero únicamente con Skype y cámara. Algunas veces tenemos que cortar la cámara por problemas con el ancho de banda, pero no es lo mismo hablar por teléfono sin vernos. El tema de la cámara le da un contexto mucho más real en el cual mi psicólogo puede ver mis gestos y mis caras, y eso es bastante importante, la comunicación más gestual", cuenta desde Nueva York.

Para él, una de las ventajas de continuar con el tratamiento a distancia es que no perdió sesiones. "El problema que tenía era que interrumpía el tratamiento porque siempre estaba complicado, entonces al dejar de ir una o dos semanas tenés que ponerte al día en vez de profundizar en los temas. Y me parece que lo más útil es cuando realmente estás profundizando."

Para él, la principal ventaja tiene que ver con la continuidad. "La terapia online es solamente un recurso que uso por la distancia. Mi psicólogo siempre me dice que mientras estoy en Buenos Aires es importante que no abuse de la terapia online, me tengo que arreglar para poder llegar. Ahora estoy viviendo afuera y es esto o nada", dice Lage.

Con sus pros y contras, los pacientes le dan la derecha a esta modalidad. En algunos casos, si pudieran estar físicamente en el consultorio, lo harían sin dudar. Y en otros no. Del otro lado, profesionales de diferentes corrientes – psicoterapia integrativa, psicoanálisis, psicoanálisis de la teoría del apego– se embarcan en esta experiencia 3.0.

"Considero a Internet como una herramienta de comunicación importante si se sabe utilizar. Si uno puede pasar de lo virtual a lo real creo que tiene un cometido alucinante. Por ejemplo, en la terapia online hay una relación con el paciente que trasciende lo virtual: es un pedido de ayuda real y una respuesta a esa demanda", explica la psicoanalista Maira Ávila, argentina que vive en Chile. Viaja frecuentemente y atiende a todos sus pacientes online –también tiene algún contacto con ellos en su consultorio– con sesiones desde Barcelona, Australia, Italia y Chile. "Que una persona pueda solamente establecer una relación terapéutica a través de Internet me preocuparía un poquito –agrega–. Pero es increíble contar con ese soporte en casos de fobias, limitaciones físicas o mudanzas."

Para ella, lo presencial no tiene comparación. "Valoro muchísimo el encuadre del consultorio, el horario, la visita. Pero quizás hoy estoy rompiendo esos paradigmas y prejuicios que tenía", asegura Ávila. Y explica que mucha gente que deja su país y tiene una afinidad con su terapeuta, si tuviera que cambiar de profesional, "no solamente que la empatía que se puede establecer no siempre se establece, sino también que los pacientes hacen una apertura desde lo mental y lo inconsiente, y a veces empezar con alguien nuevo genera un desgaste".

No sólo funciona cuando se trata de la única opción. Gabriel Massaro, de 47 años, además de ser psicólogo es paciente virtual desde Moreno. En vez de acercarse unos kilómetros a la ciudad de Buenos Aires para ir al consultorio, elige prender la computadora en su casa. "La tendencia es que la terapia online va a ser tan habitual como lo fue en su momento el hecho de ir a un psicólogo. Antes era sólo para las personas que realmente tenían muchos problemas. Hoy la terapia es algo común, cualquier persona puede ir y no implica un estado de alteración mental, sino el hecho de querer estar bien. Vamos abriéndonos a las posibilidades de este uso, que evoluciona de la misma manera que fue evolucionando la idea de ir al psicólogo", augura.

"El porcentaje de resolución de conflictos es aproximadamente el mismo en el caso presencial y a distancia", según Sitnisky. De sendas maneras avanzan los tratamientos. "Hay algunos pacientes que utilizan el método a distancia y cuando pueden prefieren tener una sesión presencial. Por ejemplo tengo un consultante que es marino. Mientras él está embarcado, nos comunicamos a distancia; cuando está en tierra tenemos sesiones presenciales", concluye.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas