RÍO DE JANEIRO.- La Argentina se enfrentará a un seleccionado capaz de meterle siete goles a Brasil en la semifinal de Belo Horizonte. También pasó por encima de Portugal, el primero en padecer la desorganización organizada, el toque a ras del piso, el movimiento permanente, el pase adicional, las líneas juntas, el achique de espacios y las transiciones integrales. Pero durante esta misma Copa sufrió la intensidad y el juego físico de dos seleccionados africanos. Ghana le arrancó un empate y Argelia lo llevó al tiempo suplementario. El bosnio Halilhodzic, seleccionador argelino, hizo seis cambios para ese duelo. Puso gente fresca para sostener el ritmo. Punto de partida retrasado y salida rápida para contraatacar con juego largo a la espalda de la última línea, sobre todo de los laterales. Manuel Neuer ejerció de libero seis veces para despejar el peligro. La Argentina no tiene los recursos para ejecutar ese plan. Tiene otros, mejores desde la jerarquía individual y el aspecto competitivo. Juego corto, agrupado al balón, atención a los detalles, desdoblamientos para imponer supremacía numérica. Y a Leo Messi, el mejor jugador del mundo en la final del Mundial que soñó toda su vida. Alemania es un equipazo, pero no invencible. Aprovechó la pelota parada para gobernar partidos difíciles. Hummels, de entrada ante Francia en cuartos. Müller en semis, tras la furia local del comienzo. También ha hecho ajustes durante la competición. El más importante entre Argelia y Francia.
El DT Löw tomó nota del costoso triunfo ante los africanos. Sacó a Lahm del medio y lo mandó al lateral derecho para tener mejor salida por el costado. Bastian Schwensteiger asumió la conducción. Se paró en el centro del campo como vértice retrasado del triángulo completado por los dinámicos Khedira y Kroos. Müller salió del falso 9 y pasó a jugar de wing derecho. Özil se mudó a la izquierda. Entró Klose, delantero central y salió Götze, un canto a la indolencia hasta acá. Conserva su idea de fútbol total, pero juega un equipo diferente del que bailó 4-0 a Portugal en el estreno. Más allá de los ajustes lógicos, se nota el trabajo a largo plazo y bien hecho. La eliminación en la Euro 2000 y la organización del Mundial 2006 impulsaron un cambio de paradigma. La Federación invirtió 20 millones de euros por año desde 2000 en infraestructura, tecnología y capacitación para el fútbol juvenil. Fueron construidos 366 centros de formación de talentos y 14.000 chicos de entre 11 y 14 años participan de estos programas, compatibles con los entrenamientos en sus equipos. Existen 46 academias de fútbol en todo el país; 29 escuelitas fueron transformadas en centros de alto rendimiento. Los entrenadores viajaron por el mundo para aprender métodos y sistemas de preparación. El objetivo fue desarrollar el modelo que expresa la selección. Aún no ha ganado títulos desde esta revolución. El último fue la Euro de 1996.
Los nostálgicos del juego directo a esos tanques lo recuerdan desde 2006 ante cada frustración de semifinal o final perdida. Ojalá Alemania gane ese merecido trofeo... en la Euro 2018. Mañana la Argentina se enfrentará con una imitable y exitosa política de Estado..



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