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El día para hacer valer que "somos Argentina"

Ser campeón en Brasil da título de grado, diploma con cuadro honor y glorifica para la posteridad

LA NACION
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Claudio Mauri
Domingo 13 de julio de 2014 • 10:47
El Pocho, Leo y Di María
El Pocho, Leo y Di María. Foto: AFP
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RIO DE JANEIRO.- Antes de que todo empezara a andar, Dilma Rousseff daba por cierto que este no era un Mundial más. Estábamos ante la "Copa de las Copas", como sentenció la Presidenta. Ser campeón en Brasil da título de grado, diploma con cuadro honor y glorifica para la posteridad.

En ese camino a la Meca, a la tierra prometida, la Argentina llegó al lugar que muchos creíamos que estaba en condiciones de acceder, con la sorpresa de que en el trayecto pegó varios volantazos para cumplir con la hoja de ruta. Lo importante fue que no desvió el rumbo ni perdió la brújula. Tomó atajos y no disfrutó tanto del paisaje. Se atrancó en algún tramo, pero nunca fue a parar a la banquina. No era de trasnochados imaginar al seleccionado de cuerpo presente a las 16 de hoy en el Maracaná. Aprovechó los amenities que le ofrecía este Mundial : un sorteo benigno (se encontrará con un campeón recién en la final, mientras que otros antiguos campeones se fagocitaron entre sí desde la etapa de grupos) y sedes que no le consumieron energías extras por el calor y la humedad.

¿Es favorita Argentina frente a Alemania ? Futbolísticamente, no. El seleccionado de Löw es el que toma la posta del juego asociado, de elaboración y de calidad técnica que en el último lustro enarbolaron Barcelona en el nivel de clubes y España. Del otro lado, la Argentina llega en un momento justo en una serie de intangibles: en confianza, espíritu colectivo, hambre de gloria, compromiso con la causa, en la aplicación de la consigna que estableció Sabella desde su asunción, en agosto de 2011: "El todos es más importante que el yo".

Así como el director técnico había salido derrotado en el debut triunfal ante Bosnia cuando en el entretiempo debió modificar su 5-3-2 original a favor de un 4-3-3 que complacía más a Messi , ahora llega a la final como el ganador intelectual en lo táctico. "Somos Argentina, no debemos fijarnos cómo juegan nuestros rivales", había dicho Messi el día posterior al estreno, con una entendible vocación de grandeza, pero también con una cuota de ingenuidad sobre la responsabilidad y los deberes que tiene un entrenador a la hora de preparar un partido. Un DT no se puede permitir una mirada tan descuidada.

Y Sabella, sin gritarlo ni susurrarlo, a partir de Suiza, y sobre todo contra Bélgica y Holanda, también proclama "somos Argentina". ¿Cuál? Una con menos Fantásticos, pero también sin fantasmas ni complejos sobre su capacidad competitiva. Una más parecida a los equipos de Simeone: arquero seguro, dos centrales imponentes, un mediocampo bien agrupado y una disposición corta entre las líneas, con prevalencia a ocupar más el campo propio. Los modelos exitosos provocan imitación. Alemania fue detrás del de España. Su juego tiene un punto poético, artístico. Argentina llegó aquí con una matriz exclusiva, la de los Cuatro Fantásticos, pero fue mutando hasta este 4-4-2 a lo Simeone. Al que también se equipara en ese convencimiento y tenacidad para ir haciendo realidad los sueños. Orden, organización y progreso. Con pierna fuerte, sobre todo la de Mascherano , y mente de acero ¿O acaso la Argentina no fue partido a partido, como el Atlético de Madrid? ¿Tiene algo más Argentina? Por supuesto, tiene a Messi. Hoy es la tarde, su tarde, la de todos. La de unir el discurso "somos Argentina". El premio es gordo: la copa de las copas.

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