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Gas, electricidad y el uso racional de la energía en el hogar

La reducción de los subsidios es una oportunidad para pensar en utilizar de forma racional la energía en el hogar, más allá del aumento de las tarifas

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PARA LA NACION
Martes 15 de julio de 2014 • 00:27
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Se acercan los meses más fríos del año y, con ellos, un pico estacional en el consumo de gas y electricidad. La quita de los subsidios y la desregulación de las tarifas plantea una nueva realidad que impactará en nuestros bolsillos y posiblemente ayude a remediar el uso indiscriminado de los recursos por gran parte de la población.

Hoy, los hogares consumen más del 40% de la energía que se produce en el país, la cual se utiliza principalmente para climatización, calentar agua corriente sanitaria (ACS), cocción de alimentos, iluminación y uso de electrodomésticos. La elección del tipo de energía que utilizaremos en cada caso, es una decisión que requiere evaluar no solo la conveniencia económica, sino también el impacto social y ambiental. Charlé con Charly Karamanian de La Casa G(La Casa Sustentable en Argentina), sobre las distintas tecnologías disponibles en el país.

Actualmente en la Argentina, casi el 90% de la energía eléctrica es producida mediante la utilización de combustibles fósiles, fuentes altamente contaminantes, generadoras de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero. Dicho esto, queda claro que la energía más sustentable es la que no se utiliza, por lo tanto, debemos hacer un uso racional de la misma. Las perspectivas futuras son más alentadoras. Según una estimación de la Fundación Vida Silvestre, para el año 2030 más del 70% de la energía será producida mediante fuentes limpias o renovables. Si tenemos en cuenta que el ciclo de vida de una vivienda es de 50 a 100 años, a simple vista, la decisión más sustentable y "a prueba de futuro", sería optar por los nuevos sistemas eléctricos de mayor eficiencia en lugar de los que consumen gas. Veamos cuales son las alternativas para cada caso.

CLIMATIZACIÓN

Foto: LA NACION

Corresponde al mayor gasto energético del hogar, con un 40% del consumo total. Analizamos tres opciones: gas natural o gas licuado, sistemas eléctricos, leña o biomasa.

1. Gas natural o gas licuado. Las tecnologías más utilizadas son: garrafa con pantalla directa, estufas comunes o de tiro balanceado, caldera a gas y los equipos de aire central. Las garrafas y las estufas comunes no son recomendables ya que consumen oxígeno del ambiente y generan monóxido de carbono, por lo que obligan a ventilar de manera frecuente con la consecuente pérdida de calor. Por otro lado, en los centros urbanos con acceso a redes de gas natural, las estufas de tiro balanceado aún resultan una solución práctica, segura y relativamente eficiente, ya que permiten calefaccionar solo los ambientes que se utilizan, realizando el intercambio de gases con el exterior. Para mayor confort y eficiencia, se recomienda colocar los modelos con termostato incorporado.

Los sistemas de climatización central, utilizan calderas que calientan aire o agua y una serie conductos de aire, radiadores o suelo radiante. Los sistemas que utilizan aire climatizan los ambientes más rápidamente, pero suelen reducir demasiado la humedad. Los que utilizan radiadores demoran más que los anteriores pero brindan un calor más agradable. Finalmente el sistema de suelo radiante es el más saludable, ya que promueve el calor desde los pies hacia la cabeza. La temperatura a la que hay que calentar el agua es inferior (entre 35 y 45°C) a la de los sistemas que utilizan radiadores (entre 45 y 65°C), por lo que resultan más eficiente, pero solo recomendados para hogares de uso permanente ya que tienen gran inercia térmica. Esto quiere decir que desde que encendemos el sistema hasta que logramos la temperatura deseada (puesta en régimen) suele tomar entre 12 y 24 hs. Una vez apagado, el calor contenido en la carpeta se sigue liberando lentamente.

Existe una nueva línea de calderas de alto rendimiento que aprovechan el calor de la condensación de los humos de la combustión, logrando ahorros de hasta un 30% en el consumo de energía y una reducción de hasta un 70% en las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx) y dióxido de carbono (CO2).

2. Sistemas eléctricos. Dentro de las tecnologías más utilizadas, tenemos las de baja eficiencia, como las estufas de cuarzo, los caloventores y calefactores cerámicos. Estos son uno de los principales responsables de los picos de consumo y cortes de luz que suceden en plena temporada invernal. Por otra parte, su consumo es tan elevado que muchas veces literalmente "derriten" las instalaciones eléctricas más precarias, ocasionando incendios, pérdidas humanas y materiales.

Las de eficiencia intermedia, como el piso eléctrico y el aire acondicionado con bomba de calor, son una alternativa razonable para hogares que cuentan con buena aislación térmica. Entre los más eficientes tenemos los equipos de aire acondicionado con bomba de calor y tecnología inverter y aquellos equipos que utilizan los principios de aerotermia o geotermia. Su eficiencia suele ser superior al 400% vs. 80-110% de las calderas que utilizan gas, por lo que a mediano y largo plazo resultan más convenientes. Estas tecnologías aprovechan el potencial térmico del aire o la temperatura de la tierra, que a dos metros de profundidad suele ser de 18º durante todo el año.

La energía eléctrica solo se utiliza para alimentar la bomba de calor que extrae la temperatura del medio y no directamente como fuente para generar frío o calor. La tecnología inverter regula automáticamente la velocidad del motor de la bomba, evitando los picos de consumo generados en el arranque. Por otro lado, el bajo consumo de estos equipos permite complementarlo con fuentes de energía renovables como paneles fotovoltaicos o generadores eólicos. En aquellos hogares de gran superficie y uso permanente, sin acceso a redes de gas natural, las tecnologías eléctricas de alta eficiencia resultan más convenientes que las que utilizan gas y además cumplen la doble función de acondicionar el aire en verano.

3. Leña o biomasa. La manera ancestral de calentar los hogares ha evolucionado y hoy contamos con salamandras de ciclo cerrado y panel vitro-cerámico que permiten una combustión completa y eficiente, una gran vista del fuego y ambientes libres de humo. También existen modelos que incorporan sistemas de alimentación automática de pellets. Los pellets son residuos prensados de cultivos energéticos (remolacha, caña de azúcar, maíz, jatropha, camelina, etc.) y los residuos de actividades agrícolas, forestales, ganaderas, urbanas, etc. Las salamandras resultan muy convenientes en los caso de viviendas de uso intermitente como casas de vacaciones o fines de semana. Su costo y eficiencia en muchos supera a los del gas licuado siempre y cuando nos aseguremos una provisión suficiente de leña proveniente de bosques de cultivo o pellets.

CALENTAR AGUA CORRIENTE SANITARIA

Foto: Archivo

Corresponde al segundo gran consumo energético del hogar, con un 25% del consumo total. Analizamos tres variantes: gas natural o gas licuado, sistemas eléctricos, y solar térmico.

1. Gas natural o gas licuado. El dispositivo más utilizado es el calefón. Su llama calienta una serpentina metálica por la que circula el agua en el mismo momento que se utiliza. La ventaja es que se cuenta con una provisión de agua caliente ininterrumpida pero el consumo de gas es considerable.

El termotanque tiene el mismo principio que el calefón pero almacena el agua caliente en un reservorio térmicamente aislado. Al calentar el agua más lentamente consume menos gas y resulta más eficiente.

La cantidad de agua caliente disponible depende de la capacidad del tanque o reservorio. En muchos casos se puede calentar agua y climatizar con el mismo equipo utilizando una caldera del tipo dual.

Ya sea que optemos por un calefón o un termotanque, es muy importante elegir uno que cuente con encendido electrónico automático, evitando aquellos que utilizan piloto. En la Argentina hay cerca de 6 millones de calefones, por lo que existe un consumo total pasivo de tres millones de m3 al día. Esto equivale al gas que se consume en 800.000 hogares en un año.

2. Sistemas eléctricos. En aquellos lugares que no se cuenta con red de gas natural se puede utilizar una variedad de termotanques que utilizan una resistencia eléctrica. Su gran consumo los hace recomendables solo para uso eventual. Para un menor consumo y mayor eficiencia, podemos calentar el ACS utilizando los mismos sistemas de aerotermia y geotermia mencionados anteriormente.

3. Solar Térmico. Es un sistema muy eficiente que permite calentar más del 80% del ACS aprovechando las radiaciones solares. Su costo es cada vez más accesible, por lo que el tiempo de recupero de la inversión resulta menor a los seis años. Hoy existen variedad de opciones y precios, con propuestas que combinan colector solar y tanque pasivo en la misma unidad a sistemas más complejos y escalables con colectores solares por un lado y acumuladores por el otro. Estos últimos pueden ser de doble serpentina, con lo cual permiten complementar la tecnología solar térmica con calderas aerotérmicas o geotérmicas, logrando grandes ahorros de energía.

COCINAR

Foto: LA NACION

Es el cuarto mayor consumo del hogar y representa un 10% del total. Analizamos tres variantes: gas natural o gas licuado, sistemas eléctricos y cocina a leña.

1. Gas natural o gas licuado. Los anafes y el horno a gas son los más utilizados por su costo moderado. Los equipos suelen venir con distintos juegos de picos que los hacen aptos para redes de gas natural o gas licuado.

2. Sistemas eléctricos. Los más antiguos y de mayor consumo utilizan una resistencia eléctrica que se pone "al rojo vivo". Tiempo después surgieron los anafes vitro-cerámicos que tiene un consumo moderado y tiempos de cocción más rápidos. Desde hace pocos años, en el país de comercializan los anafes con tecnología inducción. En lugar de generar calor sobre la superficie del anafe, funcionan mediante campos electromagnéticos que excitan las moléculas del hierro de ollas y sartenes, logramos entre un 20 y un 30% de mayor eficiencia que las vitroceramicas. Los hornos eléctricos por convección utilizan ventiladores que generan una corriente de aire que envuelve los alimentos, permitiendo una cocción más pareja y en menor tiempo. Otra de las grandes ventajas de las tecnologías eléctricas es que no liberan gases sobre alimentos y cocina, evitando olores molestos, riego de muerte por intoxicación y explosiones.

3. Cocina económica a leña. Existen modelos de salamandras que cumplen la doble función de calentar el hogar y cocinar los alimentos. Sin duda esta es una gran alternativa para los días más fríos de invierno; pero nuevamente, siempre que tengamos una provisión de leña proveniente de bosques de cultivos próximos a nuestro hogar.

El tipo de sistema a utilizar dependerá del tamaño y tipo de uso de la casa, y la disponibilidad de gas natural. Si tenemos en cuenta los perjuicios ambientales producidos por el uso de combustibles fósiles y las expectativas futuras de la matriz energética, siempre que nuestro presupuesto lo permita, optemos por sistemas eléctricos de alta eficiencia. Si estamos por construir o refaccionar, tengamos en cuenta que el costo de construcción y puesta en marcha -incluyendo los sistemas de climatización, ACS y equipamiento de cocina- representan menos del 20% del costo total de la vivienda a lo largo de toda su vida útil. Esto quiere decir que el mayor costo del hogar deriva de su operación, que principalmente depende de los consumos energéticos y el mantenimiento. Cada peso que aportamos inicialmente para lograr una mayor eficiencia energética, resultará ser la mejor inversión para el bolsillo y nuestro planeta.

Rodrigo Herrera Vegas es co-fundador de Sustentator.com

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