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Sueño de un fútbol organizado

LA NACION
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Fernando Pacini
Lunes 14 de julio de 2014 • 23:36
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El desempeño de la Selección Argentina en la Copa del Mundo ha recuperado algunos valores que empezaban a formar parte del pasado. El orgullo competitivo, la determinación y el coraje que expuso el equipo en cada momento, resucitaron la afamada mística, hasta ahora, casi una pieza de museo que había que visitar en las videotecas. En tantos años, decenas de futbolistas acudieron al llamado de la Selección con ese objetivo y ese sueño, sin mucha fortuna, pero sin jamás renegar del amor original por vestir la camiseta.

Los llamaron mercenarios y peseteros, a éstos y a los anteriores. Jugaron solos, muchas veces desprotegidos, en tiempos de desorientación y convulsiones. Sin embargo, los jugadores jamás desistieron. En la Copa América de 2011, pensamos que esa autoestima apenas tenía signos vitales. Desde su designación, Sabella concentró sus primeros esfuerzos en salvar lo que quedaba y en procurar las maneras de fortalecer un alma, que por tantos golpes, ya estaba flácida. Sabella fue el líder de esa reconstrucción.

Luego, cada quién disfrutará más o menos de sus preceptos futbolísticos; da igual, eso es cuestión de sensibilidad y qué nos pasa cuando vemos jugar a determinado equipo. Pero Sabella puede colgarse la medalla porque supo gestionar, organizando su estructura de modo horizontal, participando a sus dirigidos, sin ampulosidades ni demagogias, preservando la intimidad, y con franqueza y honestidad para tomar decisiones. Ahora, puede no parecer gran cosa, pero ese estilo de conducción sin estridencias y lleno de generosidad, en perspectiva, fue el origen de la recuperación.

El "proyecto" de la Selección Argentina es el entrenador de turno. La Selección Mayor no es el punto más alto de un plan que abarca desde las bases. No se elige a un técnico en función de un estilo pretendido; es al revés, el técnico ES el estilo. De Menotti a Bilardo, de él a Basile, luego a Passarella, Bielsa, Pekerman, otra vez Basile, Diego, Batista, Sabella... Ninguna línea perdura, no hay cortes ideológicos cada 30 años, sino a cada rato.

Este subcampeonato mundial sería un excelente punto de partida para algo nuevo, ambicioso y renovador. Hay gente que sueña con un fútbol organizado, con bases sólidas en la formación, con competiciones mejor diseñadas, con un debate que integre a personajes que el poder del fútbol argentino segregó, y otros que despuntan llenos de ideas y vigor sin que nadie repare en sus existencias... Difícil, casi una fantasía. Es más terrenal entregar el sueño a la capacidad de los entrenadores y al talento espontáneo de los futbolistas.

Desde hace tiempo, la AFA no piensa en qué fútbol queremos para los próximos 20 o 30 años. Al contrario del método elegido por Sabella para liderar a la selección mayor, la AFA no está abierta al debate, ni desea incorporar a nadie que amenace con cambiar la óptica. El foco lo ha puesto en otro lado y se ha vuelto cada vez más una institución administrativa, política y recaudadora más que deportiva. Si se pierden de vista los intereses deportivos, o quedan sometidos a los comerciales y de poder, con el tiempo, hasta los negocios y el poder se derrumban.

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