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Ser argentino

PARA LA NACION
Martes 15 de julio de 2014 • 00:12

Me fui a dormir en Copacabana el 12/7 y pese a la seguridad del vidrio del hotel, se filtraban los gritos argentos. Iban y venían como olas. Entre bocinas de festejo por cada auto que llegaba. Hay una manera de alentar. Una forma original y fiel de ser argentino. Que nos distingue en el mundo. Como el corazón de los jugadores que desparramamos por todos lados. O como su inteligencia para adaptarse y su capacidad táctica (como los DT también)

Cuando nos levantamos 7:30 con esa mezcla de insomnio, nervios y ansiedad por la final, mi hija Betta dormía con su camiseta de "Leona" esperándola otra vez para ir a ver a la selección. La cuestión es que los gritos no solo seguían sino que crecían. Era una fiesta. Era un festejo de estar otra vez en la lucha por la cima del planeta. Todos los días en mi vida de "extranjero" acá en Brasil tengo discusiones defendiendo los colores, y cambios de opiniones sobre esta rivalidad, alucinante y cautivante. Que fastidia y te alegra. Que es el fútbol en todo su esplendor mientras no arranquen las trompadas. Una manera de sentir, de apoyar como nadie. Como pocas veces se vio en mundiales, frente a todas las dificultades.

Ese fue el combustible en cada estación de Brasil 2014 para esta selección del coraje, la garra, la viveza para saber sus limitaciones y las problemas para explotar tamaño poder ofensivo. Ese de los "Cuatro fantásticos" que estuvo limitado por los problemas físicos y la sintonía despareja de nuestros talentos. Que se hicieron cargo y dejaron el alma simbolizados y apoyados por ese monstruo llamado Mascherano. Por la firmeza del Negro Garay para hacer todo simple y llevar piernas y todo a la tribuna. Por el atrevimiento de Rojo de gran campeonato. Por la seguridad que nos pasó Romero, héroe contra Holanda. Por la importancia de ser un equipo unido y sacrificado de Demichelis, Zabaleta, Lavezzi, Biglia y Enzo Pérez. Por ese Di María total que nos contagió y llevó a cuartos (qué dolor y cómo sentimos su ausencia). Por el Pipa que nunca se olvidará de esa maldita pelota del primer tiempo (ni se imaginan cómo queda en la cabeza y en el cuerpo del jugador cuando no podés hacer lo que sabés que es tu oportunidad única: cicatrices...pesadillas...mil puteadas a vos mismo...paredes o manos rotas...puf...qué lástima Pipa, gracias por quebrar la barrera de los cuartos, por ese partido terrible vs Belgica).

Qué pena Leo, era el tuyo, el de la historia, el de la gloria...el que el mejor del mundo merecía más que nadie...qué pena después de verte correr, entregarte, ganar otra vez en velocidad (Hummels), gambetear a 3 (Suiza, Holanda). Era tuyo, era nuestro y se nos escapó. Sé que parte del pueblo argentino te criticó, pero sé que es el único que te comprenderá mejor que nadie porque lo vibró con vos, sintió tu grito de gol, tu llanto de felicidad.

Humildad por ver las limitaciones propias, laburo para corregir, autocrítica...diálogo...pelota parada. Elecciones. Hubo tantos puntos altos en Sabella y su cuerpo técnico. Así como el departamento médico en la recuperación de Agüero. Qué bronca también que el Kun no pudo explotar todo lo suyo. El trabajo del Profe. Los utileros con Marito y su fe a la cabeza. Con Luisito Castro y Mosche corriendo para que no faltara nada. Se me escapa el jugador pero es inevitable. Son los tipos que hacen que la máquina funcione con el motor de la buena leche y el esfuerzo.

Podemos hablar de la táctica, de los cambios, de la falta de contundencia...Es verdad los perdonamos a los alemanes...justo a ellos que los tenés que hundir.

Es verdad que Alemania jugó un muy buen mundial y que tuvo una dura llave contra Francia y Brasil.

Pero qué poco faltó, después de estar tan lejos por 24 años. Gracias a ellos, a este grupo de guerreros que se entregaron, que dieron la piel por la camiseta más linda de todas...gracias a todos los muchachos...y gracias a la gente por mostrarle al mundo qué significa en el fútbol... ser argentino.

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