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Mi mundo privado

Quién es Belén Rodríguez, la modelo que llevó a Google y a Yahoo! a la Justicia, y abrió el debate sobre libertad de expresión y derecho a la intimidad en Internet

Domingo 20 de julio de 2014
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PARA LA NACION
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Foto: LA NACION / Estrella Herrera

Alta, delgada y de sonrisa compradora. Belén Rodríguez (30) ya no transita las pasarelas con la misma frecuencia que hace unos años, pero conserva la pose y la figura perfecta de modelo. En su departamento de tres ambientes en el barrio de Belgrano vive con sus hijos Francisco (1) y Benito (3), y su marido, Gonzalo, quien trabaja en una pyme familiar.

Desde hace ocho años, cuando su nombre apareció vinculado a portales de citas con contenido pornográfico, desfila más por los pasillos de Tribunales que por las pasarelas. Lo que parecía simple, como quitar su nombre y su imagen de los sitios porno, se convirtió en una pesadilla de trámites y demandas judiciales que llevaron su caso a la Corte Suprema. Belén decidió enfrentarse con los gigantes: en 2006 inició una demanda contra Yahoo! y Google –que aún sigue en pie– "por los daños y perjuicios ocasionados al vincular su nombre e imagen fotográfica en los resultados de búsqueda con sitios de contenido sexual y pornográfico", según detalla el abogado Martín Leguizamón, quien lleva el caso.

Nacida en Mina Clavero, una localidad turística de 9000 habitantes a 150 km de la ciudad de Córdoba, Belén llegó a Buenos Aires en 2001, con 18 años, para trabajar como manequín. Aquí conoció a Gonzalo, con quien se casó luego de cuatro años de noviazgo. Su historia era la de una chica de pueblo que llega a la gran ciudad para hacer carrera. "Empecé a modelar a los 17 años, en mi pueblo, Mina Clavero. Estaba terminando el secundario y me enteré de que venían de la agencia de Pancho Dotto a hacer un scouting. Me anoté y quedé seleccionada. Me acuerdo de que no fui al viaje de egresados porque tenía un desfile en Buenos Aires, y preferí venir acá a probar suerte", cuenta Belén sobre sus inicios.

Pero lejos de amilanarse, Belén ya tenía decidido quedarse en la gran ciudad, entre sentimientos de nostalgia por lo que había dejado atrás y el empuje por hacerse camino en lo que había decidido que sería su ocupación. "Llegué acá con toda la ilusión, en 2001, lo cual no fue fácil. Era la primera vez que dejaba mi casa y mi familia, y soy la mayor de tres hermanas, por lo que también fue duro para mis viejos tenerme lejos", recuerda.

¿Cómo fue tu carrera en los comienzos? ¿Qué tan difícil fue para vos hacerte un lugar en un mundo competitivo como el de las modelos?

Fue difícil porque yo no conocía a nadie, pero me fue bien. Empecé a tener mucho trabajo e hice tele también. Entre 2004 y 2005 actué en No hay dos sin tres y en Palermo Hollywood, dos telecomedias por Canal 9.

¿Fue entonces que tu nombre empezó a aparecer en Internet vinculado a agencias de citas y sitios porno?

Sí, justo cuando estaba en mi mejor momento de laburo, y a partir de eso, las contrataciones empezaron a bajar. Me llamaban de las agencias para hacer publicidades y en la segunda entrevista ya no quedaba. Por entonces yo no lo atribuía a esto, pero ahora pienso que chequeaban mis datos por Internet. Yo siempre trabajé con marcas vinculadas con la familia, y es entendible que ante la duda no quisieran quedar pegadas a una imagen que no se correspondía con esos valores.

Belén con su abogado, Martín Leguizamón (izq); la Corte tiene la palabra
Belén con su abogado, Martín Leguizamón (izq); la Corte tiene la palabra. Foto: LA NACION / Estrella Herrera

¿Cómo te enteraste de que tu imagen estaba siendo usada para promocionar ese tipo de sitios?

No fui yo la que se enteró primero, sino mi padre, que al poner mi nombre en los buscadores fue derivado directamente a sitios con contenido sexual. Casi se muere. Imaginate, yo vengo de una familia tradicional, papá abogado y mamá docente, en Mina Clavero, un lugar donde todos se conocen. Lo peor es que mucha gente ya lo había visto y no me había dicho nada, pero había empezado a rumorear. Incluso amigas mías del colegio y amigos de mi marido, que por entonces era mi novio, lo llamaron para decirle que no se casara, porque yo era poco menos que una prostituta…

¿Cuál fue tu reacción?

Me llené de indignación. Primero traté de comunicarme con los responsables de esos sitios para pedirles que me borraran de ahí, porque esto dañaba mi reputación y mi carrera. Pero obviamente, esas páginas Web se arman desde el anonimato y no había ningún contacto para comunicarse. Entonces consulté con mi viejo, que es abogado, qué se podía hacer. Pero él no podía ayudarme porque todo esto de Internet es muy nuevo, y meterse con los gigantes del mundo online no es para cualquiera.

¿Cómo es que terminaste enjuiciando a Google y Yahoo! por daños y perjuicios?

Nunca creí que iba a tener que llegar a esto. Yo realmente pensaba que mi imagen había aparecido por error en los sitios porno. Pero al ver que no podía borrarlo y que cada vez más gente se iba enterando, me empecé a desesperar. Era como una bola de nieve que no podía parar. Al final me animé a comentarle a una colega que trabajaba conmigo en la agencia de modelos y me dijo que ella había tenido un problema similar. Fue la que me recomendó a mi abogado, Martín Leguizamón, y la gente de su estudio para llevar el caso.

En primera instancia, un juez condenó a ambos buscadores a indemnizar a la modelo por $ 120 mil y a retirar los enlaces que vinculan su nombre e imagen con páginas de oferta sexual. Sin embargo, las compañías apelaron y la Cámara Civil redujo la indemnización a la mitad.

A días de que salga el fallo, su caso refleja el debate entre la libre expresión y el derecho a la privacidad y a la reputación online
A días de que salga el fallo, su caso refleja el debate entre la libre expresión y el derecho a la privacidad y a la reputación online. Foto: LA NACION / Estrella Herrera

Rodríguez y su abogado llevaron entonces el caso a la Corte Suprema, que convocó a una serie de audiencias públicas donde los defensores de las partes, los peritos y expertos debaten la preeminencia de dos derechos fundamentales: a la privacidad y a la libertad de expresión.

La parte acusadora busca que se establezca por ley un mecanismo ágil y sencillo que permita a los ciudadanos solicitar a los buscadores que se retiren contenidos y enlaces que perjudican su reputación. La Corte Suprema Europea falló recientemente en este sentido (ver nota: La batalla por la privacidad), obligando a Google a disponer un formulario online para esta clase de pedidos.

Los representantes de los buscadores se amparan en el derecho a la información y a la libertad de expresión. Argumentan que "no son productores de contenido, sino intermediarios", equiparando el filtrado o bloqueo de los enlaces a un acto de censura. El debate aún está abierto, pero se estima que en los próximos días habría novedades.

¿También hubo una confusión con una modelo que se llama igual que vos y estuvo involucrada en algunos escándalos en Italia?

Sí, es una homónima mía, pero no la conozco. Es argentina también y estuvo en Italia, donde se la vinculó a algunos escándalos y fiestas. Incluso tuvo que declarar en el juicio contra (el ex premier Silvio) Berlusconi. Pero su caso no tiene nada que ver con el mío.

A muchas modelos y actrices se las ha vinculado falsamente con agencias de citas. ¿Por qué creés que fue tu demanda la que más lejos llegó, hasta la Corte Suprema?

Tengo entendido que la Corte Suprema toma demandas individuales y no grupales. En mi caso, ya hubo dos instancias. En la primera, un juez condenó a los dos buscadores a retirar los enlaces que vinculan mi nombre con los sitios pornográficos y de contenido sexual, y a pagar una indemnización de $ 120.000. Pero los buscadores apelaron, y les redujeron la indemnización a la mitad. Por eso el juicio se estiró tanto tiempo.

Pero finalmente, los buscadores borraron los enlaces a los sitios pornográficos…

Sí, pero no lo hicieron enseguida. Yahoo! tardó dos años en cumplir la orden judicial, y Google demoró cuatro años. Recién borró los enlaces en 2010, luego de pagar una multa de 42 mil pesos, cien pesos por día, por todo el daño que me hicieron. Porque perjudicaron mi imagen, que es con lo que yo trabajo…

Los defensores de Google y Yahoo! argumentan que ellos no son los creadores del contenido, sino los mensajeros. Y que obligarlos a borrar los enlaces es un acto de censura.

Sí, pero sin los buscadores, nadie llegaría al contenido. Yo estoy a favor de la libertad de expresión. Pero no puede ser que en su nombre, cualquiera ponga cualquier cosa en Internet y te arruine la vida. Tiene que haber una forma de evitar esto. Si ellos (los buscadores) fueron capaces de crear esa maravilla que te ayuda a encontrar todo en Internet, tienen que poder crear una solución para este tipo de problemas.

En todo este tiempo, nunca pensaste en arreglar o desistir?

Ellos en ningún momento quisieron arreglar. Y hubo momentos en que me sentí muy mal. Como una hormiga desafiando a unos gigantes. Pero mi familia y los valores que me enseñaron me impulsaron a seguir adelante.

No fue fácil, dejé de hacer muchas cosas por ir a los juzgados y a las audiencias. La última fue a mediados del año pasado, cuando yo estaba embarazada de Francisco, mi hijo más chico, y no podía más con mi panza. Pero siempre pensé que hay que pelear por los propios derechos. Y es lo que estoy haciendo. Esto le puede pasar a cualquiera, y no le deseo a nadie pasar por lo que yo pasé.

Creés que en este tiempo pudiste recomponer tu imagen?

Sí. Al principio fue muy difícil, porque nadie me conocía y muchos desconfiaban, o se guiaban por prejuicios que suele haber en el ambiente de las modelos. Mi caso fue tomando relevancia, y hoy mucha gente me apoya y se identifica conmigo.

¿Qué expectativas tenés con las audiencias públicas que se están llevando a cabo en la Corte Suprema?

Tengo una gran ansiedad y mucha esperanza, porque confío en la Justicia. En estos años, por momentos la pasé muy mal. Creeme que es muy feo sentir que tenés que aclararle a todo el mundo quién sos. Por suerte mis hijos son chiquitos. Pero mi mayor miedo era que ellos mismos me vieran en esos sitios cuando busquen algo en Internet, o que los carguen en el colegio. Esperé ocho años y no veo la hora de que todo esto se termine.

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