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Batalla por la privacidad

Domingo 20 de julio de 2014
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PARA LA NACION
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Foto: Alma Larroca

En Trascendencia, identidad virtual, su más reciente película, Johnny Deep interpreta a un especialista en inteligencia artificial que hace un backup de su mente en una computadora..., que tras su muerte cobrará existencia autónoma y ubicua.

Sin entrar en la ciencia ficción, cada día, nuestros pensamientos, preferencias y emociones se ven reflejados en miles de posteos, fotos tageadas, tuits, likes, correos electrónicos y búsquedas online. Muchas veces no somos nosotros, sino nuestros amigos, contactos o seguidores y sus amigos, contactos y seguidores quienes suben y replican toda esa información, que circula fuera de nuestro control en la nube.

El sueño de una Internet de las cosas, en la que el televisor, la heladera y hasta la ropa que usamos estén interconectados y nos solucionen temas domésticos, como qué cocinar, o nos recomienden ofertas para comprar online, se está volviendo realidad y pesadilla.

"Hoy somos 6500 millones de habitantes, con 6500 millones de equipos conectados. En 2020 seremos 8000 millones de personas con 150 mil millones de cosas conectadas, y habrá 57 bytes de información por cada grano de arena en el mundo", profetiza Jim Reavis, especialista en Seguridad y Privacidad online y cofundador de la ONG Alianza para la Seguridad en la Nube (CSA, por sus siglas en inglés).

Con una Web cada vez más móvil y ubicua, mantener la privacidad de los datos personales se ha vuelto una utopía. Y la sensación de estar siendo espiado se convirtió en certeza, sobre todo después de que el ex técnico de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) Edward Snowden revelara, en junio de 2013, cómo el gobierno de su país sigue el rastro de mandatarios, empresas e individuos a través de la Web.

El costo de la privacidad

Acceder a información y los servicios en Internet parece gratis, pero no lo es. A cambio de este beneficio, los usuarios entregan gran cantidad de información sobre sus necesidades, hábitos e intereses, lo que alimenta un bombardeo publicitario segmentado con cada búsqueda o mensaje online.

Hasta el momento, el modelo de negocios de Internet ha funcionado de esta manera, pero "en el futuro es probable que convivan varios esquemas, y muchos usuarios preferirán pagar para navegar en la Web a cambio de que sus datos no sean recolectados", dice Brendon Lynch, jefe oficial de privacidad de Microsoft.

Los consumidores están cada vez más preocupados por su privacidad online, según surge del informe Privacy Index, elaborado por la compañía tecnológica EMC, para el que encuestó a 15.000 usuarios de Internet en 15 países. Según este estudio, sólo un 27% de las personas está dispuesto a ceder cierto grado de privacidad a cambio de "servicios más convenientes y personalizados". Sin embargo, este porcentaje varía según el país. Mientras un 61% de los encuestados en la India dijo abiertamente que estaría dispuesto a ceder privacidad a cambio de mayor conveniencia, sólo un 36% de los alemanes opinó lo mismo. En México y Brasil (el estudio no incluye a la Argentina), ese porcentaje se acerca al 50 por ciento.

Pero a pesar de su preocupación por la privacidad, muy pocos usuarios actúan realmente en consecuencia. El 62% de los encuestados no cambia regularmente sus contraseñas, el 33% no personaliza las opciones de privacidad en las redes sociales y el 39% no usa password para bloquear sus equipos móviles. No obstante, la mayoría ha tenido malas experiencias: un 25% dice haber sufrido el hackeo de su cuenta de correo electrónico, el 18% perdió o le fue robado su teléfono móvil, y al 17% le hackearon su cuenta en las redes sociales.

Y aquí se da otra paradoja. Más de la mitad de los usuarios (60%) considera que el gobierno y las compañías proveedoras de Internet son las principales responsables de velar por la privacidad de los datos. Sin embargo, el nivel de confianza en la capacidad y ética de estas organizaciones es del 58 y 49 por ciento.

El encanto de lo efímero

Las redes sociales fugaces como Snapchat o el aplicativo Slingshot de Facebook, que permiten enviar mensajes e imágenes con fecha de caducidad, o que se autodestruyen después de ser vistos, tienen cada vez más adeptos. En el primer caso se trata de una red social para compartir imágenes y videos, que desaparecen luego de ser vistos. En el aplicativo de Facebook, el contenido también se autodestruye, pero para poder verlo el usuario tiene que mandarle una foto o un video a su interlocutor.

También la aplicación de mensajería instantánea WhatsApp tiene su competidor más discreto. Se trata de HushHushApp, un aplicativo para chatear sin revelar el número de teléfono o correo electrónico. Todos los mensajes y archivos enviados están cifrados y se puede definir contacto a contacto quién puede ver si estamos o no conectados, o si hemos leído o no el mensaje.

Al contrario de lo que suele pensarse, los más jóvenes son quienes más se ocupan de su privacidad online. Una encuesta del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford entre 2000 usuarios británicos reveló que el promedio de edad de quienes nunca habían comprobado su configuración de privacidad en las redes sociales es bastante alto: 43 años. Por el contrario, la edad promedio de quienes sí lo hacían es de 26. En el extremo están los adolescentes: casi el 95% de los encuestados de 14 a 17 revisan lo que comparten con su vida social y con quién, y ajustan su configuración de privacidad según la ocasión.

Reputación online

"Información privada no es lo mismo que información secreta. Y de hecho las personas quieren compartir información, pero en un entorno controlado –destaca Lynch–. Cada persona tiene derecho a elegir con quién comparte qué información."

Foto: LA NACION / Alma Larroca

Un concepto nuevo, el de la reputación online, está cobrando cada vez más importancia para las personas. "Cada uno de nosotros crea su imagen digital, a través de opiniones en blogs, foros, tuits, fotos, videos y links que recomendamos. Otras personas pueden aportar sus comentarios, tagearnos en imágenes, y así contribuyen a moldear positiva o negativamente esta imagen", apunta Jacqueline Beauchere, responsable de Seguridad Online en Microsoft y vicepresidenta de la Alianza Nacional para la Ciberseguridad (NCSA).

"Periódicamente debemos revisar la configuración de seguridad y privacidad en nuestras redes sociales, y determinar quién puede ver nuestra información y agregar comentarios", recomienda la especialista. Es conveniente separar el perfil profesional del personal, y para esto hay redes sociales diferentes: Facebook y Flickr son más apropiadas para las cuestiones personales, y Linkedin para cuestiones profesionales y de negocios.

La imagen online es cada vez más importante para el desarrollo de una carrera. Según una investigación de Microsoft, el 79% de los empleadores en los Estados Unidos chequea información de los candidatos en Internet y las redes sociales, y no se limita a las puramente profesionales. "Muchos reclutadores consideran este tipo de información como muy relevante, y 70% ha rechazado candidatos en base a lo que encontraron online", destaca Beauchere.

El derecho a olvidar

El 12 de mayo, la Corte Suprema de Justicia Europea dictó un fallo que obliga a Google a facilitar un formulario para que ciudadanos pidan la remoción de contenidos online que los perjudican. El caso que originó el dictamen fue presentado por el comerciante español Mario Costeja González, quien recurrió al máximo tribunal luego de fracasar en las instancias inferiores con su reclamo: el buscador seguía indexando un viejo anuncio sobre una subasta de bienes que le fueron embargados por una deuda con la Seguridad Social varios años después de resuelta la cuestión.

La Corte con sede en Luxemburgo dictaminó que "si a raíz de la solicitud de la persona afectada se comprueba que la inclusión de esos enlaces es incompatible con la directiva (de protección de datos personales), la información como los enlaces que llevan a ella deben eliminarse".

El fallo encendió la controversia entre los defensores de la libertad de expresión en primer término y los que priorizan el derecho a la privacidad, y es un importante antecedente para el caso Belén Rodríguez vs. Google y Yahoo que se debate en la Corte Suprema argentina (ver entrevista en esta edición).

Tanto Google, a través de sus voceros, como el propio Jimmy Wales, creador de Wikipedia, salieron a responder que la medida facilita la censura y afecta el derecho a informarse y la libertad de expresión.

Para Ramiro Álvarez Ugarte, abogado y director de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), "no se debería responsabilizar a los buscadores por los contenidos erróneos o difamatorios, ya que no los producen, sino que al indexarlos se convierten en intermediarios de la información en Internet".

Si bien el fallo a favor del comerciante español sólo tiene injerencia para los ciudadanos de la Unión Europea, "sería interesante que tenga un alcance global", especula desde la otra vereda Enrique Quagliano, docente, periodista e investigador en Nuevas Tecnologías, uno de los creadores de la campaña Por el derecho al olvido en Internet.

La iniciativa surgió a causa de una entrevista que el comunicador rosarino tuvo –junto a su colega porteño Alejandro Tortolini–, en 2008, con Viktor Mayer Schönberger, abogado especialista en privacidad y protección de datos de la Universidad de Harvard y profesor en el Internet Institute de Oxford. Schönberger es el impulsor de la idea de que "las computadoras sean programadas para poder olvidar, tal como lo hacemos los humanos. La estela de información que vamos dejando a medida que nos movemos por el mundo online, nuestra huella digital, puede hoy ser rastreada y el pasado siempre está allí para condenarnos", argumenta el especialista en su libro El arte de olvidar en la era de la computación ubicua. El caso que lo llevó a él a investigar y escribir esta obra fue el de una joven madre de dos hijos que estudiaba para ser maestra y no pudo recibirse porque una foto suya en una fiesta subida a las redes sociales les pareció inapropiada a quienes debían darle el título, aun cuando ella había quitado la foto de su perfil. Pero la imagen había sido almacenada, catalogada y replicada en otros sitios, porque Internet no olvida.

Pienso, luego hago clic

Foto: LA NACION / Alma Larroca

"El primer responsable de nuestra privacidad e imagen digital somos nosotros mismos", afirma Alberto Arébalos, director de Comunicaciones de Facebook para América latina y ex director de Asuntos Públicos en Google. "Hoy nuestra vida transcurre tanto online como offline. Descuidar nuestra imagen digital por falta de tiempo es como excusarse de una mala imagen real porque estamos demasiado apurados para peinarnos o bañarnos."

Una buena práctica para cuidar la imagen digital es tipear nuestro nombre en los principales buscadores y ver qué aparece. Si lo que encontramos no se ajusta a quienes somos o cómo queremos presentarnos, esto significa que debemos trabajar en ello. "La reputación se construye y para esto debemos ocuparnos de producir y actualizar nuestro perfil online. El mal contenido se combate con buen contenido", propone Arébalos.

Pero cuidar la privacidad y la reputación online requiere de método. De nada sirve que proveedores de Internet y compañías tecnológicas inviertan millones en seguridad y protección de datos si los usuarios no configuran bien su perfil ni utilizan un buen password.

"Hoy cada persona tiene 26 cuentas –entre correos electrónicos personales y laborales, redes sociales, perfiles de usuarios en instituciones bancarias, de salud, educativas y plataformas de e-commerce, entre otras– y usa seis passwords, la mayoría variantes de una misma palabra o secuencia de números, con el riesgo muy alto de ser víctimas del robo de información", destaca Dustin Ingalls, responsable de Seguridad del sistema operativo Windows 8.

Las políticas de confidencialidad están accesibles cada vez que nos suscribimos a un sitio online o una red social. Pero son tan largas y su lenguaje tan complicado que llevaría buena parte de nuestra vida leerlas. Por eso, la mayoría de los usuarios las acepta sin mirar. Más allá de las herramientas tecnológicas para preservar nuestra información e intimidad, la más importante es la más sencilla: pensar antes de hacer clic.

Ocho claves para ser un buen ciudadano en Facebook

1- Respetar las pautas de edad: esta red social es para mayores de 13 años

2- No aceptar solicitudes de amistad de desconocidos

3- Configurar el perfil de seguridad (www.facebook.com/settings/?tab=privacy). Hay tres opciones: amigos, contactos de amigos y público

4- Vista previa: esta herramienta muestra la información de nuestro perfil que ven quienes no son nuestros amigos en Facebook

5- Aplicaciones y sitios: esta sección controla qué información se comparte con las compañías que crean aplicaciones para Facebook, como juegos y trivias. También controla la información de nuestro perfil que otros sitios y motores de búsqueda pueden captar. Es recomendable eliminar o desactivar las aplicaciones que no se usan

6- Bloqueados: en esta sección de configuración de seguridad se pueden bloquear personas concretas para que no interactúen o vean información de nuestro perfil

7- Informar y denunciar contenidos y conductas abusivas o inapropiadas con la opción reportar abusos

8- Tener en cuenta que nada es realmente privado en las redes sociales

Fuente: Facebook Argentina

Internet en 2025

4700 millones de usuarios de la Red

75% en las economías emergentes

150 mil millones de cosas conectadas.Computadoras, heladeras, televisores, autos, ropa, casas… Todo va a estar conectado y controlado a través de Internet

Fuente: Cyberspace 2025, Microsoft Research

Cómo cultivar nuestra reputación online

Revisar qué aparece en los principales buscadores (Google, Yahoo, Bing) cuando tipeamos nuestro nombre

Separar el perfil personal del laboral o profesional (conviene utilizar redes sociales diferentes para cada uno)

Publicar lo positivo: conectarse, pedir recomendaciones,

Actualizar la información profesional o de carrera; tener un blog donde aportar contenido sobre nuestra especialidad o temas de interés

Pensar antes de postear comentarios, fotos y contenidos

No difamar ni ofender a otras personas. Tratar a los demás como queremos ser tratados

Fuente: Microsoft.com

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