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Mundial: de la carroza a la calabaza

Jueves 17 de julio de 2014 • 23:59
Foto: @DomenechS
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¿Hasta dónde llegan las ondas expansivas una vez que termina el Mundial? ¿Cuánto dura la resaca futbolera, estas vacaciones sin moverse frente a las pantallas, para darle cierre total al mayor entretenimiento global de la humanidad?

Ya la policía de Río de Janeiro desalojó a los últimos acampantes del Sambódromo y al mismo tiempo un equipo brasileño le ganó a uno argentino por la Recopa Sudamericana. Hasta con un mundialista en acción: Atlético Mineiro superó 1 a 0 a Lanús 0 con el delantero Jo en la cancha en el segundo tiempo. Datos como para que la noción de final quede clara. Se acabó la fiesta .De a poco cada vez que se hable del Mundial será para referirse exclusivamente a Rusia 2018.

Se sabe que los Mundiales sirven para recrear situaciones y comportamientos. Es un "cliché" hacer comentarios y bromas sobre lo que significa dejar atrás un Mundial para volver a la rutina. Es parte de la vivencia. Si fuera un cambio en medio de un partido, podría decirse que "sale Brasil 2014 y entra el Torneo Transición". Abundan las alusiones sobre el estado de los campos de juego, la diferente iluminación de las canchas, la diferencia de textura del fútbol de la FIFA comparado con el de la Conmebol y especialmente el de la AFA. Lo cual es bastante curioso porque en los escritorios de las decisiones, unos y otros son los mismos .

Pero sabemos de qué hablamos. Hay un contraste evidente y esperado entre el fútbol mundialista y, digamos, el fútbol "normal". Un crudo regreso a la realidad que se completará con partidos suspendidos, cambios de horarios inminentes y un estilo de juego que nos hará notar las diferencias. ¿Podría todo esto ser acaso de otro modo? ¿Hay capacidad para qué esta "vuelta a clases" no sea en realidad un descenso al inframundo? A primera vista parece que no. Que todo será como siempre. Pero algunos cambios, tal vez no de fondo, pueden llegar a ser valiosos. Algunos de ellas provienen de las entrañas del plantel que salió subcampeón en Brasil.

En un set televisivo, Martín Demichelis, que jugó ocho temporadas en Bayern Munich, ve con total normalidad el festejo de los jugadores alemanes. Supuesto destinatario de esas burlas, Demichelis cuenta que es habitual recurrir a esos cánticos cuando un equipo sale campeón en Alemania. " No es una ofensa ", dijo en TyC Sports. Desactivó así cualquier interpretación envenenada sobre el sentido de esa celebración y su conexión con el nazismo.

Desbordado por elogios y homenajes que lo abruman, Javier Mascherano tuvo tiempo para hablar sobre el fútbol del seleccionado en San Lorenzo, su ciudad natal. Defendió la tarea de Lionel Messi y dijo que el jugador del Barcelona se sacrificó por el equipo. Reconoció que tal vez Messi quedó "algo solo" en la reformulación del equipo en el Mundial y tampoco vio ninguna agresión ultrajante en el festejo de los alemanes: " Son cargadas lógicas... ".

Lejos de la épica del seleccionado, pero como conductor del primer equipo argentino que jugó contra uno brasileño luego del Mundial, Guillermo Barros Schelotto también hizo su aporte en una dirección positiva. Sencillamente dijo que Atlético Mineiro jugó mejor que Lanús . Cuando se habla de "desdramatizar", estos tres ejemplos son una buena muestra.

Después del Mundial el paisaje futbolístico argentino será el de siempre. No hay magia en esto ni encanto de Fan Fest que derrame desde Brasil. Pero los gestos y los dichos valen. Son algo. Justo ahora, que la carroza se vuelve a transformar en calabaza, es cuando los dirigentes del fútbol deberían también tomar nota del clima de época. Saber leer qué cuestiones novedosas emergen desde el seleccionado de Alejandro Sabella. Para que no quede todo en lindas palabras que no anclan en nada concreto. Al final de cuentas, si son tan solícitos con el hincha argentino que precisaba entradas para el Maracaná, podrían ser tan ejecutivos con el mismo espectador que el domingo se sentará, si puede, en una butaca rota y sucia que nadie intenta reparar.

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