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Resiliencia o cómo hacer para superar las derrotas laborales

Redescubrir las fortalezas personales, el diálogo y la visualización positiva del futuro son algunas claves

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LA NACION
Domingo 20 de julio de 2014
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La imagen es poética. Las proximidades del arco argentino, vulnerado a última hora, es el escenario del medido festejo alemán. Sus jugadores se funden en un abrazo. Lograron el gol de la Copa del Mundo. Javier Mascherano, el emblema argentino, yace acostado boca arriba, inerte, en el pasto. El león ha sido vencido.

Con los días llegarán las pesadillas. Gonzalo Higuaín, Rodrigo Palacio y Lionel Messi, aquellos que estuvieron cerca de torcer la historia, serán los profusos soñadores. Las fantasías se repetirán circularmente. En ese mundo irreal, sus disparos entrarán al arco rival; festejarán como héroes; levantarán la Jules Rimet. "¿Y si hubiera metido ese pelotazo?", se preguntarán cientos de veces retóricamente. Nacerá entonces –si no lo hizo ya– la amarga frustración de la derrota. No los invadirá sólo a ellos. Contagiará a todos aquellos que fueron alimentados por la misma ilusión.

Las marcas duran. El chileno Mauricio Pinilla se tatuó el fatídico tiro en el travesaño en el último minuto del partido con Brasil que le habría dado el pase a cuartos de final a los trasandinos. "Ese tiro me va a perseguir toda mi carrera", contó a su vez Andrés El Chapu Nocioni sobre el triple que no entró en el último segundo de las semifinales del Mundial de básquet en 2006. Algunos cuentan que esa imagen fue el wallpaper de la computadora del alero durante algún tiempo.

Cuando se apuestan cuerpo, mente y alma en un proyecto laboral –en este caso, también deportivo– y no se alcanza la dulzura del éxito, ¿cuál es la fórmula para reponerse del golpe y canalizar esa experiencia negativa con el objetivo de mejorar las futuras? A este proceso, los expertos lo suelen llamar resiliencia.

Ciertamente, hay un ejemplo alemán. Unos días antes de que arrancara Brasil 2014, el defensor Benedikt Höwedes –aquel que metió un frentazo en el palo contra la Argentina– estuvo involucrado en un accidente de auto en el que resultaron heridas dos personas, una de gravedad. El trauma psicológico fue tan duro que se dudó de su presencia. Fue gracias a Hans-Dieter Hermann, el psicólogo de la selección teutona desde 2004, que Höwedes consiguió transformar esa experiencia en motivación.

¿Qué es la resiliencia? Es saltar hacia atrás, volver a saltar, rebotar, según la traducción del latin resiliere. La introducción del término en inglés resilient viene en cambio de la física y alude a la capacidad que tienen algunos metales de recuperar su estructura luego de una deformación. La psicología positiva habla actualmente de la capacidad de las personas o los grupos para sobreponerse al dolor emocional y continuar con su vida, incluso con una perspectiva superadora.

Una ascenso otorgado a un competidor en la oficina, una presentación fallida, un reto del jefe frente a los compañeros por objetivos propuestos y no alcanzados, un despido por baja performance, el fracaso de un proyecto de equipo. El mundo del trabajo no es ajeno a las derrotas ni tampoco a los ejemplos de resistencia y de superación que existen en la vida misma.

"La resiliencia no es cicatrización", explica el doctor Daniel López Rosetti, jefe del Servicio de Medicina del Estrés del Hospital Municipal de San Isidro. "Es la capacidad de salir mejor preparado que antes de una experiencia negativa", agrega el especialista en la materia.

López Rosetti afirma que este proceso involucra cuestiones genéticas y también aquellas adquiridas a lo largo de las experiencias de vida. Esta segunda característica, en definitiva, abre el juego al entrenamiento. "La resiliencia es la modulación de cuestiones genéticas para enfrentar la adversidad", define López Rosetti.

"Siempre existe la posibilidad de trabajar en las personas para construir resiliencia en ellas", coincide Marcelo Roffé, psicólogo del seleccionado argentino de fútbol juvenil entre 2000 y 2006. "Hay dos preguntas que son claves para hacerse: ¿quién aparece en los momentos difíciles? y ¿qué te ocurre después del error?", sentencia.

El director de la consultora Alto Rendimiento - Del Deporte a la Empresa, cuenta que trabaja muchos temas con los jugadores. Por ejemplo están los que se bloquean jugando de local, los que no pueden dormir antes de los partidos o quienes no se sienten cómodos con sus entrenadores. La actualizada relación entre el deporte y la empresa ofrece muchas similitudes, sobre todo en este último punto que involucra a las jefaturas.

"Después de las derrotas siempre hay un duelo para hacer y hay que elaborarlo", estima el autor de El partido mental. "Y el rival a vencer siempre es uno mismo", cierra.

De éxitos y fracasos

"En un proyecto laboral, como en un vestuario, el análisis del resultado no puede quedar reducido a si se cumplieron o no los objetivos de ventas", afirma Nicolás Fernández Löbbe, socio de la consultora en recursos humanos Biset + Fernández Löbbe y entrenador asistente de seleccionados juveniles del rugby argentino. "Así quedan afuera muchas variables que sirven para entender el proceso y una metodología y aprendizaje para futuras situaciones", agrega el experto.

El ex DT de las Leonas Sergio Cachito Vigil afirma que hay mandatos que ahogan la resiliencia. "No podemos fallar", ejemplifica entre otros. Según él, esos conceptos cristalizan determinados conceptos de éxito y fracaso. "Lo importante es saber que todo el tiempo se gana o se pierde, en la vida, en la cancha o en la oficina. Fracasar es no entender esto.

"Cuando no tenés licencia para errar no tenés licencia para jugar. El jugador se bloquea, se esconde y se esfuma su creatividad", explica el hombre que exige abrazar la escucha y el diálogo permanente en los equipos.

López Rosetti también recomienda aprovechar el diálogo. A eso suma el desarrollar las fortalezas personales, las redes sociales de apoyo, una visualización positiva del futuro y la conciencia de que uno es el comandante de su presente. "Hay que dejar el piloto automático y pasar a manual", recomienda el psicólogo. O como decía Séneca: "No hay viento favorable para quien no conoce su rumbo".

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