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El peor escenario, la trastienda de la clausura del autódromo porteño

El sábado a las 23 la policía fajó las puertas del predio. El Súper TC2000 desarrollaba los 200 km. Se corrió sin habilitación

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LA NACION
Lunes 21 de julio de 2014 • 09:54
Una vista panorámica del caos que generó la multitud llegando al autódromo clausurado
Una vista panorámica del caos que generó la multitud llegando al autódromo clausurado. Foto: LA NACION / Laura Cano
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A la crisis que atraviesa el automovilismo nacional, se le agregó un nuevo capítulo, tan dramático como ilustrativo de lo que se vive en la actividad y lo que se puede generar en la Argentina. En medio del desarrollo de la fecha más importante del año del Súper TC2000 , una fiscalía clausuró el autódromo Oscar y Juan Gálvez de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, sin orden judicial para levantar la clausura, el público ingresó y finalmente se realizó la actividad deportiva sobre el circuito N° 8.

La policía puso la faja en los portones de ingreso del predio de Villa Lugano el sábado a las 23, con dos de las tres jornadas del Súper TC2000 concretadas, a la espera de la gran fiesta para el domingo, con la final especial, con pilotos extranjeros invitados y el marketing que desplegaron las empresas vinculadas a la categoría.

El público comenzó a llegar a las 6.30. A partir de entonces, con los portones cerrados, el tránsito vehicular en la General Paz y en la avenida Roca fue un caos. La gente afuera, a la espera de un cambio de decisión, escuchando la radio, aguardó, mientras el número de espectadores se multiplicaba.

Mientras, Pablo Peón, presidente del Súper TC2000, utilizaba su celular sin pausa. Dialogó con funcionarios y apeló a todos sus contactos, luego de vivir una noche maratónica, con reuniones en despachos céntricos para destrabar el conflicto.

"Yo me enteré anoche de esta situación. De parte del concesionario del autódromo no me informaron sobre una inspección previa y este delicado presente del autódromo", comentó el dirigente. ¿A qué situación se refería? El 11 de julio se realizó una inspección en el autódromo porteño. Allí se labró un acta con los diversos inconvenientes que se encontraron en la inspección. "Se gestionó el permiso de este evento, con lo cual se hicieron cerca de tres inspecciones, se corroboraron cuestiones de seguridad en tribunas y en general, y se procedió a no dar el permiso para el evento. El evento no estaba permitido y se realizó igual", explicó el jefe de la Agencia Gubernamental de Control porteña, Juan José Gómez Centurión, a Campeones, por radio Rivadavia,

Además, sostuvo que al permitir la realización de la actividad del viernes y sábado "con el permiso no concedido" se llevó a cabo una "violación de clausura" y por eso se dio intervención a la fiscal, quien dictaminó la "clausura administrativa".

La faja de clausura del autódromo, el sábado por la noche
La faja de clausura del autódromo, el sábado por la noche.

"En términos generales hay problemas con la tribuna, un paredón que hay que hacer un apuntalamiento por peligro para los concurrentes, instalaciones eléctricas irregulares, problemas en el alambre perimetral, no hay luces de emergencia en las escaleras de las gradas, instalaciones eléctricas sin tapas, nichos hidrantes inutilizados, condiciones estructurales que hay que mejorar sí o sí", agregó Centurión.

La situación se ponía cada vez más tensa con el público en las inmediaciones del autódromo. Quienes estaban acreditados (con pulseras) podían ingresar por una puerta. Pero de a poco parte de los espectadores comenzó a romper el alambrado e ingresó. Fue tal el desborde que finalmente la policía y la seguridad no opuso resistencia y unas 40.000 personas entraron al autódromo.

Los responsables de la empresa concesionaria Autódromo Ciudad de Buenos Aires SA, tanto Carlos Soriano como Gustavo Ronchetti no aparecieron por el predio, o al menos no fueron vistos por boxes.

Al margen de la situación coyuntural sufrida ayer y de las pésimas condiciones de un autódromo que cada día está peor, también trascendió la intención de un grupo empresarial, con vínculos en el automovilismo deportivo, para acceder al control del predio. La actual concesión finaliza en 2016, pero, según versiones, quienes pretenden utilizar el autódromo tendrían el visto bueno del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para hacerse cargo.

Intereses políticos, competencias en un predio inhabilitado y la decadencia del legendario autódromo porteño provocan un cóctel que termina castigando a la actividad, pero fundamentalmente al público, por el que no se tiene el mínimo respeto.


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