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El oportuno rescate de un creador

Martes 22 de julio de 2014
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LA NACION
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Medea / Con música de Luigi Cherubini sobre libreto en francés de Francois-Benoit Hoffmann en una reelaboración de textos, preparación actoral y dirección escénica de María Jaunarena / Preparación y dirección musical: Hernán Schvartzman / Elenco: Sabrina Cirera (Medea), Darío Schmunck (Jasón), Alejandro Meerapfel (Creón), Laura Pisani (Dirce), Eugenia Fuentes (Neris), Laura Delogu y Verónica Canaves (damas) / Hijos y niños actores: Manuel Brener Teo, Eliseo y Valentín Bossi / Juventus Lyrica / Sala: Teatro Avenida.

Nuestra Opinión: Muy bueno

El rescate de un músico, ensayista y docente de la talla de Luigi Zenobio Carlo Cherubini, nacido en Florencia en 1760 y fallecido en París en 1842, motorizado por Juventus Lyrica, se constituye en estos días en un valioso acontecimiento artístico de la actual temporada musical, no sólo por la posibilidad de hacer justicia con un original creador y pedagogo (fue autor de un manual sobre contrapunto y director del Conservatorio de París) y quien, además de su formidable catálogo de obras para el teatro musical que ronda en los casi treinta títulos, escribió música para todos los géneros, en especial el religioso con once misas solemnes, motetes, réquiems y oratorios, así como una inmensa colección de canciones, cantatas, música instrumental y vocal sin faltar las obras íntimas de carácter instrumental.

Hablamos de Medea que se constituye con esta representación en un acontecimiento trascendente, ya que Buenos Aires sólo conoció dos versiones de la obra en el Teatro Colón, la primera con dirección de Fernando Previtali, con Gwyneth Jones como Medea y puesta de Ernst Poettgen, y en 1973, con un elenco nacional y la dirección musical de Bruno D'Astoli, ambas, a nuestro entender alejadas de su estilo.

Por fortuna esta versión de Juventus que se comenta, una verdadera primera audición para la nueva generación de melómanos a la lírica, es totalmente respetuosa de la época del formidable compositor en sus aspectos musicales y que se caracterizó por la pareja solvencia del elenco, no solo desde el punto de vista del canto, sino también por su estupendo desempeño actoral, esa doble función que impone el teatro musical, donde es absolutamente necesario un equilibrio de todos los aspectos que participan en él.

Sabrina Cirera fue una muy segura cantante para encarnar a la protagonista, en especial por su entrega en el aspecto sonoro, sin dejar de lado la necesidad de movilidad y de remarcar las expresiones y los gestos de quien debe penetrar y dar a entender los más profundos sentimientos y las perturbaciones del personaje, el de la mujer degradada y condenada a la desgracia. Ella, además logró, acaso con la fuerza de su expresión, ser convincente en el canto y muy respetuosa de los fraseos, acaso por su inteligente administración del aire.

Un hecho significativo para el publico asistente de esta noche fue la actuación del consagrado tenor Darío Schmunck encarnando a Jasón, Príncipe de Tesalie en héroe del Vellocino de oro, que en la mitología griega era el vellón o zalea del carnero alado, que aparece en la historia de Jason y los argonautas y lo hizo con seguridad, excelentes medios vocales y musicalidad. Es que él por sus obligaciones en teatros europeos fue presentación y despedida. Una lástima.

El bajo barítono Alejandro Meerapfel fue un sobrio Creón desde el punto de vista actoral, y muy seguro en el canto, con buena gama de matices y buen fraseo, en tanto que Laura Pisani como la princesa Dircé, se lució en la hermosa aria del primer acto mostrando un aspecto refinado y casi angelical, y Eugenia Fuentes como Neris, segura en la acción teatral, e impecable en la faz musical. Laura Delogu y Veronica Canaves aportaron soltura, naturalidad y delicadeza.

La puesta con el diseño de los vestuarios, la preparación actoral y la dirección escénica a cargo de María Jaunarena y el diseño e iluminación de Gonzalo Córdoba, se constituyó en una saludable unidad de criterio para el logro de una representación que se ajustara en todos sus detalles al discurso musical, con lo cual se logró cabalmente el ideal del teatro cantado, aquel que con tanta pasión lograron unos pocos creadores. En este aspecto fue encantadora la escena del primer acto donde las acompañantes y servidoras bañan, visten y juegan con la princesa, valiéndose de un hermoso velo blanco sutil y etéreo

Por fin cabe señalar una aceptable dirección musical del joven maestro Hernán Schvartzman, quien logró una versión en estilo y un discreto aporte del conjunto instrumental, al que acaso le faltó mayor rigor y mayor tiempo de ensayos para el logro de justeza y de variables expresivas. No obstante, lo más trascendente fue que al finalizar el publico brindó su aplauso, que, fundamentalmente debe se destinado a la benemérita entidad Juventus Lyrica que tanto bien le ofrece a los jóvenes artistas.

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