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San Lorenzo, mejor que nunca

LA NACION
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Ariel Ruya
Martes 22 de julio de 2014 • 00:09
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Depende de cómo se vea. En el campamento azulgrana, el corte previsto de la Copa Libertadores, sellada la clasificación para las semifinales, por el Mundial que se avizoraba, resultó un golpe de escena. Estaba motivado, con los colmillos afilados. Listo para el zarpazo histórico: pasar por sobre Bolívar y alcanzar, por primera vez en la historia, la final de su obsesión. Cambió el contexto. Sin embargo, si se espía lo que pudo darse a fines de mayo último, después de la exitosa serie con Cruzeiro, y trasladarse al presente, se desprende una sensación: el Ciclón está hoy mucho mejor que dos meses atrás. En el juego de las comparaciones, un abismo. Mucho más entero.

"Terminamos la temporada fusilados. Nos fuimos de vacaciones, nos relajamos y volvimos con las pilas renovadas. Yo veo el vaso medio lleno", cuenta Sebastián Torrico, el arquero. "Estamos bien, es un grupo fantástico al que le gusta trabajar. Es difícil precisar si estamos mejor o igual que en ese tiempo, lo que puedo decir es que ahora estamos muy bien", suscribe Edgardo Bauza, el conductor. De ayer a hoy, extravió el Ciclón dos piezas sensibles. Arriba y abajo. El pibe Correa, hoy ocupado en recuperarse de la operación del corazón, y el colombiano Valdés, que no quiso volver por una supuesta deuda. Un velocista y un sabueso. Lo demás, todo, pero todo, se ve con el prisma del vaso infinitamente medio lleno.

Hay que recordar cómo giraba el mundo azulgrana dos meses atrás. Nacho Piatti, víctima de golpes y moretones, sufría de dolores estomacales en continuado. Había bajado varios kilogramos. El Gordo Ortigoza andaba con dolores musculares. Leandro Romagnoli era expulsado en Belo Horizonte, la misma noche en la que volvía de su anterior tarjeta roja. Iba a ser suspendido. Dos delanteros goleadores y agresivos, Cauteruccio y Verón, construían el camino de la recuperación de dos serias lesiones de rodilla. Ni el banco de suplentes iban a ocupar. No había espacio para creer en una hipotética adquisición. Mucho menos, de un futbolista que actúa en el fútbol italiano.

Y lo que provocó un sismo doloroso por no haber extendido la buena estrella se convirtió en un pelotazo a favor. Porque Piatti, a pesar de haberse sumado a destiempo, arregló su futuro en el fútbol canadiense con la condición de acabar con el sueño copero. Se fue y volvió. Y está perfecto. Ortigoza luce recuperado, en plenitud, y acordó su continuidad por tres temporadas más. El Pipi no sólo está habilitado luego de una gestión ante la Conmebol porque no habría agredido a nadie aquella noche de Brasil, sino que será titular, algo impensado tiempo atrás. Luego de la Libertadores, deberá partir a Bahía, club con el que firmó un precontrato a principios de año. "Los que hablaron de traición no están enterados. La gente que me conoce sabe que no es cierto, el club siempre estuvo al tanto desde la primera vez que hablé con Bahía. Estoy muy tranquilo. Tengo un contrato firmado y lo tengo que respetar. Después, ellos tomarán la determinación si me quieren o no", advierte. Pero ésa es otra historia. Única, personal.

El Ciclón, en conjunto, al menos hasta el final de esta historia obsesiva, está completo. Porque Cauteruccio y Verón están en plenitud, algo imposible desde la lógica médica ocho semanas atrás. Y ahora tiene un refuerzo de lujo. ¿Quién habría imaginado a Pitu Barrientos en el tramo decisivo de la competencia estelar de este lado del mundo? "Todavía no está en el nivel al que va a poder llegar. Le faltan más minutos de entrenamiento y partidos", confiesa el Patón. Pero es un recambio de lujo.

El adversario boliviano de la primera semifinal, prevista para mañana, desde las 19.45, en el Nuevo Gasómetro, le hace el juego a San Lorenzo: le agrega agua al vaso medio lleno. El uruguayo William Ferreira pasó a Leones Negros de México y dejó un casillero vacío de goles de la revelación copera. Marcó tres, la misma cifra que Nacho Piatti, la figura de San Lorenzo. Lo reemplaza Carlos "El Demoledor" Tenorio, de 35 años. No es lo mismo, claro. Es una sensación, simplemente. En el juego de los supuestos, San Lorenzo está mucho mejor que ayer. Listo, preparado. Entero.

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