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La muerte de Grondona y el agujero negro

Miércoles 30 de julio de 2014 • 21:25

Hay noticias que frente a su revelación despiertan como primera reacción la incredulidad. Ciertos personajes se ven tan imperiales, tan impenetrables, tan imperecederos, que escuchar de la finitud de la vida con ellos como protagonistas, solo produce asombro. La fría crónica cuenta que en la mañana del 30 de Julio de 2014 cerca del mediodía falleció el presidente de la AFA, Julio Grondona. Su mandato se extendió por la friolera de tres décadas y media atravesando gobiernos militares, radicales y peronistas. Respetando el dolor de sus seres queridos, amigos y todos aquellos que lo conocieron desde un lugar diferente, es imposible soslayar el vacío que se produce a partir de este momento.

El día después valdrá la pena revisar cómo se produjo la ecuación de AFA rica y clubes pobres. De qué modo la entidad que contiene a todas las instituciones del fútbol argentino pudo crecer de un modo exponencial tan fantástico, como el paralelo empobrecimiento de cada uno de los clubes. Porque no hubo controles respecto del dinero que recibían los dirigentes y su posterior manejo.

El día después será interesante ver cómo es posible separar a los poderes dentro del ámbito del fútbol. Cada decisión importante (árbitros, sanciones, definiciones) pasaba por el tamiz de "Don Julio". Nada era independiente. Cualquiera podía recusar jueces, modificar horarios o sugerir penas siempre y cuando golpeara primero la puerta del despacho presidencial.

El día después será necesario observar el manejo de una dirigencia, que desde su refugio en la calle Viamonte supo armar una verdadera corporación, blindada y ajena a las verdaderas necesidades del fútbol argentino. Con su presidente protegiendo a sus súbditos y en algunos casos con nombre y apellido como José María Aguilar, Germán Lerche o Eduardo López no solo cobijados por el anillo, sino recibiendo cargos en esferas internacionales.

El día después servirá para mirar como todos siguen jugando al distraído respecto de la violencia en el fútbol. Ni el estado, ni la política ni la policía pondrán manos a la obra para resolver el flagelo más grande que anida en los estadios. Pero fundamentalmente la dirigencia continuará escondiendo la basura debajo de la alfombra creyendo que sin visitantes el asunto está resuelto. La muerte de Grondona trae aparejada una semana de duelo. Las más de 180 víctimas fatales y los miles de heridos que el fútbol argentino entregó en el tiempo del "sijulismo" no merecieron más que una formal esquela de condolencias.

El día después llegará el tiempo de la transición. No faltarán los que digan que "antes con él estábamos mejor". Con su habilidad, intuición y particular forma de hacer política, Grondona accedió a lugares que ahora podrán parecer inalcanzables. Muchos se lanzarán al sillón. Otros se animarán a decir lo que tanto tiempo callaron. La palabra unanimidad, ligada al temor reverencial, la conveniencia y la deuda de favores más que a la convicción, quizás desaparezca de todas y cada una de las votaciones.

El día después deberá revisarse el inverosímil sistema de disputa de los campeonatos con el flamante formato de los 30 equipos como legado póstumo. Los títulos ganados en 19 fechas y los descensos consumados en 114 partidos. Las campañas fabulosas que deben hacer los equipos que llegan del ascenso para mantener la categoría y los torneos organizados a dedo y con insólitas falencias en el fixture.

"Me van a sacar de la AFA con los pies para adelante". "Algunos nacen para ser verduleros, yo nací para ser presidente". Sus frases quedaron grabadas y en ciertos casos resultaron premonitorias de ese final que se consumó hace algunas horas.

El día después habrá que revisar si la muerte siempre mejora la imagen de las personas. "Todo pasa". La vida también.

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