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¿No tan distintos?La delgada línea entre opositores y continuadores del kirchnerismo

La polarización K - anti K que organizó el campo político en esta década parece estar desdibujándose de cara a 2015. En su lugar, gana terreno un desafío complejo para todos los candidatos: cambio o continuidad con el modelo. Si, según las encuestas, la mayoría rechaza las refundaciones, ¿qué tanto conviene a los presidenciables mostrarse dispuestos a la renovación total y qué tanto asegurar que "lo que funciona no va a cambiarse"? El laberinto de un cierre de ciclo que para algunos marca también el final de una generación política

Domingo 03 de agosto de 2014
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PARA LA NACION
Ilustración: Martín Balcala
Ilustración: Martín Balcala.

Después de diez años de lucha furiosa entre los irreconciliables bandos K y anti-K -el eje que organizó el escenario político de la última década-, una nueva polaridad parece asomar, a medida que se acercan las presidenciales de 2015: es la del cambio versus la continuidad.

La nueva sintonía política emerge con claridad en los sondeos de opinión: para más del 50% de los argentinos, el sucesor perfecto de Cristina Kirchner será aquel capaz de garantizar un cambio con continuidad. Es decir, un mix armónico que mantenga aquello que funcionó durante la última década, pero que, al mismo tiempo, demuestre pericia para modificar lo que no ha funcionado.

Una opción conservadora, contradictoria y confusa -difícil de encarnar, además, en la práctica- porque ¿cómo se baja a la realidad aquello que "funcionó" y lo que "no funcionó"?

Si, como indican las encuestas, la gente está cansada de las refundaciones y revoluciones, ¿cómo plantear diferencias con el Gobierno que, a la vez, aseguren estabilidad? Y en esta nueva polaridad, ¿qué cosas están haciendo bien y en qué cosas se equivocan quienes se perfilan como principales candidatos para 2015?

Para complicar aún más un panorama de por sí cambiante y gelatinoso, el default argentino y la negociación con los fondos buitre, cargada de tensión y dramatismo, como suele suceder en la Argentina, vino a agregarle picante a la precampaña de 2014.

Ocurre que la mayoría de los argentinos viene apoyando las negociaciones del Gobierno con los fondos buitre. Antes de avanzar, conviene tener una idea de los datos duros. La consultora Poliarquía, por ejemplo, revelaba en junio que un 38% de la sociedad apoyaba la posición del oficialismo con relación a los holdouts. Apoyo que, en julio, se amplió al 47 por ciento.

Orlando D'Adamo, director del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano (Copub), va en el mismo sentido: "La Presidenta logra más apoyo del esperado en el tema fondos buitre: 48% de acuerdo con cómo lo está manejando frente a 32% en desacuerdo. El 20% restante no sabe", dice, según cifras recolectadas en la ciudad de Buenos Aires.

"La ecuación simbólica de la conjura externa contra el país da sustento, en algunos sectores, a la épica con que el Gobierno quiere revestir su accionar -interpreta D'Adamo-. Lo que no se puede saber es qué va a pensar la gente en 2015. La opinión pública es presentista y volátil. Con la épica del relato se puede comunicar eficazmente, pero que se sepa nadie come de la épica."

Sin embargo, y al mismo tiempo, Management & Fit, la consultora que dirige Mariel Fornoni, asegura que el 44% de la gente también culparía al Gobierno en caso de que el default resultara traumático para sus economías familiares: un escenario que afectaría ineludiblemente a los presidenciables. Sobre todo, a los del oficialismo.

"Hay un 67% de la gente que dice querer continuar con aquellas cosas que el kirchnerismo supo hacer bien (se mencionan la Asignación Universal por Hijo, el crecimiento económico en la época de Néstor Kirchner, los derechos humanos) y esto muestra que la gente no quiere empezar de nuevo -sintetiza Fornoni-. Sin embargo, el único escenario en el que esta hipótesis no es válida es en el contexto de crisis económica: allí la gente optaría claramente por un cambio."

Paradójicamente, la memoria de las sucesivas crisis argentinas juega a favor del Gobierno y lo que la gente visualiza como opciones de continuidad. El director de Poliarquía, Eduardo Fidanza, lo explica: "Hay condicionamiento por la situación económica y social. A medida que la inflación deteriora la economía familiar y no se crea empleo, más dispuesta está la sociedad a escuchar a la oposición. Pero, junto con eso, también opera el recuerdo de la crisis y el desempleo de los 90. La gente está marcada por esas experiencias traumáticas. Eso hace que no busque cambios absolutos".

Bajo el efecto de la polaridad cambio-continuidad, Mario Riorda, consultor en temas de estrategia y comunicación para partidos y distintos gobiernos de la región, advierte que "este gobierno carece de términos medios en varias de sus políticas públicas más visibles. O son fuertemente apoyadas o bien tienen críticas desde todos los sectores. Por ende, todos (aun los candidatos oficialistas) van a diferenciarse parcialmente de algunas políticas y a apoyar fuertemente otras. Quienes apoyen todo o quienes rechacen todo serán parte de un nicho interno con mínimas chances en una general, y nulas en un ballottage".

Amado Boudou debe estar encendiéndoles velas a los buitres porque, gracias a ellos, Ciccone dejó de estar, en estos días, en el centro de la escena mediática. ¿Incide la corrupción K y todas sus denuncias a la hora de elegir un recambio? Boudou tiene pésima imagen en la opinión pública y, según las cifras que maneja D'Adamo, el 50% de los argentinos quiere que renuncie.

Sin embargo, tal como acerca el director de Poliarquía, la corrupción "no es un tema marcado como el principal entre las demandas de la opinión pública. No es lo más significativo, como sí lo era en los 90. Éste es el error de diagnóstico que comete UNEN, que debería tratar de no repetir la campaña de la Alianza en el 99, porque éste es otro momento". Los sondeos marcan que sólo un 25% de los votantes son sensibles a cuestiones éticas.

"La gente vota básicamente por razones económicas; eso es lo que normalmente define una elección -completa Fidanza-. El empleo y el valor del salario real, eso es lo que afecta directamente a las familias y es lo que inclina la balanza. La inseguridad preocupa, pero no define."

Un presidente perfecto

D'Adamo asegura que "es muy difícil en la Argentina planificar una campaña con más de un año de anticipación. Hay algunas certidumbres, es cierto, pero no está claro cuál será el escenario concreto, económico, social y político para las dos campañas 2015. Sólo por citar un ejemplo, De Narváez arrancó su campaña casi un año antes y cuando «subió al ring» se encontró con otro contendiente que, además, hacía eje en lo que era uno de sus temas favoritos, la inseguridad".

¿Y cuáles serían esas certezas? Cuando falta un año para las elecciones generales, hoy parece descartada la posibilidad de que alguien gane en primera vuelta. Eso significa que el segundo puesto será casi tan valioso como el primero en la primera vuelta. "Serán las PASO más importantes de la historia -resume D'Adamo-, justamente porque podrán definir tanto a un potencial primer ganador como a un segundo, con grandes posibilidades de ser primero en la eventual segunda vuelta."

Si es cierto que los argentinos votaremos al próximo presidente pensando en quién cuidará nuestro trabajo y nuestro dinero por los próximos cuatro años, también lo es que tanto Massa como Scioli y Macri tienen problemas para diferenciarse: sus perfiles son muy parecidos, como también sus diagnósticos y propuestas. Ocurre que los nuevos liderazgos se basan en la gestión y la contemporización, una demanda que está dentro de lo que la gente quiere cambiar y que parecen satisfacer los presidenciables con mayores chances.

Por eso Fornoni cree que, si el escenario económico fuera el actual, quien tendrá claras ventajas sobre los demás será aquel que pueda demostrar capacidad para mantener lo bueno y producir los cambios necesarios: terminar con el cepo, salir de la recesión, dialogar más, generar un gobierno con menos conflictos y más consenso con los actores productivos.

"Hoy, cuando uno le pregunta a la gente quién tiene más capacidad para resolver estos problemas tampoco hay un único dirigente que se despegue del resto. Massa tiene alguna ventaja en cuanto al tema de la seguridad y Scioli tiene ventaja en ser el más apropiado para garantizar la unión de los argentinos", apunta la consultora.

La AUH, pero sin Boudou

El desafío es entonces doble, completa D'Adamo: diferenciarse entre sí (se parecen más de lo que quisieran) y, para el elegido del oficialismo, diferenciarse del Gobierno. La gente está valorando la gestión y la resolución de problemas concretos (lo indica el crecimiento de Randazzo).

"Como principales opositores, la gente ve básicamente a Macri y a Massa, con dos perfiles distintos -acerca Fidanza-. A Scioli, en cambio, lo ven como perteneciente al proyecto, pero con menos intención de confrontar. Y como un candidato conveniente para el peronismo. El kirchnerismo duro no lo tiene como el preferido, pero, llegado el caso, lo votaría ante la posibilidad de que pueda ganar Massa."

Alberto Fernández, operador de Sergio Massa, lo ve exactamente al revés: cree que Massa es la perfecta encarnación del mix de cambio y continuidad reflejado en las encuestas: "Mantener la AUH, pero sin Boudou", resume. Y agrega: "Y con reforma impositiva". E incorporar al polémico intendente Raúl Othacehé al massismo, ¿cómo calza en las expectativas de cambio?

"Bueno, justamente ése fue un error -admite Fernández-, que si Sergio evita, se convierte en el candidato ideal. Justamente, Massa combina la expectativa de cambio con el liderazgo de ser peronista y poder llevar adelante las modificaciones que la gente reclama." En ese contexto, dice Fernández, sumar a Othacehé empañó la señal de cambio hacia un electorado que espera una opción superadora de lo "malo".

Al mismo tiempo que pondera a Massa, el ex jefe de Gabinete del kirchnerismo cuestiona las debilidades de Scioli, su principal rival: "Scioli es un hincha de Boca en la tribuna de River hablando de las bondades de ser de Boca".

Hablando de tribunas, desde el otro sector de la cancha, Marcos Peña, uno de los estrategas de Mauricio Macri, sale a cruzar el argumento de Fernández: "Nosotros recorremos el país y la gente pide a gritos un cambio. Y el cambio somos nosotros. La continuidad, en contrapartida, son Massa y Scioli. El peronismo quiere meter miedo a la gente haciéndole creer que sólo ellos pueden gobernar, que sólo ellos pueden llevar adelante cambios o que Pro es el cuco que viene a desarmar las políticas sociales. Nosotros demostramos en la ciudad que esto no es así: podemos gestionar y en un clima muy adverso. La campaña que viene no es kirchnerismo-antikirchnerismo, sino cambio o continuidad. Nosotros hacemos una campaña positiva: no estamos en contra de nadie. Decimos: podemos cambiar, podemos hacerlo mejor".

Desde la academia, Fidanza retruca: "En las investigaciones cualitativas, Massa aparece con cualidades de liderazgo, pero también se lo percibe como demasiado joven -«le falta un golpe de horno» es lo que dice la gente- y utilizando tácticas oportunistas". Fernández tiene una respuesta para esto: "Los que piensan esto, votan a UNEN y ya los damos por perdidos".

A propósito, ¿qué sucede con la centroizquierda no peronista? "Han logrado instalar una sigla, UNEN, pero las candidaturas presidenciales aparecen más difusas -apunta Fidanza-. Los presidenciables son menos nítidos y el sistema político argentino funciona a través de liderazgos personales de opinión."

Los consultores coinciden en que Macri representa la manera del cambio con cierta eficacia y capacidad de ejecución. También, hay acuerdo en que lo beneficia la buena imagen que tiene en los medios. Es la opción del no peronismo, y al transmitir la imagen de diálogo con el gobierno nacional, dicen, también emite la señal de que no va a cambiar todo lo hecho.

"Hay muchas maneras de sugerir continuidad y una de ellas es la que ofrece el macrismo instalando la idea de una amable confrontación. Es una señal de que no tirarán todo abajo", afirma el director de Poliarquía.

Por su parte, Riorda está convencido de que todos especulan con un dilema a la uruguaya: cómo privilegiar un discurso para la general, pero antes ganar en las primarias. Y se agrega un tercer elemento al dilema, porque también deben pensar en un escenario de ballottage, hoy muy probable. Esta novedad de estrenar ballottage y competencia verdadera y real a escala presidencial en las primarias hace bajar la confrontación en los que tienen más chances hasta que se definan precandidatos definitivos y sus correspondientes estrategias. Lo más probable es que también descienda la oferta de candidatos.

Pero 2015 no sólo habla del fin de un estilo, sino de la despedida de una generación a la que pertenecen Alfonsín, Cristina y Néstor Kirchner, entre otros. Fidanza lo pone en una metáfora: "La generación de los 70 prepara las valijas". Se refiere al final de un liderazgo estatal: "Son líderes que hablan y reivindican en nombre del Estado, locutores del Estado, en los que hay una preocupación ideológica".

Y mientras los presidenciables ensayan el precalentamiento para las generales de 2015, la negociación con los buitres podría marcar otro punto de quiebre sobre un escenario político que es cualquier cosa menos previsible.

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