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Entrenados: perros compañeros que también son terapeutas

Son animales de asistencia o terapia que mejoran la calidad de vida de chicos y adultos con discapacidades físicas y mentales; caniches, labradores, golden retrievers, malteses y mestizos son algunas de las razas aptas para estas tareas

Domingo 03 de agosto de 2014
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LA NACION

León y Sofía no tienen más de dos años y ya se sienten muy a gusto ayudando a otros. Son dos labradores negros que, después de dos años de entrenamiento, reconocen que sus nuevos "usuarios" humanos tienen limitaciones para caminar, socializar o hacer las actividades cotidianas más simples. Son dos de los cinco perros de asistencia que ya entregó Bocalán Argentina a chicos y adultos con autismo o una discapacidad física luego de que se "eligieran" mutuamente en varias sesiones de acoplamiento.

Otra es la especialidad del caniche toy gris acero Sombra y el resto del equipo canino del grupo de Terapia Ocupacional Asistida con Animales (Toaca) del Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano para mujeres con trastornos psiquiátricos o los golden retrievers del equipo de Terapias Asistidas con Perros en Pediatría (Etap) en la Casa Angelman, donde brindan la atención que necesitan los "angelitos", como llaman allí a los chicos con un síndrome de origen genético y efectos neurológicos del que el centro ubicado en Tigre tomó su nombre.

Caniches, labradores, golden retrievers, malteses y mestizos con un caracter apto para estas tareas, integran estos equipos que logran resultados inimaginables. En el hospital neuropsiquiátrico Moyano, el trabajo de rehabilitación sostenido de las pacientes con esos verdaderos asistentes terapéuticos caninos se puede comprobar en 1as exhibiciones anuales abiertas a la comunidad que las voluntarias de Toaca realizan en el Club Bonanza, entre los pabellones del lugar.

En el salón, las pacientes guían a los perros en las destrezas que trabajan juntos durante el año mientras familiares, otras pacientes y el personal profesional del hospital sacan fotos y aplauden cada ejercicio de la muestra que organizan las voluntarias y las tres terapistas ocupacionales a cargo de Toaca. La última exhibición fue en junio.

Desde hace seis años, el programa recibe a personas con padecimientos mentales de larga evolución y se amplió a las pacientes con recaídas internadas en el servicio de emergencias. Más de 120 pacientes ya se beneficiaron con el trabajo de Toaca.

Varios son los hospitales en los que se utiliza el contacto con un animal para curar la mente, el cuerpo y hasta el alma. La terapia asistida con animales o TACA se utiliza en la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital Tornú, donde el contacto con los perros alivia el estrés emocional cuando la enfermedad avanzada deja poco tiempo por vivir. La visita de los perros aumenta el bienestar de los pacientes, la comunicación con los familiares y la elaboración del duelo, a la vez que disminuye la ansiedad y la depresión. La enfermedad y el dolor dejan de ser lo más importante.

Con paciencia infinita

En una casona sobre la calle Esmeralda de la localidad bonaerense de Tigre, el Etap trabaja con cuatro golden retrievers de paciencia infinita para las caricias y hacer nuevos amigos, nueve chicos con síndrome de Angelman, en los que los animales ayudan a mejorar la comunicación, la capacidad sensorial y la motricidad. El Etap tiene su sede en Béccar (www.terapiaconperros.com.ar) y allí asisten también a chicos con autismo, hipoacusia, retraso madurativo o síndrome de Down.

"El animal capta la atención de los chicos, sobre todo con austismo. Es un nexo. Motiva a los pacientes a realizar actividades. Un chiquito que nunca había dicho mamá, por ejemplo, empezó a hablar con el nombre del perro", explica Agostina Balduzzi, terapista ocupacional del Etap, que está integrado también por una consultora psicológica y un médico.

En las sesiones de entre 50 y 90 minutos, las cuatro hembras trabajan, pero también juegan con los pacientes. "Es todo sonrisas, alegría y diversión para ellos, mientras trabajamos para cumplir los objetivos y mantener las habilidades que los chicos van adquiriendo, con calidad de vida", agrega Agostina. El alta llega cuando el equipo advierte que no hay más nada para aportar. En ese momento, aparecen otras terapias, como la conductual.

En cambio, los perros de Bocalán, la filial local de la fundación con sedes en varios países, se integran al proceso terapéutico y asisten al usuario en aquello que no puede hacer. Nicolás Stupenengo recibió a Sofía, una labradora negra de casi 2 años. "Sofi comprende que tengo una lesión medular y que estoy en silla de ruedas, cuáles son mis dificultades y me ayuda en lo que no puedo hacer solo", dice el flamante dueño, mientras la perra muerde un juguete de bienvenida echada en el piso.

En los dos años de preparación, los perros de Bocalán aprenden la disciplina básica y los acostumbran a todo tipo de estímulo, como los ruidos, los chicos, los colectivos, para que nada lo sorprenda al acompañar a su futuro usuario. Las familias reciben al perro en comodato, sin costo y luego de varias etapas de evaluación y acoplamiento. "Nicolás nos pidió que Sofía adquiriera la habilidad de traccionar objetos porque necesita que lo ayude con la silla en algunas rampas", cuenta Margarita Ziade, responsable de Bocalán.

También, lo ayuda a levantar objetos del piso, prende las luces del departamento, abre puertas y cajones, le desabrocha la campera y lo ayuda a sacarse los guantes. Basta decirle "llevá" cuando tiene puesto su peto negro con letras amarillas para que le entregue algo a un tercero, como el dinero al comprar en el quiosco. "Es una compañía que da amor y pide amor. Nada más", dice Nicolás, de 41 años y jugador de rugby adaptado.

Mucho más que una compañía

El peto de León, un labrador negro que acompaña al pequeño Andrés, es azul. Esto quiere decir que el usuario padece autismo, según explica la instructora de Bocalán Argentina, Victoria Cisneros. En un bolsillo de ese "chaleco de trabajo", hay un credencial que acredita que es un perro de asistencia, el carnet del usuario y una copia de la ley que autoriza su ingreso a todos los lugares y transportes donde está su dueño. "Para Andrés, un perro como León es un puente a la socialización y, además, es incondicional", dice la mamá, Inés Bosch.

El animal está entrenado para impedir una conducta súbita y preocupante para los padres, en especial en la calle: la fuga. El perro sabe que se tiene que sentar y echar si el chico, que camina unido al animal por una correa elástica, se mueve rápido en otra dirección. El año pasado, la revista Pediatrics publicó que el 75% de los chicos con autismo tiene comportamientos de fuga. "Esto genera en toda la familia de un chico con un trastorno del espectro autista en un estado de preocupación y desesperación muy grande. También, genera muchos accidentes", precisa por vía telefónica Teodoro Mariscal, director internacional de la Fundación Bocalán, con sede en España.

Ese es un temor de la mamá de Andrés, que un día corrió hacia el medio de la calle. El perro bloquea la conducta de huida, lo que redirige el comportamiento. "Además, mejora las rabietas características del trastorno, el sueño y configura otros comportamientos. Las fugas desaparecen en un 100% y la estimulación sensorial que ofrece el perro facilita el aprendizaje de otras habilidades. Está comprobado que tener un perro de asistencia cuando es necesario reduce a casi el 50% los niveles de cortisol, una de las hormonas del estrés. Y cuando los chicos están más relajados, tienen más predisposición a aprender", agrega Mariscal.

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