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Andrea Grobocopatel: “Es muy importante desarrollar el interior con más trabajo, mejores escuelas, hospitales, trenes y rutas”

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LA NACION
Domingo 03 de agosto de 2014
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"Estamos tomando gente cuando muchas empresas están achicando el plantel", dice Andrea Grobocopatel, convencida de que vendrán buenos vientos y que crecerán aún más los recursos humanos de Los Grobo, que hoy suma unas mil personas. "Tenemos que estar muy preparados, es un momento para capacitar a la gente y no para despedirla. Hay que tratar de sostener lo que uno tiene, mejorar la calidad, analizar dónde se pueden reducir costos superfluos y estar preparados para las oportunidades."

Como tanta gente del interior, Andrea Grobocopatel está apurada, pero no se le nota. Parecería tener todo el tiempo del mundo. Sin embargo llegó de Buenos Aires a Carlos Casares, a 313 kilómetros de la Capital, sólo por un día y con una agenda completa al 200% porque, como dice en su libro Pasión por hacer, editado por Granica, está acostumbrada a llevar adelante dos actividades al mismo tiempo, tanto que confiesa sonriendo: "Agoto a los que me rodean".

Licenciada en Economía en la UBA, forjó el crecimiento de la empresa de agronegocios codo a codo junto a su padre, Adolfo, y su hermano, Gustavo Grobocopatel, presidente de la compañía. Su bisabuelo, Abraham Grobocopatel, fue uno de los colonos judíos que en 1912 se instalaron en la localidad por iniciativa del barón Mauricio Hirsch, que quería dar una oportunidad de progreso a los judíos de Europa Oriental agobiados por la guerra y la escasez de alimentos. Recibió en ese momento 15 hectáreas para cultivar.

La directora del grupo Los Grobo indica las claves que cimentarían la base del crecimiento en el país
La directora del grupo Los Grobo indica las claves que cimentarían la base del crecimiento en el país. Foto: Los Grobo

Hoy, Los Grobo es una de las compañías con más peso del país. Andrea es su directora y vicepresidenta. Dirige también la Sociedad de Garantía Recíproca, una empresa que financia pymes en colaboración con la Sepyme, y preside la Fundación por Liderazgos y Organizaciones Responsables (FLOR). Presente como oradora en congresos donde se tratan temas de Recursos Humanos, comparte su visión como empresaria e integrante de una empresa familiar.

–¿Cómo ve al país?

–Siempre voy a ser optimista. Hay que ver qué podemos hacer nosotros y no quedarse a esperar que otro me resuelva las cosas. Todo depende de lo que nosotros contagiemos. También creo que es muy importante desarrollar el interior, con más trabajo, mejores hospitales, trenes y rutas. Ahí tendremos un país mejor y más distribuido.

–En el libro explica que participó directamente en la enorme expansión de Los Grobo.

–Somos muchos los que hicimos Los Grobo. Y somos complementarios, pero siempre tiene que haber un líder y una cara visible.

–¿Cómo es la relación laboral con la familia?

–No tengo pudor en contar que me peleo mucho. Es normal. Las cosas que no nos gustan siempre las hemos dicho.

–¿Resolvieron ustedes los problemas o hubo algún tipo de terapia familiar?

–Tuvimos de todo. Tuvimos consultores. Hasta me acuerdo de haber llevado a mi psicóloga a una reunión de familia. Hemos sido muy creativos en eso.

–¿Siempre quedaron las cosas bien?

–Siempre preservamos mucho el hecho de que somos hermanos y tenemos que seguir siéndolo y queriéndonos mucho. En ese aspecto tratamos de separar muy bien los temas: cuando hablamos como socios por un lado y como hermanos nos queremos muchísimo y nuestros hijos se adoran. Creo que mi madre es fundamental para que esto suceda así. Fue fortísimo lo que nos transmitió en materia de valores, de comunicación.

–¿A ustedes les afectó el distanciamiento entre su padre, Adolfo, y sus hermanos?

–Exactamente. Fue un sufrimiento muy grande para nosotros y también para mis padres. Para ellos no era algo cómodo y esa experiencia fue fundamental para que nosotros estemos como estamos. Ese gran problema que tuvo mi padre con sus hermanos, que pensaron que iba a ser una separación transitoria y sin embargo fueron muchos años, fue traumática. Y en un pueblo chico, y en la misma actividad... Lo bueno fue que antes de que falleciera mi tío, mis padres pudieron volver a tener la misma relación que hace 25 años. Lo que sí se pierde es el hecho de crecer juntos con los primos.

–¿Como distribuyen los roles?

–Es muy importante la complementariedad. Las personas no tenemos todo. Creo que fue otro gran aprendizaje. Cuando empecé a trabajar en Los Grobo pensaba que los gerentes teníamos que tener todas las habilidades. Hasta que me di cuenta de que hay que potenciar lo bueno que uno tiene y lo que no tiene, complementarlo.

–¿Cómo logró equilibrar el trabajo y la familia?

—Muchas mujeres no tienen familia para desarrollar la carrera profesional, o al revés, tienen la familia y no se desarrollan profesionalmente. Quiero insistir en que está la energía para hacer las dos cosas. Se puede. Pero siempre es importante elegir bien la gente que te acompaña en la vida: no sólo tu pareja (Andrea está casada con el contador Walter Torchio, actual intendente de Carlos Casares), sino la persona que está en tu casa, los colaboradores. En la medida en que vas eligiendo a las personas que te acompañan en cada rol, la vida personal y profesional puede ser equilibrada.

–Hoy su tarea está muy ligada a la fundación.

–Puedo desarrollarla gracias a que armamos la empresa de manera profesional, delegando mucho para poder hacer lo que uno tiene ganas después. Desde la fundación hablo de empresas de familia, pymes en crecimiento, el rol de la mujer en las empresas y cómo se incorporan al mundo laboral las personas con discapacidad.

–¿Esto último por una cuestión personal?

–Mi hija mayor está en silla de ruedas, pero es muy desenvuelta y hasta maneja. Nació con espina bífida hace 24 años y en ese momento no se daba el ácido fólico. Lejos de pensar que fue un problema lo tomamos como un gran aprendizaje. Es locutora y tiene un programa en radio Palermo dedicado a fundaciones y experiencias de vida.

–¿Y los otros hijos?

–La segunda estudia para contadora y los mellizos, uno abogacía y el otro periodismo deportivo. Se están formando. Cuando eran chicos yo no estuve exenta de culpa. Viajaba mucho y era una época en que Los Grobo estaba expandiéndose por todo el país y en otros países. Pero no lo ven como algo traumático, al contrario. Nunca falté a las fiestas del colegio ni a los cumpleaños. Esas fechas estaban trabadas en mi agenda. Eso lo permite el interior también. Las distancias son más cortas. Valoro mucho esto de vivir en el pueblo, tener cerca a los abuelos. Mi marido fue muy complementario también.

–¿Qué opina sobre la transparencia en las empresas?

–Tenemos un gran problema en las instituciones por culpa de nosotros mismos, porque no estamos trabajando bien en las empresas. Si ves que en tu propia empresa no armás sucesiones tempranas, no hay buenas prácticas de gobierno corporativo, no tenés directorios donde haya diversidad y transparencia es imposible que te des cuenta de que eso tiene que estar en las instituciones. De esto hablamos mucho desde la fundación.

–¿Se rinde cuentas entre hermanos?

–Es parte de la transparencia. Si hay socios que no trabajan en la empresa obligadamente hay que rendir cuentas mensual o bimestralmente y sin que lo pidan. En la medida en que uno lo haga en su propia empresa se sabrá qué hay que pedirle a una institución. Es parte del liderazgo responsable.

–En el libro se habla de la importancia de los procesos.

–Con Gustavo nos dimos cuenta de que tener los procesos por escrito era fundamental para crecer. Cuando éramos una pyme corríamos todo el día. Pero para poder crecer y delegar hay que teníamos que tener manuales, ser disciplinados, cuidar los procesos, fijar objetivos.

–¿Cree en la inteligencia emocional?

–Es clave. Los ejecutivos que sólo piensan en lo económico y en el resultado pueden destruir el mundo. Hoy se busca gente más humana, que se ponga en el lugar del otro.

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