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Un Newell´s tibio fue mucho para un Boca frío

Martes 12 de agosto de 2014 • 10:06
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La imagen esperable recién apareció al final de la función. Debe reconocerse en el hincha de Boca mucha paciencia, tolerancia y el tradicional aliento por los colores, por encima de cualquier versión futbolística tan lánguida como la del estreno en el campeonato. Claro que todo tiene un límite y el del soberano apareció con el pitazo final del árbitro Beligoy. La hostilidad para el presidente Angelici fue el primer síntoma del repudio general y el grito de protesta añorando el pasado con Román y estirando la "e" del "Riqueeeelme", le puso el moño a otro domingo con sabor amargo y gusto a desencanto.

Es cierto que el gol del pibe Tévez, apellido como para que la nostalgia fuera completa, fue la única diferencia numérica entre los de Bianchi y los de Raggio, pero en el juego de las identidades la distancia entre uno y otro resultó bastante más amplia que la que marcó la chapa final del resultado.

Aún con un entrenador debutante, el equipo rosarino respetó los signos vitales que definen su identikit desde que Martino tomó el timón del barco. Un mediocentro como Mateo que se inserta entre los centrales para equilibrar la defensa, dos laterales (Cáceres y Díaz, luego Corvalán) que ascienden a la mitad del campo y se suman a los otros dos medios que equilibran y reparten la bola (Villalba y Bernardi) y tres hombres de ataque (Tevez, Scocco y Maxi Rodríguez) que ocupan el sitio pero pueden rotar de posición. A partir de esta identidad que trasciende el nombre del técnico de turno, uno conoce la idea del equipo y está en condiciones de evaluar el rendimiento. Newell´s no jugó un gran partido, pero con lo que hizo le resultó suficiente para llevarse a Rosario la victoria.

En la vereda opuesta, analizar al equipo xeneize aún con un ciclo que ya lleva dieciocho meses de trabajo, resulta una tarea ardua que obliga a partir de las preguntas más primitivas. Esas que ya deberían ser respondidas de memoria.

¿A qué juega Boca? ¿Cuál es su idea central? ¿Quiénes son sus líderes futbolísticos? ¿Y cuáles sus referentes anímicos?

A veces los interrogantes más simples precisan respuestas complejas y este parece ser uno de esos casos. Como cuando un padre recibe esas inquietudes fundacionales que marcan las relaciones con sus hijos, la cátedra futbolera tanto como el hincha común se asombra ante la falta de respuestas.

El viejo Boca presentó las mismas caras de siempre, con la excepción de Carrizo, pero la ausencia de Román, el hombre que absorbía toda la presión y aún disminuido físicamente era el faro obligado de cada ataque, obligará al equipo a exponer otras variantes. El desprecio de la tenencia de la bola, expresado en la innumerable cantidad de pelotazos que lanzaron Díaz y Magallán, desnudó a un colectivo que salvo en los primeros veinte minutos, nunca fue capaz de juntar pases para progresar en el campo.

Con laterales como Grana y Zárate blandos en la marca y tibios en ataque, Bravo y Erbes intrascendentes en la recuperación y en la llegada, Martínez tan apático como en el último año y Gigliotti incapaz de fabricarse situaciones si no recibe alimento en la cancha de arriba, las luces de esperanza se reducen a un pase genial de Gago de treinta metros y entre varias piernas, de esos que hay que buscar en el archivo del pasado más que en el tiempo presente.

Para colmo, el entrenador definió a los nombres que llegaron para completar el plantel como "incorporaciones" y no "refuerzos", por lo cual y si bien por ellos se pagaron más de diez millones de dólares, no estaríamos en presencia de valores capaces de aportar el salto de calidad necesario para lograr un cambio tan determinante. De lo visto ayer, Fuenzalida mostró una interesante dinámica por la derecha, Castellani quiso asociarse con Gago en la generación del juego y Chávez mezcló potencia y confusión en dosis difíciles de precisar. Si el "virrey" pega el volantazo y los incluye ante Belgrano, tanto como a Meli, Calleri o Echeverría, entonces lo que le faltará será tiempo para probar un equipo nuevo y el riesgo será la experimentación con ensayo y error en los partidos por los puntos.

Argumentar con razones matemáticas que Boca fue el mejor equipo de la temporada pasada por la sumatoria de puntos es un argumento tan débil que casi no resiste análisis. Bianchi sabe mejor que nadie que el segundo puesto del Clausura se construyó con triunfos impuntuales que solo maquillaron el número final. A la hora de la verdad las derrotas contra Belgrano, Vélez, River o Central y los empates con Newell´s y San Lorenzo, le quitaron no solo la chance de pelear el título sino también y más allá de vericuetos legales, el premio consuelo de ingresar a la Copa Libertadores.

Disfrazar la realidad, al menos públicamente, no supone mejorar el panorama. El crédito también tiene límite y a pesar de que el pasado glorioso es inmodificable, la vida es una acción que se ejecute hacia delante. A veces, despertarse de la siesta puede costar demasiado trabajo.

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