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Leo Mayer. "Quise dejar el tenis porque no aguantaba los dolores"

El N° 26 del mundo disfruta de su mejor momento tras superar un calvario por una lesión en la espalda; será la carta principal en la Copa Davis para evitar el descenso

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LA NACION
Martes 12 de agosto de 2014 • 09:38
Foto: LA NACION / Fabián Marelli
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Caminando, con las manos en los bolsillos, por las pasarelas de la marina de Liceo Naval, frente al estadio Monumental, Leonardo Mayer se olvida de la raqueta. Deja de lado que hasta hace un rato, antes de ducharse, estaba ensayando latigazos en la cancha de cemento. Es que el agua lo pierde, lo templa. "¿Saldrán dorados acá?", bromea el Yacaré, el hombre de 27 años que hace menos de un mes, tras lograr su primer ATP en Hamburgo y ante David Ferrer -nada menos-, aunó elogios de sus rivales argentinos y extranjeros. Hermanó felicitaciones de personalidades muy disímiles. Y lo hizo desde su sencillez, desde su falta de malicia o dobles intenciones. Hoy, el correntino es el número 26 del mundo y, ante la inactividad de Juan Martín del Potro, es el mejor posicionado del país en el circuito y la carta principal para la Argentina en su intento de no abandonar el Grupo Mundial de la Copa Davis , ante Israel, en septiembre, en una sede que todavía aguarda confirmación.

"Noté el cariño, sí. Fue lindo. No sé por qué pasó, no te lo sé explicar. Creo que porque no tengo maldad, no tengo mala onda con nadie, me llevo bien con todos y trato de ser lo más transparente posible. Me han mandado un montón de mensajes. El que más me emocionó fue el de Gaby Sabatini, por ejemplo. Ella estuvo apoyándonos en la época de juniors. Me escribió lindas palabras. No lo esperaba; hacía años que no hablaba con ella. Fue algo increíble", describe Leo, baja la vista y le da un mordisco a un tostado de jamón y queso. Es tímido, Leo, pero muy ocurrente cuando se suelta. Les suele escapar a los flashes. Cuenta que, en la calle, desde hace un tiempo lo reconocen más, pero añade que por ahora no se incomoda. "Cuando me estoy entrenando me doy cuenta de que ahora hay más gente que se acerca a verme. En la calle también me piden fotos. Tampoco es que soy famoso (sonríe). Hasta ahora siempre fue con respeto", agrega Mayer.

-Todo te costó desde junior; hasta armabas los calendarios por la cercanía de los clubes y no por tu conveniencia deportiva. Por todo ello, ¿hoy valorás tu presente mucho más?

-Sí, es verdad, porque jugaba en Corrientes, Resistencia o Misiones en los torneos nacionales. Yo no jugué el circuito Cosat en América del Sur. Recién lo jugué a los 16 cuando la Asociación Argentina me apoyó, y con 18. Pero antes, nunca. Era complicado armar las giras. Tengo tres hermanos y era difícil para mi familia mantener toda mi carrera. El tenis es caro realmente. Pero me dieron todo en mi casa como para que lo pudiera practicar y lo hacía contento. Le costaba un montón a mi papá. Él trabajaba en un banco y mi mamá es docente, sigue trabajando en un colegio. Era muy caro viajar en la Argentina. A los 15, 16 años empecé a viajar a Resistencia a entrenarme con Rubén Ré (fallecido el año pasado); era casi lo mismo que estar en Corrientes, porque son 20 kilómetros. Me iba todos los días en colectivo; me tomaba uno al centro y otro hasta Resistencia. Pero comía siempre en mi casa a la noche. Aprendí un montón de cosas con Rubén. Es una lástima que ya no esté, una ca..., pero se dio así la vida.

-Otro de tus grandes sufrimientos fue el osteofito (mezcla de cartílago y hueso) que te encontraron en la espalda y frenó tu carrera. Incluso, el año pasado en Indian Wells no pudiste salir a jugar contra Rafa Nadal porque te quedaste duro antes del partido, ¿verdad?

-Sí. Quise dejar el tenis porque no aguantaba los dolores. No quería saber nada más. Era tan doloroso e iba cambiando de lugares, no era en una zona en particular. Como digo, medio en serio medio en broma, tengo un buen motor pero no aguanta el chasis (sonrisas). La pasaba muy mal. Mal, mal. No dormía durante días, se me caían las lágrimas, tenía que tomar calmantes para dormir. Quizá me calmaba, empezaba a entrenarme y volvía el dolor. Ahora estoy bien, ojalá que aquello sea algo del pasado. Probamos de todo con los médicos. En muchos momentos dije ?no aguanto más', pero tuve gente que me apoyó y arranqué otra vez. Era frustrante, porque empezaba a jugar y tenía que frenar. Hubo una pretemporada en que estaba avanzado y ¡pum!, otra vez para atrás, un mes parado. No podía ni manejar por el dolor. Era horrible.

-Otro obstáculo se produjo el 31 de diciembre de 2012, cuando te quemaste la mano derecha con pirotecnia...

-Sí, fue mucha mala suerte. Porque nunca me había pasado nada, toda la vida tiré cuetes con mi papá, tengo precaución. Pero hizo algo raro la bengala, se prendió fuego abajo, no salieron las luces y me quemó toda la mano. Sufrí un dolor impresionante. No lo podía creer. Era a las once y media de la noche, fuimos corriendo al hospital, me vendaron y quedé con toda la mano ampollada. Por eso ahora disfruto mucho este momento. Ya estaba contento por tener salud y jugar libremente, y llegaron estos resultados. Ahora el cuerpo me deja. Ahora, cuando no practico es porque yo no quiero y no porque la espalda no me deja. Empecé bien en Australia, porque nunca había ganado ni un partido y esa vez le gané con un buen tenis a Montañés y perdí con Djokovic. Y desde ahí empecé a jugar bien, yo lo noté, estaba bien de físico, de tenis y de ánimo. Vino la final de Viña del Mar (perdió con Fabio Fognini), que no la disfruté porque me agarró un virus y la noche previa me la pasé vomitando. Pero era mi primera final. Llegó Roland Garros, que me encanta, donde siempre juego bien, y pude hacer tercera rueda. Volví a Buenos Aires, me hice un pequeño desgarro y me fui a Wimbledon casi sin entrenamientos, pero llegué a los octavos de final. Lo fundamental, estar bien con la vida. Después, en Hamburgo, le gané a Ferrer. Es realmente soñado.

-¿Qué cambios hiciste en tu estrategia y en los golpes?

-No, ninguno, es sólo cuestión de vivir bien la vida y disfrutar, ahí está el cambio. No me estoy entrenando ni más ni menos que antes; igual. Cuando uno está bien afuera, dentro de la cancha estás mucho mejor. Obvio que hay que estar entrenado. Mi objetivo, alguna vez, era tratar de bajar a los 40 de ATP y ganar un torneo. Ya lo pude hacer, así que ahora vamos a ver cómo sigo. El tenis es muy cambiante, muy exigente, difícil. Ahora empecé a estar más contento que antes (sonrisas).

-La Argentina, en la Davis, tiene un desafío muy importante en un mes. Y estarás allí como referente y singlista 1. Tu última actuación fue hace un año (en la caída 3-2 ante los checos, por las semifinales, en Praga). ¿Ya pensás en el regreso?

-Si se pierde se va a la B, como se dice. Es importante, pero es un partido más, es el tenis, puede pasar cualquier cosa. Ojalá que me llamen. Si lo hacen yo estoy disponible. Ya le dije a Martín (Jaite, el capitán), "Si me llamás yo estoy disponible". Se lo dije en enero (por la serie ante Italia, que el equipo albiceleste finalmente perdió 3-1). Así que ya saben que yo estoy.

-No enfrentaste a Dudi Sela, el singlista 1 de Israel, pero sí tenés una buena relación.

Sí. Jugamos un dobles juntos una vez y nada más. Es muy buena onda. Vi que hace unos días saludó a Karlovic parándose en una silla, porque no llegaba. Y cuando jugamos juntos fue contra Sam Querrey (1,98m) e Isner (2,08m) y él tenía que saludar saltando; es muy gracioso. Pero es duro como jugador. Ellos tienen un buen equipo. Igual yo no voy como referente. Voy como jugador número 1 por el ranking, pero nada más. Referentes eran otros, nosotros somos de otro tiempo.

-¿Qué tiempo es este? Hay buena cantidad de jugadores entre los 60 o 70 del mundo y los 200.

-Meterse entre los cien primeros es más difícil que antes. Pero hay muchos jugadores, eso es lo importante, que se siga sacando. La Argentina se malacostumbró con la camada de jugadores de la Legión. Eso no era lo normal, tener tres o cuatro top ten. Era imposible. Los españoles hoy tienen a dos y eso ya es difícil. Menos mal que tenemos a Del Potro, que es lo mejor de lo mejor, tenemos un buen top ten.

-Sos uno de los argentinos que más se entrenaron con Juan Martín, al menos hasta antes de la cirugía. ¿Cómo vas observando su rehabilitación?

-Sí, sí. Ojalá que vuelva bien. La Argentina necesita a Del Potro. Yo lo conozco desde hace mucho tiempo, tengo una muy buena relación, hablamos. Lo respeto muchísimo como jugador, porque es muy grande. Ojalá que vuelva ya, la Argentina necesita que vuelva ya.

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