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Tercera cosecha, el apellido Di Palma renueva su generación triunfal

Josito, con Torino, se impuso en el Turismo Carretera al igual que lo hicieron su abuelo, Rubén Luis; su padre, José Luis y sus tíos Patricio y Marcos. La vigencia de una familia muy normal...

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LA NACION
Martes 12 de agosto de 2014 • 09:24
Josito celebra en el podio de Olavarría
Josito celebra en el podio de Olavarría. Foto: LA NACION / Laura Cano
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OLAVARRÍA.- Manejó primero un helicóptero antes que un auto. Ni siquiera llegaba a los pedales. Pero su abuelo, que se dedicó toda su vida a alimentar el apodo de "el Loco", disfrutaba de sus andanzas aéreas con el nieto. "Familia muy normal", era la muletilla de los Addams cuando se presentaba cada capítulo. Y frase que suelen utilizar cada uno del clan Di Palma cuando se refieren a su crianza en Arrecifes, ese mágico lugar que bajo el rótulo de "Cuna de Campeones", aporta historias fantásticas para la popularidad de una actividad tan tradicional como arraigada en la cultura argentina: el automovilismo deportivo.

Josito Di Palma hizo historia. No por su trayectoria, que parece que recién ahora comienza a tomar vuelo con los grandes logros. Es el heredero de una pasión dentro de una familia que tiene peso propio en la historia del deporte argentino. Con su primer triunfo, Josito logró que los Di Palma se convirtieran en tres generaciones de victoriosos en la categoría más popular. Se impuso con un Torino, marca que quedó grabada en la piel de los arrecifeños cuando aquella noche del 30 de septiembre de 2000, Rubén Luis pasó a la eternidad al precipitarse con su helicóptero en Carlos Tejedor. En su taller quedó el Torino a medio alistar para competir, aún con 55 años, en su querido TC. Meses después su hijo Patricio cumplió el sueño de llevar esa máquina a las pistas. Con Torino "El Loco Luis", fue campeón de TC e integró aquella célebre "Misión Argentina" en Nürburgring?

Familia muy normal. Josito, como todo Di Palma, se nutrió de la velocidad mientras tomaba la mamadera. "Aunque yo era muy chico, aprendí mucho al lado de mi abuelo. Anduve mucho con él y veía cómo lo querían. Fue una excelente persona, muy humilde. Lo respetaban y siempre ayudó a todos", recuerda el flamante ganador del Turismo Carretera a uno de los grandes ídolos del deporte argentino. "Me gustaba la frialdad que tenía arriba del auto, siempre se tomaba las cosas con calma y con humor. Ahí está la grandeza", reafirma.

Dentro de ese clan tan particular, Josito (Luis José) es el hijo de José Luis. El "Jose" (sin acento en la e), en realidad también se llama Luis José y es el único de los hijos de Rubén que no nació en Arrecifes. "Soy de Mar del Plata. Mi mamá estaba embarazada y mi papá le pidió que lo acompañara porque tenía que buscar repuestos, que no iba a pasar nada. Insistió tanto que fueron? Y nací en Mar del Plata", recuerda el campeón de la Fórmula 2 británica de 1994 y padre orgulloso del nuevo ganador del TC.

Vaya casualidades. Olavarría, el autódromo que evoca a los grandes hermanos Emiliozzi, fue el lugar donde padre e hijo conocieron el triunfo en el Turismo Carretera. Allá por 1998 se impuso "el Jose" cuando el predio se inauguraba, y ayer "Josito" no aguantó la emoción y lloró desconsoladamente en la sala de prensa, mientras se daba cuenta de lo que había obtenido.

"Un 90 por ciento es mérito del Maquin Parts y apenas un 10 por ciento me pertenece", repetía el flamante vencedor, al referirse al enorme trabajo que fecha tras fecha realiza la estructura con base en Venado Tuerto, y más ayer, cuando el equipo cambió el neumático con semejante velocidad que le permitió pasar del 6° puesto a la vanguardia.

No sólo Josito estuvo en medio de la pasión por la velocidad. Es cierto que proviene de una familia de precoces conductores. Su abuelo fue el ganador más joven del Turismo Carretera, al imponerse a los 19 años cuando soplaba un flequillo tan rebelde como su portador; su padre debutó en el TC 2000 a los 16 y Josito lo hizo en el TC Pista B a los 15. Al margen de portar semejante apellido, su crecimiento estuvo forjado entre los férreos lineamientos que mantuvo otra familia con identidad automovilística y estirpe prestigioso: Berta.

El joven arrecifeño se radicó en Alta Gracia cuando el equipo satélite de la estructura Ford del entonces TC 2000 dominaba la categoría bajo la sapiencia de Oreste Berta y la ejecución de su hijo, Oreste (h.). Don Oreste es el preparador más prestigioso de la historia del automovilismo nacional. Un autodidacta que fundó su empresa y que es un referente del automovilismo mundial (en "La Fortaleza", su búnker, desarrolla elementos para la Fórmula 1) y también de la aviación, entre otras características.

Rubén Luis Di Palma y Oreste Berta marcaron a fuego una era en el automovilismo nacional. Fueron imbatibles. "Era bondadoso, trabajador, apasionado y dueño de un toque mágico reservado para muy pocos", recuerda don Oreste a su gran piloto. Y con la escuela de los Berta, Josito aprendió mucho en tierra cordobesa.

Las épocas cambiaron. Aquellos tiempos de mecánicos apasionados que se jugaban el nombre y el prestigio arriba de un auto de competición confeccionado por las propias manos quedaron en el recuerdo. Hoy los pilotos se dedican a competir, asistidos por equipos profesionales. Ese cambio lo experimentaron los Di Palma. Desde aquellas noches que el abuelo trasnochaba para tornear o enderezar un fierro a la modernidad de los conductores que se entrenan en simuladores.

El triunfo de Josito en el TC maduraba. Un fruto que estaba a punto de caer y que todos sabían que llegaría. No sólo por las virtudes de quien se emociona por ser portador de un apellido ilustre. También por conducir un Torino competitivo del equipo Maquin Parts, conducido por Horacio Soljan.

El Turismo Carretera aporta un nuevo ganador en su extenso historial de casi 8 décadas. Es la categoría más añeja en actividad del automovilismo mundial. Por ello integra el afamado Libro Guinness de los récords. Marcas que los Di Palma saben muy bien de qué se trata. Una familia muy normal, aunque pasen las generaciones?

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