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En la historia grande: San Lorenzo, campeón de la Copa Libertadores por primera vez

En el Nuevo Gasómetro, venció 1-0 a Nacional de Paraguay, con gol de Ortigoza de penal, y logró el título más importante de sus 106 años de vida; sufrió y se desahogó como nunca

Las postales de la inolvidable consagración del Ciclón en la Libertadores. Foto: AFP, AP, EFE, Reuters
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LA NACION
Jueves 14 de agosto de 2014 • 07:45
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Foto: Télam
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Era el día señalado, la oportunidad histórica y ni un flojo rendimiento futbolístico podía arruinarlo. San Lorenzo se sentía predestinado a salir campeón de la Copa Libertadores. En la noche de la consagración, lo guió más ese convencimiento que una buena producción. A veces es más importante creer que saber. Y San Lorenzo nunca dejó de confiar en sí mismo, más allá de virtudes y defectos.

Los mayores méritos de esta gesta histórica hay que buscarlos en partidos más inspirados y disputados con más inteligencia. Anoche, a falta de técnica y táctica, San Lorenzo no tenía más que su alma y corazón para ofrecer. Las finales también piden actitudes cuando parece que no alcanzan las virtudes. El Ciclón hizo pie para afirmarse y levantar una copa internacional, la más importante en sus 106 años de existencia. La que marcará un punto de inflexión en su historia. Un antes y un después. La que le da ingreso a la selecta galería que comparten Independiente, Boca, River, Racing, Estudiantes, Vélez y Argentinos. San Lorenzo vive su hora más gloriosa, paga una vieja deuda y saca crédito para otros emprendimientos. Nada menos que el Mundial de Clubes de Marruecos en diciembre, donde podría encontrarse en una definición con Real Madrid.

Pareció que a San Lorenzo le duraba la perturbación del empate en el descuento que había sufrido una semana antes en Asunción. Durante el primer tiempo se olvidó de todo lo bueno hizo en el Defensores del Chaco. Justo en la final que tanto esperaba, el Ciclón mostraba una de las imágenes más pálidas que se le vieron en la Copa. Atado por los nervios, desordenado, con serios problemas con la pelota: los defensores la revoleaban, los del medio -salvo Mercier- no la encontraban y a los dos de arriba no les llegaba.

En ese contexto, Nacional era algo más que un equipo modesto, desprovisto de figuras. Era un rival ordenado, tranquilo, con más movilidad y capacidad de llegada. San Lorenzo se vio en apuros desde muy temprano: al minuto de juego, luego de varios rebotes dentro del área, Orué estrelló un remate en un poste. No fue un susto aislado. Nacional era superior, ocupaba mejor los espacios y se quedaba con los rebotes y las pelotas disputadas. San Lorenzo tenía problemas para contener al equipo paraguayo. Cada pelota que caía en el área sembraba zozobra. Nacional también preocupó con algunos remates de media distancia.

Un Gasómetro abarrotado no paraba de alentar en medio de la inquietud. Mercier era el único que hacia pie en el medio; cada vez que se le quería asociar Romagnoli, quedaba rodeado por la marca. El Ciclón no tenía manera de inquietar a Don.

A los 34 minutos, San Lorenzo dispuso de un córner. En la orfandad ofensiva local, era casi como un penal. Y lo fue, porque después del centro y un par de despejes, la pelota le cayó sobre la izquierda a Cauteruccio; en el área había una aglomeración de jugadores y Coronel cometió la imprudencia de ir a tapar con el brazo arriba. La pelota le pegó en la extremidad y la temeridad terminó con el penal que el infalible Ortigoza transformó en gol.

Era un oasis en medio del desierto esa ventaja. Quedaba por ver si San Lorenzo la utilizaba para refrescarse, despertarse, sacudirse los temores. Ya que no había podido gobernar desde el juego, quedaba por ver si San Lorenzo era capaz de dar un salto en lo anímico, en confianza.

Mejoró un poco San Lorenzo en el segundo tiempo. No necesitaba mucho para remediar la pobreza de los 45 minutos anteriores. Mercier siguió siendo el más importante y Villalba fue profundo en varias corridas. Al menos, San Lorenzo conseguía bajarle las revoluciones a Nacional, que atacó de manera más esporádica, pero igual no le ahorraba algunos sofocones al local. Las limitaciones de los paraguayos para terminar algunos ataques fueron el mejor aliado de San Lorenzo.

Bauza refrescó el equipo con Verón y Kalinski. Avanzaron los minutos y el reloj se transformó en una obsesión. Había que aguantar, resistir un poco más. Hacer fuerza para que la unión que fue San Lorenzo tuviera el premio del campeón.

El gol de Ortigoza de penal

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