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Las barberías tradicionales vuelven a cobrar vida en las calles de Buenos Aires

Consecuencia de la tendencia en auge, estos locales reabren sus puertas y cautivan a jóvenes ávidos de saber cómo cuidar sus barbas

Sábado 16 de agosto de 2014
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PARA LA NACION
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La barbería original de la Tienda Harrods -con sus sillones de peluquería intactos, los espejos antiguos deteriorados por el paso del tiempo y unos lavatorios de comienzos del siglo pasado- hace de hall de entrada para una de las fiestas más opulentas del año, destinada a revalorizar el cocktail Negroni. Allí, cuatro barbudos con semblante de dandis posmodernos (saco ceñido, moñito, chupín extremo) invitan a los asistentes a rasurarse las barbas, emprolijarse las cejas o cortarse el pelo antes de subir al salón principal. Los audaces que se animan a exponerse a un grooming treatment en vivo y en directo, frente a todos los asistentes enfundados en sus mejores galas, se transforman en la comidilla del evento. Los que no tenemos barba -porque no nos crece o nos crece mal- sentimos un vacío enorme.

Cinco días después, otra fiesta: esta vez en el hotel Four Seasons, en un pequeño salón ubicado justo arriba del Pony Line Bar, donde la exclusiva marca francesa de cremas y jabones L'Occitane celebra un evento sólo para caballeros en ocasión del relanzamiento de su línea CADE. En la puerta del evento, ocurre lo mismo que en la fiesta de Harrods. Fernando Elo, un hombre recio de barba tupida, tatuajes en los antebrazos y vestuario de los años 60, se encuentra parado frente a su sillón de barbero y anima a los asistentes a echarse un cortecito antes de entrar a tomar tragos en la fiesta. Los socialités, encantados con la propuesta, se dejan embellecer. El arquitecto y decorador Javier Iturrioz, por ejemplo, aprovecha para cortarse el pelo con navaja a merced del señor de barba extra large, una situación tan vintage que realmente pega la vuelta.

El panorama no hace más que reafirmar algo que ya se sabe: las barbas han vuelto a ser un hit y los hipsters planean conquistar el mundo. Lo novedoso es que, siguiendo esta línea tendenciosa, la proliferación de barberías a la antigua en todo el mundo (léase: Brooklyn, Madrid, San Francisco, Barcelona) se traslada a Buenos Aires con cada vez más hombres barbudos y cada vez más espacios en los que puedan sentirse caballeros de la monarquía cool.

"Hace casi un año que no me afeito -cuenta orgulloso Fernando Elo, dueño de la barbería Salón Berlín y fiel exponente de este fenómeno-. Elegí el camino de ida hacia la barba para encontrar una variante estética y a la vez experimentar con la posibilidad que la naturaleza nos da a la gran mayoría de los hombres." Es que tener barba, hoy, eleva el puntaje y hace que los hombres se vean -o crean- más sexy.

Barbero desde hace 27 años, Elo asegura también que su pasión por las navajas, brochas y tijeras, sumada al valor del trabajo artesanal, fue lo que lo llevó a tener su propia barbería."Hoy somos muy pocos los barberos profesionales y es mi sueño pasar mi experiencia a nuevos aprendices, para que la barbería tradicional vuelva a brillar en cada barrio", dice.

La Época es una peluquería sólo para hombres ubicada en Caballito, que ofrece el tradicional servicio de las antiguas barberías: la afeitada señorial. "Es una ceremonia que incluye fomento y doble afeitada", explica su dueño, Miguel Barnes. El lugar, además, tiene un café anexado y funciona a la vez como museo que exhibe reliquias del mundo barberil: jabones, hojas de máquinas de afeitar y muchos otros utensilios de las antiguas peluquerías forman parte de esta colección.

En Salón Pompadour, Barber and Beauty Salon, por otra parte, reina el espíritu vintage. Las dos jóvenes socias que están al frente de este local de Palermo cultivan una estética Mad Men, con sillones de barberos, navajas afiladas, discos de pasta, colecciones de revistas Life de los 50 apiladas en la mesita ratona y afiches de la época abarrotando las paredes. El sello distintivo de este lugar es que está atendido por mujeres, a contramano de lo que dicta la tradición.

El cuidado es esencial

Lo cierto es que la moda crece y los lugares para recortar barbas proliferan tanto como los métodos para mantenerlas limpias, suaves y relucientes. Según los entendidos, el recorte nunca debe llegar más allá de la línea del cuello, y cualquier zona expuesta al sol debe ser protegida con bloqueador solar, incluidas la barba y el bigote.

"No me afeito hace cuatro años", asegura por su parte Sebastián Raimondi, dueño de la marca de ropa para hombres Mis Íntimos Amigos y barbudo icónico de Palermo Soho. "Empecé porque me resultaba tedioso afeitarme, pero reconozco que es un tema estético también", asume. Con respecto al cuidado de su barba de diez centímetros, tiene una batería de beauty tips: "Me la lavo con champú siempre que hago deporte, pero trato de que sea una vez por semana porque, si no, queda como la pantera rosa cuando sale de la lavadora. Después, hay que pasarle el secador de pelo por la humedad. Además, cepillarla mucho para darle forma", explica.

Más allá de los métodos caseros, en las barberías se ocupan de un cuidado más profesional. "En Salón Berlín atendemos sólo a caballeros", sostiene Fer Elo, y explica que los servicios del lugar incluyen corte de pelo, recorte de barba y bigote, afeitada tradicional con productos de lujo y fomentos. "Como lo hacían nuestros abuelos", aclara, y ofrece algunos consejos más: "El mantenimiento es semanal, es importante recortarla y darle forma para guiarla, usando un cepillo de cerda que ayude a combatir la piel seca y a mantener la barba prolija y sin volumen. Es fundamental usar aceite o tónico, que aporta brillo, aroma y flexibilidad. A la hora del lavado se debe usar champú, y si tiene aspecto seco u opaco un poco de crema de enjuague", puntualiza.

Las barbas crecen y los lugares para cuidarlas parecen resurgir. Entretanto, quienes puedan hacer gala de sus pelajes tupidos están dispuestos a todo: "Hoy creo en un 90% que no me volveré a afeitar jamás. Mis pelos son como raíces en constante crecimiento, y mi meta es dejarla ser hasta los 50 centímetros", finaliza Fer Elo.

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