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De música, literatura y buenos amigos

LA NACION
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Graciela Melgarejo
Lunes 25 de agosto de 2014
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Cortázar está cada vez más presente. Mañana se cumplen 100 años de su nacimiento, y los homenajes y celebraciones por el aniversario se multiplican, de tal manera que un año ha resultado poco tiempo para tanta recordación. Es que la presencia ha sido tan fuerte, y no solo en la literatura contemporánea argentina e hispanoamericana, que todo se justifica.

Un aspecto importante de su vida, y por ende de la obra, es el que rescata el largometraje documental Esto lo estoy tocando mañana (ver www.cortazarylamusica.com), que se estrenará el viernes próximo, en la Alianza Francesa. Obra de las conocidas creadoras del centro audiovisual y archivo Audiovideoteca (http://bit.ly/1topgiv), Karina Wroblewski y Silvia Vegierski, el film indaga sobre la intensa relación que Cortázar mantuvo toda su vida con la música. El jazz (recordemos el cuento "El perseguidor", inspirado en Charlie Parker) en primer lugar, y después la música clásica y, con un afecto especial, el tango, cuyas letras lo seguían "anclando" en Buenos Aires. Entre otros, han sido entrevistados amigos de Cortázar -por ejemplo, la pianista Margarita Fernández, Liliana Heker y Mario Vargas Llosa- y dos especialistas en su obra, Pablo Gianera y Carlés Álvarez Garriga.

Además, desde hoy y hasta el miércoles inclusive, en la sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, se desarrollan las Jornadas Internacionales "Lecturas y relecturas de Julio Cortázar", organizadas por el Ministerio de Cultura de la Nación con entrada libre y gratuita. También aquí hay paneles dedicados a Cortázar y la música; por ejemplo, "Jazz, tango y boxeo: el problema de lo popular".

A Julio, como le decían y le dicen todavía muchos de sus lectores, aunque solo lo hayan leído (una relación comparable a veces con el amor y la amistad), seguramente le hubieran agradado estas celebraciones. No por su persona, porque no era hombre de dejarse halagar fácilmente, sino porque por unos días algunas de las que fueron sus preocupaciones principales como creador y artista serán debatidas en los lugares adecuados y de distintas maneras en la Argentina.

De las muchas conversaciones que Cortázar tuvo con Vargas Llosa, llegó a un descubrimiento para él sorprendente: a Vargas Llosa no le interesaba la música. A un escritor, cuya herramienta de trabajo es la música de las palabras, ¿no le interesa la otra música? En cambio, si el autor de Rayuela hubiera estado presente en la librería Clásica y Moderna de Natu Poblet el sábado en que el director de teatro Alejandro Tantanian cantó para amigos y parroquianos, hubiera aprobado no solo la selección de los temas, sino también una original "traducción" casi en simultáneo, bien cortazariana.

Acompañado al piano por Diego Penelas, Tantanian eligió obras de Enrique Santos Discepolo, Stephen Sondheim y, para terminar, de Acho Manzi y Homero Manzi "El último organito", al que le había encontrado curiosas similitudes de tema y musicales con el lied de Schubert "Der Leiermann" (El organillero). Fue una rara e inolvidable experiencia comprobar cómo los dos idiomas, el español y el alemán, podían entablar una íntima relación acompañados por la música del piano y en la voz de Tantanian.

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