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Crotoxina: una esperanza en marcha

Resultados: algunos pacientes a los que se les ha suministrado la droga se sienten mejor comen bien y han disminuido el consumo de calmantes. Esperanza entre los que reciben el tratamiento.

Domingo 18 de febrero de 1996

PARANA.- "Los pacientes a los que se les está suministrando crotoxina desde hace un mes evidencian una mejora subjetiva es decir se sienten bien comen mejor y en algún caso llegan a no necesitar calmantes. Esto ocurre en pocos pacientes porque la muestra todavía es escasa y no implica que con todos vaya a suceder lo mismo."

La afirmación proviene del doctor Jorge Cura director del programa de investigación en su primera fase de la crotoxina y que llevan adelante la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

El doctor Cura es oncólogo y está al frente de un equipo interdisciplinario de 14 personas en la ciudad de Paraná y de cuatro en Rosario. Si bien los científicos son más que cautos a la hora de mostrarse optimistas todo hace suponer que el deseo de que la crotoxina sea efectiva convive entre ellos.

El programa responde a un protocolo autorizado por la Administración Nacional de Medicamentos Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) y se limita exclusivamente a él para poder darle a la investigación rigor científico.

En la Argentina más del uno por ciento de la población padece cáncer. Esto abarca a cerca de 360.000 enfermos. Por ese motivo debemos ser muy precavidos y estar muy seguros a la hora de darles esperanza. Hay que esperar explicó el doctor Augusto Ramos subsecretario de Políticas y Planificación de la Secretaría de Ciencia y Técnica.

Los primeros pacientes comenzaron a tratarse hace un mes y gradualmente se incorporan dos por semana. Se trata de voluntarios que manifiestan a su médico de cabecera el deseo de tomar crotoxina.

La investigación paso a paso

De acuerdo con las exigencias del protocolo los pacientes son todos mayores de edad ya les fueron suministrados los tratamientos convencionales y a pesar de eso la enfermedad continuó en progreso y son enfermos con cierta expectativa de vida. Luego de ser evaluado con las pautas de ese protocolo de elegibilidad firman un consentimiento el paciente un familiar el médico y un testigo.

Una vez firmada la autorización en la que queda claro que no se trata de una promesa de cura sino de un estudio toxicológico se comienza con la preparación.

Pasadas entre cuatro y seis semanas del último tratamiento convencional o 20 días en caso de cirugía se procede a la actualización de absolutamente todos los estudios clínicos bioquímicos y por imagen.

Luego y durante ocho semanas se le suministra diariamente y de manera intramuscular una inyección de crotoxina. En ese período se le hace el seguimiento clínico y en función de períodos preestablecidos se le saca sangre todos los días para conocer su efecto en los distintos órganos el pico máximo en sangre la excreción y su degradación.

Sea cual fuere el resultado obtenido si la persona siente que la crotoxina tiene un efecto positivo de cualquier índole (sea o no a nivel orgánico) se le sigue suministrando de manera gratuita todo el tiempo que se considere necesario.

Esto habla del respeto por el paciente. Tenemos un compromiso ético y esto implica que aunque no haya disminución objetiva del tumor se le seguirá proporcionando la droga gratis aclara el doctor Domingo Liotta secretario de Ciencia y Técnica.

Los primeros resultados se conocerán entre tres y seis meses de iniciada la investigación. El tiempo de duración de esta etapa depende de las experiencias de la primera pero de acuerdo con lo expresado por el doctor Ramos a La Nación se sabe que esta fase se realizará en distintos centros del país.

Cómo se llega al ser humano

La fase experimental (en laboratorio) finalizó con nueve trabajos del doctor Juan Carlos Vidal en los Estados Unidos y cuatro de los investigadores en la Argentina.

En un informe elevado el 31 de marzo de 1991 al entonces secretario de Ciencia y Técnica Raúl Matera el equipo de profesionales rosarinos a cargo del doctor Osvaldo Garrocq explicaron los primeros resultados que luego llevarían a la autorización oficial para experimentar en seres humanos. Si bien el procedimiento en el laboratorio fue complejo los resultados ilusionaron a los investigadores.

Se inyectó un tumor en ratas. "Se tomó un lote testigo al que no le proporcionó nada para ver su evolución. Al resto se le inyectó en distintos niveles dosis mínimas de veneno de cobra -que nos quedaba de un estudio anterior- y del complejo crotoxina A-B" cuenta Garrocq.

Y sigue: "Al principio nos desmoralizamos un poco porque en los primeros 12 0 14 días el tumor creció. Pero luego vimos cómo tumores de 400 milímetros cuadrados entraban en una meseta para posteriormente comenzar a reducirse hasta transformarse en líquido y ser absorbidos por el organismo.

¿Curación? "Mire desde el punto de vista clínico desaparecieron por completo. Al 73 3 por ciento de las tratadas el tumor les desapareció y no les reapareció después de un año".

Aferrarse a la esperanza

Evidentemente la decisión de aceptar formar parte de un "experimento" no debe ser nada fácil. Los pacientes sufren y se angustian. Sus familias no quedan al margen. Pero todo se habla.

El oncólogo que a la vez hace de analista les explica los posibles efectos colaterales conocidos y les advierte de la posibilidad de existencia de otros desconocidos.

No importa. Ya probé todo. Si no sólo me queda esperar... seguramente reflexiona. Y acepta las reglas del juego.

Sabe que se expone a pérdidas temporales parciales o totales de la visión o a la visión doble. O que puede haber anormalidades en la función hepática o respiratoria. O tantas cosas que todavía no se conocen...

No importa. El instinto de supervivencia es el más importante por lo tanto se hace lo necesario. Sin más vueltas. A la vez ellos saben que de su experiencia saldrán conclusiones que a lo mejor ayudarán a los 360.000 enfermos de cáncer que existen en el país y a los millones que hay en el mundo. Y se entregan. Y se aferran. "Que sea lo que Dios quiera".

Alejandra Florit (Enviada especial)

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