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La música de las palabras

Julio Cortázar. A cien años de su nacimiento, el documental Esto lo estoy tocando mañana registra las preferencias musicales del autor de Rayuela y también el modo en que el jazz y el tango influyeron en sus procedimientos narrativos

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LA NACION
Viernes 29 de agosto de 2014
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El jazz tuvo una gran influencia en mí porque sentí que contenía un elemento que no contiene la música que se toca a partir de una partitura [...], la increíble libertad de la improvisación permanente. Ese fluir de la invención interminable tan hermoso me pareció una especie de lección [...], de ejemplo para la escritura: darle la libertad, la invención, no quedarse en lo estereotipado, no repetir partituras, simplemente ir buscando nuevas cosas, a riesgo de equivocarse. Julio Cortázar

En el documental Esto lo estoy tocando mañana. Julio Cortázar y la música , Karina Wroblewski y Silvia Vegierski abordan la forma en que el género musical influyó en los procedimientos narrativos del autor de Rayuela. Las directoras componen un perfil poco explorado del escritor argentino a través de los testimonios de, entre otros, Liliana Heker y Mario Vargas Llosa, de los músicos Michel Portal y Margarita Fernández y del filólogo español Carles Álvarez Garriga, a cargo de las ediciones póstumas de los textos de Cortázar junto con Aurora Bernárdez. Más allá de las preferencias musicales conocidas (el jazz y el tango, como cuenta el protagonista en una de las entrevistas incluidas en el film), resulta original y valioso el enfoque que encontraron las realizadoras y guionistas para estructurar el documental. Cada uno a su manera, con anécdotas y reflexiones sobre sus cuentos y novelas, los entrevistados ofrecen indicios y pistas sobre la presencia de la música (y de la composición musical) en la obra de Cortázar.

El impecable trabajo, con realización audiovisual de Ariel Ludin, se estrena hoy a las 19 en la Alianza Francesa con un recorrido musical "cortazariano" del que participarán Margarita Fernández, Tata Cedrón y el quinteto de Ernesto Jodos. Los tres músicos, junto con el saxofonista francés Michel Portal, aparecen en pantalla no sólo con sus opiniones; también interpretan fragmentos de piezas relacionadas, de diversas maneras, con el escritor que esta semana hubiera cumplido cien años.

Foto: LA NACION

"La música lo constituye –dice Heker en el inicio del largometraje, donde aparece la frase de Cortázar citada al comienzo–. No es una música siempre idéntica sino que se vuelve significativa. Yo creo que esa musicalidad se reconoce en buena parte de sus textos, pero en sus mejores textos acompaña la narración. Es parte de la narración y es parte del clima de lo que se está contando".

Esa interpretación (lo musical que estructura la narración cortazariana) coincide con lo que piensa Portal: el músico reconoce en la entrevista exclusiva que consiguieron Wroblewski y Vegierski que cuando leyó por primera vez "El perseguidor", el célebre cuento inspirado en Charlie Parker, le resultó difícil: "Me preguntaba: ‘¿Por qué dice esas cosas? No entiendo. Están ahí pero no las comprendo’ [...]. Es un texto lleno de respiraciones, de chispazos de genio, de pausas. Creo que por eso él se sentía atraído por la música... por el jazz en particular".

Como distingue Pablo Gianera en una de sus intervenciones en el film, algunos narradores hacen transcurrir sus historias en escenarios vinculados con la música; otros, como el autor de Un tal Lucas, "pretenden imitar con la prosa efectos musicales". Eso es, precisamente, lo que resalta Portal con fascinación: "La escritura de Cortázar tiene ritmo de jazz".

Desde que comenzaron a desarrollar el guión, la premisa de las directoras (que trabajan desde hace una década en la producción de entrevistas y edición de piezas documentales vinculadas a la literatura argentina en la Audiovideoteca de Escritores de Buenos Aires) fue encontrar algún aspecto poco explorado del autor para rendirle homenaje a treinta años de su muerte.

"El desafío fue, desde un primer momento, no caer en el típico documental biográfico; queríamos contar un Cortázar más allá de los cronopios y las rayuelas –explicaron a adncultura–. Fue así como surgió la idea de indagar su relación con la música. A partir de entonces, escuchamos a Cortázar y lo pusimos en diálogo con sus conocidos. Eso fue clave. No queríamos gente opinando sobre él; queríamos descubrirlo a través del relato de quienes habían compartido su universo. Ni sospechábamos por entonces que íbamos a hacer reportajes en París y en Lima."

Cuando la idea comenzó a tomar forma, cuando comprobaron que podía narrarse con recursos audiovisuales, le presentaron el proyecto al ministro de Cultura del gobierno porteño, Hernán Lombardi. "Fue un año de intenso trabajo de investigación y producción –cuentan–. Ubicar a Portal fue un desafío: no usa mail, computadora ni celular. Una vez que dimos con él, nuestra colaboradora en París le propuso la entrevista. Al principio se mostró renuente (tal vez por su timidez ante la cámara), pero una gran sorpresa lo convenció: no conocía el texto (‘Desde el otro lado’) que Julio había escrito para él. Se lo mandamos traducido al francés y se emocionó muchísimo, tanto como nosotras por sentirnos portadoras de un mensaje que Cortázar le enviaba a su amigo precisamente en el momento en que le rendimos este homenaje."

Portal dio el reportaje en un club de jazz parisino. Sentado junto a la barra de madera, el saxofonista habla sobre los tempos del jazz ("Para mí, es la liberación total", dice en un momento) y los compara con los ritmos de la escritura de Cortázar. "Julio escribe como un coro. No hay un orden establecido en el tempo. Es como cuando leo a Rimbaud: a mí me parece que era un músico de jazz."

Con el sonido del saxo de Portal de fondo, se escucha la voz de Cortázar en francés; un fragmento de una entrevista poco difundida en la Argentina realizada por Claude Namer en París, a fines de los años 70. "Mi estilo está basado sobre una noción de ritmo que viene del jazz. No es que provenga del jazz, es que nació en mí al mismo tiempo que el jazz. Quizá yo haya ido hacia el jazz porque ese ritmo existía en mí. Y al no ser músico, yo lo expresaba en palabras." En aquel reportaje, el escritor reconocía el problema que enfrentaba con las traducciones de sus textos: aunque las palabras tuvieran el sentido que él había buscado, en muchos casos, advertía que les faltaba beat y swing.

Además de imágenes desconocidas, otro de los hallazgos del documental son los audios inéditos que consiguieron las realizadoras. "Buscábamos más de su voz, algo que no le hubiéramos escuchado. Conocíamos Clases de Berkeley (libro editado por Alfaguara) y nos dimos cuenta de que debía existir alguna grabación de esas clases. En una de ellas habla específicamente sobre música. Rastreamos esos registros y nos pusimos en contacto con la agencia literaria de Carmen Balcells, que nos cedió los audios."

En uno de ellos, Cortázar habla de Vargas Llosa. Lo describe como un excelente escritor aunque "sordo" para la música. "Dice que no me gustaba la música. A mí no me gustaba el jazz", se defiende entre risas el autor peruano en la entrevista realizada en Lima en la que le ofrecieron escuchar el audio original. La expresión de Vargas Llosa en el instante en que Cortázar lo califica de esa manera ("Sordo a estas pulsiones musicales") es una de las perlas del film.

Cuenta Wroblewski: "Cuando conseguimos las grabaciones de las clases de Berkeley, empezamos a llamar a Mario Vargas Llosa. Fue la última entrevista que hicimos y que decidimos incluir. En uno de los mensajes copiamos el fragmento textual de lo que su amigo dice sobre él y le pedimos su respuesta para que dialogara con Julio. Fue una inmensa sorpresa enterarnos de que no conocía esas afirmaciones".

Después de escuchar las palabras de Cortázar, Vargas Llosa responde, entre sorprendido y emocionado: "Yo creo que es algo que vale para Borges, que no le gustó nunca la música y siempre lo declaró. Y sin embargo es un extraordinario prosista. Pero para él, la música sí era absolutamente fundamental y además se nota no sólo en cómo escribe sino también en lo que escribe, porque la música es siempre una presencia muy constante en sus cuentos, sus ensayos, sus artículos."

Vargas Llosa recuerda su asombro cuando Cortázar le contó que, durante el proceso de escritura de Rayuela, improvisó como si fuera un músico de jazz. "Cuando se sentaba a escribir, cada mañana, no sabía qué iba a pasar; nunca tuvo un plan de conjunto de la historia y la historia fue saliendo a medida que la escribía, siguiendo la inspiración del instante. Y a mí me maravilló porque Rayuela parece un libro tan estructurado, tan pensado, tan rigurosamente concebido... pues no lo fue."

La música es sin duda la gran estrella del film. En sucesivas escenas se puede escuchar el piano de Margarita Fernández, la voz y la guitarra de Cedrón, el saxo de Portal. El quinteto de Jodos estuvo a cargo de la banda original, grabada en una sola sesión de improvisación en un estudio de Villa Crespo. "Les propusimos que improvisaran sobre la lectura de Cortázar de un fragmento de ‘El perseguidor’. Su voz sería un sexto instrumento. Fue un momento realmente mágico", revelan las directoras, quienes destacan que el trabajo del realizador Ariel Ludin resultó fundamental para lograr la estética musical de la película. "Se sumergió en el relato cortazariano para que el jazz no influyera esta vez en un texto sino en el relato audiovisual."

Así como la música es protagonista, el subte es el escenario natural de Esto lo estoy tocando mañana. Hay filmaciones en estaciones actuales de París y de Buenos Aires, además de imágenes de archivo donde se ve a Cortázar mezclado entre los pasajeros del metro parisino. "El subte es un espacio que no sólo nos permitió representar las dos ciudades cortazarianas sino también la noción del tiempo que plantea Cortázar. Buenos Aires y París, entonces y ahora. El subte como conexión, como lugar de pasaje, y el tiempo sobre y bajo la superficie", completa Vegierski.

"El subterráneo siempre ha sido para mí un lugar de paso –había declarado el escritor–. Me basta con bajar al metro para entrar en una categoría lógica completamente diferente [...]. La sensación de que el tiempo cambia. En mi cuento ‘El perseguidor’ hay un personaje que descubre que el tiempo es completamente diferente cuando estamos en el subterráneo que en la superficie."

El jazz no es el único género musical que ejerció influencias en Cortázar. En una de las entrevistas habla de su temprana inclinación por la música francesa contemporánea y clásica, y nombra a Ravel y a Debussy entre los compositores que más escuchaba en su juventud. Luego, reconoce, se apasionó por el tango. El escritor cuenta que cuando lo descubrió, el tango no era un género "muy bien visto" en la Argentina "porque se lo consideraba vulgar". "Las palabras de los tangos me enseñaron mucho del habla del pueblo", confiesa. En el documental, Cedrón destaca la importancia del "sonido en las palabras". "En Cortázar –asegura el guitarrista– había ese tipo de búsqueda."

Una de las pianistas preferidas del escritor argentino era Margarita Fernández. Ambos coincidieron en París en los años cincuenta y allí entablaron una relación amistosa. En el documental, la instrumentista de 88 años recuerda que, después de un largo tiempo sin verlo, leyó Un tal Lucas y descubrió, con emoción, que aparecía su nombre en el capítulo "Lucas, sus pianistas".

En la larga lista cortazariana figuran, entre otros, Jelly Roll Morton y Wilhelm Backhaus, Monique Haas y Arthur Rubinstein, Bud Powell y Dinu Lipatti. Describe Cortázar: "Las desmesuradas manos de Alexander Brailovsky, las pequeñitas de Clara Haskil, esa manera de escucharse a sí misma de Margarita Fernández..."

Como subraya Gianera, la enumeración no es fortuita: "Tiene que ver con una cercanía sentimental con esos personajes. Son pianistas que, por algún motivo, le provocan ciertas evocaciones, como por ejemplo Jelly Roll Morton, que él siguió escuchando hasta el final pero que estaba muy vinculado a los primeros discos que había escuchado en Buenos Aires; o, incluso, Margarita Fernández, una pianista de formación clásica a la que Cortázar había dejado de ver durante años y de la que, sin embargo, su manera de tocar persistía en su memoria como un momento revelador que iluminó cierta manera de entender la música".

Trabajo revelador en varios sentidos, Esto lo estoy tocando mañana (bellísima frase que Cortázar pone en boca de Johnny, protagonista de "El perseguidor") construye un retrato del autor a través del relato de los entrevistados y, al mismo tiempo, funciona como un ensayo sobre su relación con la música. No sólo como melómano, también como narrador.

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