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Objetos insólitos que se conectan a Internet

Tenedores, medias, cepillos de dientes y hasta excusados ya se vinculan con smartphones y tablets por medio de la Red; la expansión alcanza al mismísimo cuerpo humano, para el que existen píldoras que transmiten información médica

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PARA LA NACION
Sábado 30 de agosto de 2014
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La alarma de un reloj inteligente despierta a nuestro conejillo de indias que, al igual que lo han hecho los hombres a lo largo de los siglos, abandona el calor de su cama y camina hasta el baño debatiéndose entre el sueño y la vigilia.

Sólo necesita hacer correr algunas aplicaciones en su Smartphone para encender las luces del pasillo y, acto seguido, configurar el funcionamiento del inodoro vinculado con su dispositivo móvil. Unos pasos más allá, el espejo refleja la imagen de un cepillo de dientes capaz de monitorear hábitos de higiene bucal y, antes del café y las tostadas, nuestro hombre se calza un par de medias que le dirán cuántos kilómetros caminará durante el día. Su cafetera y heladera, el semáforo que cruzará más tarde y su propio vehículo también disponen de algún tipo de conexión a Internet.

La escena no es precisamente una quimera futurista ni una pintura exclusiva de la ciencia ficción. Aunque todavía no sean parte de la vida cotidiana de la mayoría de nosotros, productos de esta especie ya se consiguen en algunas tiendas. Se ofrecen relojes, anteojos, joyas y demás accesorios con conectividad, y las más recientes ferias del sector mostraron automóviles y electrodomésticos que incluyen los beneficios de la Red, lo que permite a un empleado full time encender el lavarropas desde la oficina, por mencionar sólo un caso. La verdadera primicia reside en el plan más ambicioso de la conectividad: llegar a más objetos, aunque éstos no sean estrictamente tecnológicos.

Dave Evans, director tecnológico del grupo de soluciones empresariales de Cisco, dio cuenta de una instancia clave para esta evolución: el momento en que se conectaron a Internet más objetos que personas, frontera rebasada entre 2008 y 2009. Evans dice que "en todo el planeta hay cada vez más objetos con software, pantallas, antenas y sensores" y que este avance nos "impone el desafío de entender qué significa comunicarnos con las cosas".

En esta misma dirección, en un informe publicado el pasado 12 de marzo en ocasión del vigésimo quinto aniversario de la World Wide Web, la consultora Pew Research Center vaticinó que hacia el año 2025 "el intercambio de información por medio de Internet se entrelazará en la vida cotidiana con tan poco esfuerzo que será invisible, fluyendo como la electricidad". Si así fuera, lejos de que sea percibida como un atropello en la escena humana, la conectividad pura llegará para auxiliarnos en diversas tareas y fusionarse con la vida cotidiana. Veamos hacia qué blancos apuntan sus flechas Internet y la conectividad de los smartphones.

Todo en línea

Un acto sencillo como encender la luz en casa podría adoptar definitivamente el gesto de la movilidad. En Technology Review, una publicación del Instituto Tecnológico de Massachusetts, explican que "los LED son dispositivos sólidos que emiten luz de un chip semiconductor" y que por lo tanto "pueden compartir fácilmente espacio con sensores, chips inalámbricos y un pequeño ordenador, lo que permite que las lámparas se conviertan en nodos sensores conectados en red".

En estas arenas, una división de Philips ofrece en su catálogo el producto Hue, un sistema lumínico que se controla desde una aplicación instalada en un teléfono inteligente o en una tableta, y que además de encender y apagar las luces sin presionar el clásico interruptor colocado en la pared, ayuda a reducir el consumo al detectar cuando es de día o de noche; además ajusta la intensidad de la luz según la cantidad de personas que haya en la habitación.

El inodoro también comienza a recibir los beneficios de la tecnología digital, al menos en tierras japonesas. Lixil, una firma con sede en ese país asiático, introdujo en el mercado un excusado que puede controlarse íntegramente desde una herramienta instalada en un móvil, al vincularse con el dispositivo vía Bluetooth. De la mano de My Satis, aplicación disponible en la tienda para equipos Android, el usuario puede ajustar la temperatura del asiento, grabar sus preferencias, activar el bidet, reproducir música (sí, cuenta con parlantes propios) e incluso tirar de la cadena desde la pantalla táctil. Cadena que, desde luego, ya no existe.

Otro integrante del baño que recibe los encantos de la conectividad es el cepillo de dientes. Firmas como Procter & Gamble y la francesa Kolibree mostraron este tipo de implementos en la última edición del Congreso Mundial de Móviles, que se celebró en Barcelona a fines de febrero. En vínculo con el smartphone, éstos permiten registrar los hábitos de cepillado y entregan consejos para mejorar los rituales de higiene bucal. Además cuentan con sensores que detectan cuáles son las áreas menos cepilladas para que en base a este monitoreo el usuario pueda remediar el descuido.

Vestimenta inteligente

La ropa conectada también se sube a esta ola. En las vastísimas góndolas del mercado se consiguen remeras que se vinculan con un Smartphone para entregar al usuario métricas relativas principalmente a la práctica deportiva.

Además de camisetas, la firma Sensoria incluye en su catálogo las medias más tecnológicas de las que se tenga noticia. Cuentan con sensores para monitorear la cantidad de pasos, velocidad, calorías, distancia recorrida e incluso ayudan a mejorar la pisada mediante una aplicación que entrega consejos en tiempo real y que promete reducir la posibilidad de sufrir lesiones.

Existe también Vessyl, un vaso que reconoce el tipo de líquido que se sirve en su interior y que interactúa con una app móvil.

En este particular inventario aparece además un tenedor que sabe a ciencia cierta el número de calorías ingeridas. Desarrollado por la startup francesa Slowcontrol, el utensilio vibra cuando el comensal ha rebasado un límite definido previamente en un software que trabaja junto al dispositivo y puede correr en versión móvil o desde una computadora de escritorio. Este tenedor, que incluye un puerto USB, batería de iones de litio y un microprocesador similar al que equipan a los móviles, ha logrado hacer pie en el mercado, una suerte que no gozan todas las propuestas de este segmento.

Hace menos de un año se presentó en la comunidad de financiamiento colectivo Kickstarter, una botella conectada que prometía llevar un control del líquido consumido. Sólo recaudó 7000 de los 95.000 dólares requeridos para iniciar la producción comercial. Una muestra de que el afán por expandir la conectividad no siempre entrega sus frutos.

La red interior

Sin más accesorios que su propio organismo, el ser humano también podría convertirse en un emisor de información. En 2012, la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos contempló la venta de píldoras especiales que incluyen un sensor de apenas 1 milímetro capaces de interactuar con dispositivos móviles, permitiendo a profesionales de la salud acceder a un registro certero de los hábitos de sus pacientes.

La comunicación establecida desde las oscuras entrañas del cuerpo no es, precisamente, un asunto exclusivo de la imaginería ficcional. Según Evans, en la actualidad existen cerca de 25.000 millones de objetos conectados, cifra que se duplicará hacia 2020. Entregados a la evidencia, la conexión no se contentará en alcanzar todos los objetos que le sea posible. El ser humano, todo parece indicar, también aparece entre sus ambiciones.

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