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Encontrar la verdad para alcanzar la reconciliación

Las reuniones entre protagonistas de la lucha de los años 70 de uno y otro bando son un valioso aporte hacia una visión integral de nuestro trágico pasado

Martes 02 de septiembre de 2014
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Con el título "Dar la cara. Testimonios de una década que necesita sanar", se reunieron en un mismo escenario, en el Colegio Marín de San Isidro, militares y ex montoneros que se enfrentaron en los tristes años de la década del 70. La propuesta, de acuerdo con lo expresado por sus organizadores, apuntó a ofrecer a los más jóvenes la posibilidad de escuchar la verdad de lo acontecido de la propia boca de sus protagonistas, valioso aporte que prometen repetir en otros lugares del país.

Se presentaron y respondieron preguntas el coronel retirado Enrique Alsina; el ex integrante de la organización guerrillera Montoneros Luis Labraña; el ex soldado conscripto Rogelio Mazzacote, herido cuando defendía el cuartel formoseño atacado por los montoneros en 1975; el ex integrante del Poder Judicial Julio Ojea Quintana, hermano de dos desaparecidos que integraban la mencionada organización guerrillera, y José Sacheri, hijo de un filósofo católico asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1974.

El enfoque de los hechos reflejó sinceridad, palabras justas y la ausencia de los falaces merodeos distorsivos a los que nos ha acostumbrado el relato oficial para crear una visión parcial y asimétrica. El desencanto de cada uno frente a los roles asumidos en el pasado en aquella lamentable lucha fratricida fue la nota unificadora entre los protagonistas. Se expresó también la desazón por haber abrazado compromisos que, vistos hoy a la distancia, en nada contribuyeron a mejorar la sociedad en la que vivimos.

Transportados al contexto de la época en la que acontecieron los hechos, se apreció en el encuentro cómo los intereses y conflictos internacionales se vistieron de ideales que suponían perseguir causas consideradas justas por sus protagonistas. La justificación de la violencia hasta límites aberrantes, y por encima de las instituciones de la república, llevaron y caracterizaron los procedimientos extremos que primeramente de un bando y luego como respuesta del otro signaron el enfrentamiento.

Se escuchó a jóvenes del público preguntar con avidez para conocer mejor la historia y las razones de situaciones que un relato incompleto impide siquiera comprender cómo se llegó a aquellas situaciones. El rico intercambio de ideas y opiniones permitió analizar aquel conflicto en el que los procedimientos adoptados por ambos bandos se confundieron, aun cuando la función de unos fuera, precisamente, controlar y evitar la expansión de la violencia. Desde el estrado se planteó la diferencia entre el dolor de quienes no supieron qué había sucedido con un ser querido, frente a la resignación experimentada por quienes tenían la certeza de la muerte dramáticamente acaecida en la puerta de su casa.

En este marco de reflexión y encuentro, se abordó también el tema de la visión interesadamente deformada del actual Gobierno y su aceptación pasiva por gran parte del espectro político e intelectual, temeroso de caer en descalificaciones con costo político. Un ejemplo fueron las compensaciones económicas concedidas sólo a una facción, mientras se excluyó a quienes murieron o resultaron heridos en defensa de lo que el Estado legalmente les había encomendado custodiar. Tal el caso presentado por el conscripto formoseño, testigo presencial de la matanza de sus compañeros, que no tuvieron igual tratamiento y permanecen en el olvido.

Mirar hacia el pasado exclusivamente desde la óptica oportunista de un relato distorsionado, como el que hoy impera, sólo conduce a nuevos desencuentros y al aumento de los odios, rencores y divisiones que debiéramos aprender a superar. El reconocimiento de toda la verdad es condición para el perdón y la reconciliación. Hoy, en el marco de los procesos judiciales, sólo una de las partes puede contar con sinceridad lo vivido sin que ello le depare graves consecuencias legales. Para la otra parte, nada ha prescripto y los procesos continúan iniciándose, en muchos casos, sobre falaces argumentos y con pruebas armadas. Si aplicar una ley penal de manera retroactiva viola un principio esencial de la justicia, como valientemente lo sostuvo la fallecida integrante de la Corte Suprema Carmen Argibay, mucho más lo es que se la aplique arbitraria y discrecionalmente, basándose en conveniencias e ideología sectarias y recurriendo a una doctrina de imprescriptibilidad para un solo bando.

La violación de los derechos humanos en la lucha antisubversiva debe ser analizada en el marco de un enfrentamiento militar llevado a su extremo por prácticas terroristas y fuerzas irregulares. Un profundo análisis histórico resulta esencial. Por eso la iniciativa que comentamos merece aplaudirse. Debería extenderse a ámbitos diversos como parroquias, clubes y entidades educativas, entre otras.

En nombre de una política de derechos humanos no se puede alentar el odio o la venganza con visiones parcializadas. La memoria, como registro de un doloroso pasado de enfrentamientos, debe cultivarse de forma integral y veraz, y la ecuanimidad, condición sine qua non de la verdadera justicia, debe estar al servicio de la unión nacional y la reconciliación, lejos de mezquinos intereses facciosos que sólo nos dividen como nación.

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