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Femicidios: más muertes silenciosas

Viernes 05 de septiembre de 2014
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La violencia está en el aire y el ciudadano común registra su preocupante carga en más de una situación. Un relevamiento de las noticias sobre violencia aparecidas en cualquier medio de la Argentina en los últimos meses confirma esta percepción y arroja datos sumamente alarmantes: las disputas entre vecinos se multiplican, se extienden a las escuelas, los clubes, la calle y hasta los hogares. Las peleas pueden comenzar con algo tan simple como un intercambio de opiniones que puede disparar insultos, dar lugar luego a agresiones físicas y, en muchos casos, acabar en tragedia.

En este contexto de agresividad tan exacerbada, la violencia de género es una de las que más víctimas continúa sumando. Cada vez más los agresores hacen de los hijos comunes o ajenos el blanco perfecto en su afán por violentar así también a la mujer. En 2013, la ONG La Casa del Encuentro registraba que una mujer moría cada 35 horas en la Argentina por violencia de género y que en los últimos cinco años hubo 1236 femicidios registrados en el país. En marzo de este año, la misma organización informó que el tiempo que media entre una muerte y otra se redujo a 30 horas: en 2013 hubo 295 femicidios en todo el país. Adicionalmente, se cometieron 39 homicidios "vinculados" de hombres y niños, en los que en la mayoría de los casos murieron los hijos de las mujeres a las que el agresor quería lastimar.

No se trata de repetir datos estadísticos. Se trata de ver qué ocurre con esta violencia solapada, cuya existencia cuesta tanto reconocer y prevenir debidamente, porque muchas veces está socialmente aceptada. Muchas de las muertes habían sido "anunciadas": muchas ocurrieron tras innumerables denuncias de las víctimas sobre repetidos maltratos e, incluso, cuando éstas ya habían logrado judicialmente una orden de exclusión para sus agresores. El último informe de La Casa del Encuentro resaltaba el hecho de que 186 homicidios de género fueron perpetrados por parejas o ex parejas de las mujeres, que 158 murieron en sus hogares y que once de ellas estaban embarazadas.

Del enorme número de muertes por violencia de género sólo se conocen las que llegan a los medios. Aun en dichos casos su presencia en los primeros planos sólo durará unos días. En algunos pocos, la expectativa se mantuvo, como en el caso de Wanda Taddei, hasta el juicio y porque su agresor era Eduardo Vázquez, el músico de Callejeros. Lamentablemente, la gran mayoría ocurre en el más absoluto silencio, ante la pasiva mirada de una sociedad que apenas comienza a darle la trascendencia que el tema tiene, más allá de la confección de estadísticas que carecen de nombres propios y olvidan que encierran historias de vidas concretas.

La violencia de género, que además se extiende a los niños, víctimas aún más inocentes de este grave mal social, es un problema de todos y así debemos asumirlo. Hay ámbitos específicos en los que trabajar para atender su erradicación con el apoyo de más y mejor legislación. Un paso importantísimo en esta lucha fue el que dio la Corte Suprema de Justicia de la Nación, cuando creó, en 2008, la Oficina de Violencia Doméstica, a instancias de las doctoras Elena Highton de Nolasco y Carmen Argibay, que atiende durante las 24 horas, todo el año, en esta ciudad.

Es necesario instalar el tema en la agenda pública y abrir espacios de conversación y abordaje de una cruel realidad que no puede ocultarse tanto en los hogares como en las escuelas, los medios de comunicación y los lugares de trabajo. El respeto a la vida propia y ajena debe ser un pilar insustituible para la construcción de una sociedad coherente, con futuro y que apunte al bien común.

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