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A seis años del crimen de la joven catamarqueña que conmovió al país

Nadie oyó gritar a María Soledad Morales

Información general

Aniversario: se cumplen 2190 días de la madrugada en que la joven estudiante fue vista con vida por última vez; una historia de muerte y de pasiones políticas que aún hoy sigue envuelta en sombras.

Por   | LA NACION

Cuando el 10 de septiembre de 1990 tres obreros de Vialidad encontraron el cuerpo mutilado hasta el hartazgo de María Soledad Morales, no se imaginaron que eran los artífices de una historia siniestra que aún no termina. Esos obreros tienen nombres, pero nadie los recuerda. Y no por capricho. Simplemente porque son los personajes más limpios, menos involucrados, casi ausentes de la saga que terminó con una forma de ser catamarqueño: la del miedo, la de la impunidad, la del no te metás.

María Soledad, o Sole, como la llamaban sus amigas, fue asesinada, en la madrugada del 7 al 8 de septiembre en circunstancias que aún se ignoran.

Se habló de una fiesta negra, de droga que corría como el agua, de personajes del poder directamente involucrados y de un encubrimiento feroz por parte de la clase política que cayó herida de muerte para no poder volver a levantarse. Al menos no como antes. Al menos por ahora.

Fue de madrugada. María Soledad había organizado, junto a varias compañeras, una fiesta del colegio del Carmen y San José en la boite Le F eu Rouge en la que se elegía a la Reina de la Primavera.

Ella esperaba esa noche, como tantas otras veces, que su amante, Luis Tula, la pasara a buscar a la salida. Sole sabía que "el flaco", tal como se lo conocía en San Fernando del Valle, era un hombre casado, en secreto, con una chica de la sociedad catamarqueña: su archirrival Ruth Salazar.

Pero lo quería. En sus elementales versos escritos en la humilde vivienda de Valle Viejo, María Soledad daba cuenta de ese amor que parecía secarle el alma.

Por eso, la noche fatídica, ella aguardó un largo rato en la parada de colectivos de la calle Maipú a que Tula la pasara a buscar.

Lo había visto minutos antes. habían hablado, pero él prefirió irse en su auto sin dar muchas explicaciones.

Soledad se despidió de Alejandra Olivera y el novio, y quedó sola, parada en la calle Maipú, cerca de las 3 de la madrugada. Nunca se supo qué le pasó a la adolescente hasta que fue encontrada el lunes 10, en un chiquero cercano a su casa.

Los cerdos ya habían mordido parte de su cuerpo. Quienes la habían arrojado allí ya empezaban a gozar de la impunidad que tienen hasta hoy.

Hubo testigos que vieron pasar a Tula por la parada del colectivo de la calle Maipú más o menos a la hora en que Sole esperaba en ese lugar.

Hubo testigos que dijeron tantas cosas. Pero nadie pudo afirmar que la vio subir a su auto. Nadie, hasta el día de hoy, pasados seis años, puede afirmar nada. Salvo que María Soledad fue muerta y mutilada.

Los asesinos

Pero para los primeros investigadores, la suerte estaba echada. La policía sostuvo, con criterio tal vez torpe, que el asesino había sido el último que vio con vida a la víctima. Por eso el mismo lunes, Tula fue detenido.

Un día antes, la misma policía había allanado el boliche Clivus en busca de pruebas. Por entonces ya los rumores eran incesantes: María Soledad había sido vista en ese lugar bailable mucho después de las cuatro de la madrugada y acompañada por alguien.

Durante la investigación, ese "alguien" fue alternativamente Luis Tula o Guillermo Luque. Ellos juran que no se conocen. El hijo del ex diputado purgó durante un tiempo la culpa de ser el hijo del poder (¿o el asesino?) en una cárcel catamarqueña,en la que tomaba sol en una reposera.

Tula, sindicado por algunos de los investigadores como el "entregador" de Sole a quienes terminaron asesinándola, terminó divorciado de la llamativa Ruth Salazar.

Los mellizos Jalil y Arnoldito Saadi, tres hijos del poder y sospechosos del crimen, nunca estuvieron detenidos: sólo fueron indagados por la larga sucesión de jueces que indefectiblemente renunciaron a seguir con semejante bomba de tiempo en las manos.

Y la bomba estalló. Estalló en las manos de Ramón Saadi cuando fue intervenida la provincia por orden de su amigo, el presidente Carlos Menem.

Estalló porque ese gobierno no podía soportar una marcha de silencio más. Estalló porque el estoicismo y los pequeños pasitos de la hermana Martha Pelloni cada jueves hasta la Catedral, venció los años de amiguismo político, de impunidad a la sombra del poder.

Estalló porque el cadáver de María Soledad era demasiado para ese pueblo chico. Estaba espantosamente mutilado y, como dijeron sus propias amigas, "nos podría haber pasado a cualquiera" y reaccionaron, en silencio, caminando por la ciudad y denunciando los abusos de poder por parte de gobierno de turno.

A seis años de la muerte de Sole, su memoria no descansa en paz. El monumento que le levantaron a metros del lugar donde fue encontrada hace milagros entre los catamarqueños. Las doñas del lugar juran que "si le rezás, la santita te concede lo que quieras".

En tanto, todo un pueblo pide justicia y nadie olvidará jamás la noche del 7 al 8 de septiembre de 1990 cuando María Soledad Morales desapareció de la vida de la ciudad para convertirse en un mito.

El espíritu de Sole está en cada rincón de la casa

SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De un enviado especial).- "A los que mataron a mi hija les tengo lástima, siento pena por ellos porque siempre y por el resto de sus vidas van a cargar con una cruz en sus conciencias que no los dejará vivir en paz", dijo Ada Rizzardo de Morales, la mamá de María Soledad, con lágrimas en los ojos momentos después de visitar, como desde hace seis años, la bóveda familiar donde descansan los restos de su hija, asesinada el 8 de septiembre de 1990.

Pasaron seis años y el crimen sigue impune, sin condena; tal vez por esa razón todavía quedan muchas heridas abiertas, mucho dolor y mucha angustia que, por momentos, en las palabras de Ada y Elías Morales provocan que se pase constantemente del pasado al presente.

"Parece que fue ayer cuando la despedí. Todavía me acuerdo de su imagen, con el pelo largo, con su jean y una polera negra. Le habíamos dado permiso para que se quedara a dormir en la casa de una compañera, Marisa Tula, que nada tiene que ver con Luis Tula, después del baile en Le Feu Rouge, porque las chicas organizaron la fiesta para pagarles el viaje de egresadas a cinco alumnas que no podían costearse los gastos. Entre ellas estaba Sole", expresó Ada.

"El otro día me encontré los recibos de pago de aquel viaje mientras acomodaba sus cosas y no aguanté, me puse a llorar toda la noche", señaló la madre de María Soledad, que hoy tiene 47 años y debe realizar un estricto régimen de comidas antes de someterse a una delicada operación en San Miguel de Tucumán.

Ada Rizzardo, docente de profesión, ahora vive dedicada a sus seis hijos y sus dos nietos, Agustín, de cuatro años, y Gabriel, de ocho meses. "Ellos son mi luz y mi alegría estos días", dice, y vuelve a recordar:"Todo el fin de semana habían estado buscando a Sole, pero el lunes 10 de septiembre, a las 10 de la mañana, salí a la puerta de casa porque fui a recibir a unos alumnos que venían para que les diera clase.

"Al mismo tiempo, llegó un patrullero y un policía me avisó que encontraron el cuerpo de una chica junto al puente del río del Valle. Me hicieron sentir muy mal, como si fuera la culpable de lo que pasó. Entonces me ordenaron, de mala manera, que fuera a la morgue a reconocer el cuerpo de mi hija." Casi seis años después se ventilaron todos y cada uno de esos momentos. En la audiencia oral y pública que se interrumpió el 1° de abril último más de cien testigos dieron su versión de cómo fueron los últimos minutos de vida de María Soledad y los revivieron.

"En su momento, cuando terminó el juicio, le dije a Elías que no podía más. Habíamos esperado tanto tiempo para que se hiciera justicia, que una vez más nos engañaron, como lo hicieron durante estos seis años. En este tiempo nos mintieron, buscaron de todas formas condenar a las víctimas y a sus familiares, pero no a los asesinos", expresó Ada, que hace cuatro meses tuvo que recibir la ayuda de una psicóloga y de un sacerdote para salir de un profundo estado depresivo.

Hay nuevas pruebas

A su lado, Elías afirmó que desde que se suspendió el juicio estuvo buscando pruebas y que consiguió muchos elementos que comprometen a los acusados: Guillermo Luque y Luis Tula. "No me voy a quedar quieto ya que los que tenían que investigar no lo hicieron. Seguiré juntando pruebas que nadie podrá replicar. Pero no voy a adelantar nada, sino hasta el momento de la nueva audiencia", explicó el padre de María Soledad.

Elías Morales también ratificó su convicción de la culpabilidad de los dos sospechosos: "Guillermo Luque fue uno de los asesinos, Arnoldo Saadi y uno de los mellizos Jalil participaron en el crimen. Además, pienso que Luis Tula y Ruth Salazar tuvieron mucho que ver. Si esto fuera poco, contaron con la complicidad del clan Saadi y del gobierno de Carlos Menem que pusieron su granito de arena para que el crimen nunca se investigara."

Homenaje a los seis años

El jueves, María Soledad cumpliría 24 años. Hoy, a partir de las 20, en la parroquia de Santa Rosa de Lima, el padre Oscar Tapia celebrará una misa. Pasado mañana, en el monolito que se levanta en el lugar donde encontraron el cuerpo de la estudiante, se plantarán seis árboles, uno por cada año que pasó desde el asesinato. "Siempre quisieron ensuciarnos y confundir a la gente, mezclar el asesinato de mi hija con la política, pero yo a ellos les digo que Ada Morales no es política, que es una ciudadana común que clama por justicia, por la justicia de los hombres", dice emocionada Ada.

Antes de irse del cementerio, la madre de Sole se refirió al nuevo juicio: "No voy a claudicar, no me van a vencer, no les tengo miedo. Hoy más que nunca creo que se hará justicia porque hay todo un país que lo exige. Me lo dice el espíritu de Sole, que está en cada rincón de mi casa cuando me pide "Mamá, no bajes los brazos". .

Gustavo Carabajal
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